Team Movistar 2026: el desafío Uijtdebroeks
El fichaje de Cian Uijtdebroeks por Movistar ha sido, sin lugar a dudas, uno de los anuncios del otoño. El belga cruzó ese portal imaginario que existe entre los telefónicos y Visma, a través del cual intercambian prisioneros de año en año. Irónicamente, la cuesta de enero es plana para los ciclistas, ya inmersos en los ilusionantes cambios de pieles y el olor a nuevo procedente de sus recién estrenados programas.
Todo son buenas intenciones y mejores palabras. Las mismas que tuvieron lugar tras la incorporación de Miguel Ángel López al seno del equipo de Valverde, enemigo declarado desde la Vuelta 2019. Aquello acabó en otra cuesta, camino de Mos, con el colombiano subido en un coche que se dirigía al rosario de la aurora, negándose en rotundo a finalizar la carrera. «Yo me quedo aquí», una frase que reza y rezará en los anales del ciclismo.
Por el momento, todo son balsas de aceite tras la llegada de «blobloblo» (Enric Mas dixit). La experiencia es un grado y prevenir es mejor que curar, por lo que han querido evitar el tropiezo con la misma piedra separando los objetivos de los grandes líderes. Antaño, los más célebres corredores de la plantilla compartían alineación, como si un equipo de fútbol sacase al campo a la vez a Halland, Lewandoski y Kane, garantizando cuanto menos la confusión o que alguno acabe rematando la cabeza del otro. De eso viven los malentendidos.
Uijtdebroeks asumirá como jefe el Tour, en el que debuta. Enric Mas, por su parte, esquiva Francia por primera vez, que ya le estaba empezando a atragantar, y prueba fortuna con el Giro y el mes de mayo. Terrenos por escrutar, inéditos, que pueden acabar en arenas movedizas, quién sabe. Táctica muy diferente en un Movistar que acostumbraba a lo opuesto, con el ejemplo de Valverde, Quintana y Landa compartiendo dorsal para prosperar en el Tour de Francia, aunque aún se desconoce con quién ni para quién. Ni para qué.
Aquello terminó con la famosa pose de unos limpiándole las botas a otros. Dos de ellos, a quienes se sumó Carapaz, dejaron la estructura al finalizar la temporada. La moraleja quedó grabada a fuego: pese a la insistencia, la coincidencia de líderes nunca resultó. Ahora se les separa y, degustados los antecedentes, parece una decisión sensata. Uijtdebroeks firma por cuatro temporadas, por lo que parece que la apuesta es sólida. Eso sí, que nadie se olvide las abruptas salidas del ciclista de Bora y Visma. Y dicen que no hay dos sin tres, conste.
Cian es un ciclista magnífico que eleva el nivel medio de cualquier escuadra. También es una persona rodeada de un entorno extremadamente ambicioso y precipitado. El equipo cuyos colores acaba de estrenar se caracteriza en ocasiones por todo lo contrario, por asegurar la utilidad de cada pedalada. Por ello, el primer reto de ambos será comprobar quién ganará el pulso, si el continente podrá con el contenido o viceversa.
A Movistar, Cian le viene de perlas. Les mejora, tiene cierto gancho mediático y permite desencasillar a Enric, atrapado entre el amasijo de complejos y obsesiones que forman su carrocería telefónica. En lo estratégico es una dupla que puede funcionar. Es el primer belga de nivel que se recuerda en las filas azulonas, más acostumbradas a estar lideradas por ciclistas hispanohablantes (¿podemos incluir ahí a Zulle?). El giro de los acontecimientos facilitado por el mercado supone riesgos, cómo no, por la diferencia de caracteres antes indicada. Pero se trata de una relación condenada a funcionar, por el bien de ambas partes.
Los grandes presupuestos no dejan escapar el talento y hacerse con el ciclista de Abolens ha sido una de las pocas jugadas maestras que tenían al alcance, si bien el doble filo puede acabar haciendo caer la circunstancia por uno de los lados del tejado. Qué bien que algunos hayan sido valientes y qué bien que Uijtdebroeks haya recogido el guante. Es un matrimonio de conveniencia en el que ambos se vienen bien. El ciclista tiene la necesidad de echar raíces, una cabeza de ratón que le dé las oportunidades que Bora y Visma le negaron.
Operación no vacía de riesgos, puesto que las excusas de niño incomprendido no van a colar después de tanto cambio de aires. Las grandes vueltas serán el objetivo, el coto de caza predilecto, el otro extremo del catalejo. Para llegar hasta esa orilla, Uijtdebroeks coincidirá a lo largo de la temporada con muchos de sus teóricos rivales en julio. Quintana está en retirada, Mas distraído con el Giro, Rubio no acaba de aparecer, Romeo sueña con otros mundos.
Por tanto, el equipo parece haber hecho su parte. La llegada del ex ciclista del Visma no podía tener mejor timing. Se produce al comienzo del trienio, concepto básico, además, para comprender el universo Movistar. Por tanto, tendrá su espacio. Medirá fuerzas en Valencia, París-Niza, Itzulia, Ardenas (incluido el veto clásico en el equipo a la Amstel) y Rhône Alpes.
Entre tanto, ojo, sobre todo, a cómo gestione los nervios el entorno de la criatura. Si se amolda al bloque y aparca los egos para que no hagan cortocircuito con la visión a largo plazo, el ciclismo del belga puede funcionar. Es más, solo ha terminado una grande de las tres en las que ha tomado la salida. Sí, fue octavo en el debut, pero en 2023. Desde entonces no sabe lo que es terminar tres semanas de competición, dato que no puede pasar desapercibido. Por tanto, la perspectiva y la humildad deberían ser compañeros de viaje, al menos en este primer impasse del romance.
Foto © Movistar
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Que onda
Pienso que va a funcionar muy bien en Movistar porque es un grandioso corredor. Va como anillo al dedo al equipo y porque necesitaban un corredor así para mejorar la plantilla. Me da miedo el grupo por el historial de Cyan. Saludos