El pecado de llamarse Unibet Rose Rockets
Nada es casualidad, dicen. Durante todo el invierno ciclista, el Unibet Rose Rockets ha trabajado duro en levantar cierta simpatía entre los aficionados. Quizá sea por el color del maillot, evocando a la tan preciada y añorada maglia rosa. Tal vez se deba al buen trabajo que realizan en redes sociales, donde el humor y el desenfado son las piezas fundamentales de la comunicación (Let’s Rocket). Puede que sea el autobús tan molón que gastan o que ha dado fruto por fin el intenso trabajo de Bas Tietema, ex ciclista y, como se dice ahora, creador de contenido.
Todo en conjunto forma un rara avis, casi por defecto de los demás, que nos tienen acostumbrados a que el espectro ciclista se venda en torno a fríos vatios y aburridas y poco mediáticas rutinas. Un soplo de aire fresco que, como todos los aficionados 24/7 sabrán, se ha quedado fuera del Tour 2026. Ni siquiera la bandera de su licencia ha podido hacer que la candidatura de los Rockets haya podido, entre otras, con la del Caja-Rural español, lo que ha generado ruido en el país galo debido a una decisión contraria a lo que el Tour, con fama histórica de relativo chauvinismo, acostumbraba a hacer.

Las justificaciones por parte de Christian Prudhomme no se hicieron esperar: «hemos procurado guiarnos por el ranking de equipos y Caja-Rural era el mejor situado». Cuestión cierta. Después aludió a la bandera francesa del conjunto rosa y señaló que la base del equipo reside en Países Bajos, otra cuestión en la que el mandamás galo vuelve a no mentir. Les delata que el 75% del staff también pertenezca al país de los tulipanes. También que durante sus dos años de vida figurara esa bandera en su ficha. ¿Por qué ese cambio?
Fácil. Porque la legislación neerlandesa restringe la publicidad de marcas de apuestas, como es el caso de Unibet. Bien podían haber elegido la bandera luxemburguesa tan de moda durante una época para instalar equipos. Seguro que por nada relacionado con los impuestos y sí por la belleza del lugar, que la tiene y mucha, y la ubicación estratégica. Pero no, eligieron la francesa. Seguro que tampoco por enternecer a la organización del Tour y ganarse su favor de cara a conseguir una wild card.
Unibet, además, se instala en el ciclismo por segunda vez, unos veinte años más tarde de la primera. Entonces, el resultado no pudo ser peor. Entraron con fuerza tras heredar la estructura del Palmans belga, firmaron a un puñado de buenos corredores como Rujano, Peña, Urán, Pasamontes, Cooke o Casper y parecía una estructura que iba a coger vuelo. El problema fue que la relación de algunos de sus ciclistas con los escándalos acabaron por bajar a Unibet del carro.
Sin embargo, una vez iniciada esta segunda etapa en el ciclismo, Giovanni Carboni fue suspendido por valores anómalos en el Pasaporte Biológico, lo cual seguro no habrá soplado a favor de granjearse la confianza de ASO. Si echamos la memoria a andar, recordaremos que un caso similar tuvo lugar con el Astana (años 2007 y 2008). Los kazajos, herederos del Liberty Seguros de Manolo Saiz, fueron invitados a abandonar el Tour debido al positivo por transfusión de Vinokourov, su gran estrella.
Cuando estos fusionaron plantilla con el Discovery Channel de Alberto Contador bajo la denominación de nuevo de Astana, la organización de la prueba francesa tomó la determinación de dejarles fuera para observar la evolución de este nuevo súper equipo. El dorsal número uno se quedaba sin Tour entre gritos de rabia a la cámara de televisión en la Challenge de Mallorca: «Astana al Tour», decía. Fueron los primeros años en la dirección de Prudhomme, responsable de esta misma decisión relativa al Unibet Rose Rockets. ¿Tendrá todo esto relación?

«Estaremos observando de cara a los próximos años», afirmó el jefe del Tour reconociendo la ambición a largo plazo del equipo. A lo mejor es cierto y no como cuando ET se despidió diciendo eso de «estaré ahí mismo» o cuando te espetan a la cara un «te veo como un amigo». Todo llegará. Por el momento, les quedan abiertas las puertas del Giro de Italia y las de muchas otras pruebas de prestigio como la Milán-San Remo, participación muy celebrada por los Rockets en sus redes sociales. Pero Unibet es mucho más que salirse de lo mainstream. Ha construido un equipo majo, con calidad y terrenos abarcados.
Desde el velocísimo Groenewegen, quien ya ha sumado en 2026, hasta los imprevisibles Wout Poels y Victor Lafay, todos ellos ganadores de etapa en el propio Tour, pasando por los prometedores hermanos Kopecky (nada que ver con Lotte, por cierto), Clément Venturini u Odd Christian Eiking, el noruego que lideró la Vuelta a España en 2021. Sí, no son Pogacar y Vingegaard, pero para un conjunto de estas características está más que bien. Lo esencial aquí es perdurar, no tirar la toalla durante unos añitos y construir recuerdos chulos en forma de éxito que borren los anteriores.
En definitiva, un año que seguro imaginaron de forma diferente y que, sin embargo, pinta a año puente, de transición hacia algo más. No es mal escenario, aunque se desconoce el nivel de impaciencia que los mecenas de los Rockets puedan tolerar. Una temporada de éxitos, de buen hacer y tal vez en la ventana de 2027 el contexto sea mucho más favorable, quién sabe. Con mantener el rumbo ascendente y el buen humor, todo acaba por llegar.

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Gran artículo Jorge