De Confucio a la retirada de Simon Yates
Sí, hay un camino entre Confucio y la sorprendente retirada de Simon Yates. Entre la multitud de frases que el gran filósofo nos dejó, se le asigna una que señalaba a los necios que miraban al dedo en lugar de a la luna. Posteriormente Amélie hizo viajar de China a París una versión del dicho para instalarlo en una generación entera.
Simon Yates, campeón del Giro de Italia en ejercicio, deja el ciclismo. Y lo hace así, de forma repentina, con la temporada a punto de arrancar y a través de una carta compartida por Visma en redes sociales. La misma divaga sobre agradecimientos varios como si de la recogida de un Oscar se tratara y al mismo tiempo esquiva justificaciones de tan repentina y sorprendente decisión.
A partir de ahí, y como es difícil ponerle puertas a la imaginación y freno a la memoria, las reacciones no se han hecho esperar. Muchos aluden al Ockham más puro. Es decir, a que si no se ha ofrecido una explicación mínima es que hay sombras que esconder. Otros piden que la prudencia conduzca, si bien el ciclismo ha hecho accidentar la confianza de muchos con casos como el de Lazkano, donde se prolongó el misterio y la especulación para finalmente caer en el saco de dar la razón a los conspiranoicos.
Tras dejarlo reposar durante unos días, opino que la culpa no es del dedo, sino de la luna. No busquen un caso similar en la historia del ciclismo porque no lo hay. Ni siquiera el tachado Lance Armstrong, el único campeón de gran vuelta que dejó el ciclismo tras subir el listón de victorias en el Tour de Francia a siete. El estadounidense lo anunció con tiempo e incluso saboreó la despedida de los Campos Elíseos. Induráin esperó a un 2 de enero, pero el ciclismo de 1997 aún dejaba margen hasta ir cogiendo calor en el mes de febrero.
Yates anuncia su retirada en enero, después de las concentraciones de principio de temporada y con el calendario empezando a vislumbrar las primeras carreras. Es un movimiento, cuanto menos, extraño, inusual, inédito. Por tanto, o bien se trata de una decisión repentina y unilateral por parte del ciclista o implica que alguna pieza ha debido moverse en el seno del equipo durante estas últimas semanas. Revelador es que el propio Visma haya utilizado la imagen del corredor en diversas publicaciones, con normalidad. Por lo tanto, todo apunta a que también a ellos les ha cogido de improviso.
Algún portal apunta a que el británico sufrió una caída en diciembre y que aún tiene el miedo en el cuerpo. A saber. Otros tiran de clickbait para no decir nada porque no se sabe nada. Como diría Taylor Swift en su megahit Shake It Off, ‘los jugadores van a jugar, los odiadores van a odiar’, la vida sigue igual. Pero la responsabilidad y, en este caso, también la culpa recaen sobre Visma y el ciclista, que han alimentado un torrente de opinión de forma absolutamente innecesaria.
Si no hay un motivo más allá de los (no) expuestos en la carta de despedida de Simon, que también podría ser, deben reconocer al menos que ni el timing ni la forma han sido acertados. Seguimos en el deporte de Armstrong, en el de Landis, y en el de tantas y tantas decepciones encadenadas. Una explicación verosímil, aunque no fuese cierta, hubiese valido para reducir el ruido y ayudar a centrar el foco en el aplauso a la trayectoria del corredor y no en la sospecha.
El ciclismo no es el fútbol o la política, donde el periodismo sí mezcla líneas con la investigación privada. Vamos, que va a colar. Es más, el también ciclista Luis Enrique dejó el banquillo de la Selección de forma repentina sin ofrecer demasiadas especificaciones (públicas hoy). Esperemos que, sea cual sea la razón que esté detrás, se parezca en nada a la del técnico asturiano.
Tenemos casos recientes en el propio Visma donde el hartazgo ha acabado llevándose el gato al agua, con Dumoulin describiendo en un libro qué se le pasó por la cabeza para dejarlo. Eli Iserbyt también ha anunciado en este intenso tiempo que cuelga la bicicleta, pero de manera más lógica y explicando por qué con 28 años toma una decisión semejante. Simon Yates renuncia a un contrato que se cree que alcanza los 2 millones de euros, que en estos temas tampoco hay excesiva transparencia.
Algunas de las especulaciones más creativas tienen su gracia. Una de ellas consiste en pensar que el motivo real de la retirada es alternar los pedales con su hermano Adam en UAE. O con Pablo Casado, al que Yates se da un aire. Contador ya admitió en su día que era incapaz de distinguirles, y un servidor reconoce haber entrevistado a uno pensando que era el otro.
Puestos a conspirar, otros cogen más carretera y relacionan la retirada de Yates a la extraña actitud de Del Toro durante la subida a Finestre en el pasado Giro, como si la pelea por el rosa ignorase al británico. El mexicano levantó el brazo en meta casi como si hubiese ganado él la carrera, todo sea dicho.
Veremos si en los próximos tiempos hay más luz que arrojar sobre este caso. Se hace raro pensar que un ciclista deje de forma definitiva el deporte por el que tanto ha sacrificado y que no haya una poderosa razón detrás. Imagino que habrá carretera de vuelta en caso de arrepentirse de tan sopesada decisión, porque sino, como diría también Confucio, ‘la persistencia en el error conduciría a un error mayor’. El tiempo, como siempre, dirá. O no, como diría aquél.
Foto © Sprint Cycling Agency

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