Málaga, puerto del León o La Reina, depende de a quién preguntes lo llamará de una forma o de otra. Jonas Vingegaard sufre una caída por forzar la máquina de más en un entrenamiento en el que era perseguido móvil en mano por un ciclista en la distancia. Un ciclista que también estaba entrenando y que grabó e hizo pública parte de la escena. Visma confirma los hechos a la mañana siguiente y pide a los «fans en bicicleta» que den «la mayor paz y espacio posible a los ciclistas».
Si analizamos el video de marras, se puede ver al danés circular por la carretera varias decenas de metros por delante de la cámara. Desde mi punto de vista, esto es lo más criticable del asunto: el uso del teléfono en marcha. Por lo demás, no es una escena tan poco común, con un ciclista sobremotivado por tener delante a uno de sus ídolos. Rodar con la plebe podría ser un punto a favor de su carisma. Pero ahora la foto es la que es, la de un campeón por los suelos por una escena que podría haber resuelto con un mayor punto de gracia.
Porque tanto derecho tiene uno como otro de utilizar la vía. Porque no se trata de una carretera cortada al tráfico de cara a una competición. Es una mañana cualquiera en un lugar cualquiera. Si el ciclista quiere disfrutar de un entrenamiento sin moscones sobre ruedas ni flashes, bien podría haber tomado medidas preventivas, como ir acompañado del coche del equipo, más aún siendo el gran líder del todopoderoso Visma, o elegir una ruta menos concurrida. La desaparición del anonimato es uno de los precios de la fama.
Dicho lo cual, no se trata de perseguir a nadie ni estorbar en el camino de un ciclista que está trabajando. Como con los coches, se trata de convivir sabiendo el lugar de cada cual. Estamos todos condenados a entendernos, como en la Costa Blanca, donde las gentes de la zona ha empezado a visibilizar enfado por tal acumulación de ciclistas profesionales que apenas permiten a los cicloturistas autóctonos ni a los coches disfrutar de esa paz y espacio que reclaman ahora para Vingegaard.
Tampoco fue buena idea jugarse el bigote bajando por parte del dos veces campeón del Tour de Francia. Es más, ha puesto en riesgo su preparación para el Giro de Italia, para el que no queda tanto como para afrontar una recuperación importante. No merecía la pena. Tampoco reaccionar de la forma en la que parece que reaccionó ante quienes le ofrecieron humildemente su ayuda tras el incidente. Son gestos que contrastan con la felicidad andante que es Pogacar y lo bien que disfruta esos pequeños baños de masas.
En definitiva, un asunto que bien podría haberse gestionado de mejor forma, donde la imagen de Vingegaard y Visma no hayan acabado por aproximarse en demasía a lo altivo. Las carreteras son de todos y quién no se pica encima de una bicicleta. Intentar poner puertas al campo y controlar también aspectos que exceden de su propio control son dos ideas condenadas al fracaso. Lo importante es que, opinión hacia un lado y hacia otro, el ciclista danés se encuentre en perfectas condiciones tras la caída.
La carretera es de todos. No me gusta que los profesionales se crean los reyes del mambo porque no lo son. Los impuestos los pagaba el hombre de la cámara así que si quiere una carretera para el solo que se vaya donde pague los impuestos y se la pida
La carretera es de todos. No me gusta que los profesionales se crean los reyes del mambo porque no lo son. Los impuestos los pagaba el hombre de la cámara así que si quiere una carretera para el solo que se vaya donde pague los impuestos y se la pida
Bien explicado Jorge. Jonas la carretera no es vuestra