Lo primero, calma.

Las clasificaciones generales de Andalucía (ganada por Iván Romeo) y Algarve (por Juan Ayuso) no son el Tour de Francia, pese a tratarse de excelentes carreras y fiel piedra de toque de cara a comprobar el modo en el que carburarán los motores más adelante. Como pista, desde 1999 la bandera española no se izaba sobre sendas pruebas al mismo tiempo. Es más, esa conjunción planetaria solo había sucedido con Mauri (Benfica) y Pascual Rodríguez (Kelme) de por medio.

2026 ha comenzado cambiando el paso. El ciclismo español está causando una excelente impresión, mejorada con respecto a versiones anteriores. La presencia se ha dado casi siempre por descontada. Aunque las victorias, como el desodorante, te abandonan a la mínima que parpadeas. Y el ciclismo español venía malacostumbrados de unos tiempos atípicos donde el éxito era un día más en la oficina.

Actuaciones como las de ‘los Rodríguez’ Carlos y Cristiàn en Tour de la Provence y Omán respectivamente ayudan a confeccionar fondo de armario. Dos segundos puestos gracias a perder un sprint en cuesta, nada más. Inferiores en nada a sus contrincantes, en el caso del almeriense de su misma escuadra (Scaroni). Más allá de los mejores resultados, lo destacable es que se vislumbra músculo, tejido de victoria. Ambición, objetivos y, lo más difícil, piernas para conseguirlos.

Juan Ayuso se ha traído de Portugal algo más que un trofeo. El arranque en una estructura tan ambiciosa como Lidl-Trek y el frío que podía hacer fuera de UAE han dado paso a la certeza de que está para competir contra esa segunda unidad del ciclismo: desde Paul Seixas hasta Joao Almeida, su ex amigo o enemigo, según a quién le preguntes. Es cierto que no es el Tour, pero en cuarta y quinta posición estaban precisamente quienes firmaron semejantes clasificaciones durante el pasado mes de julio. Vamos, que de ser ensayo, era claramente un ensayo general.

Dos segundos puestos en montaña y crono que le dejaron insatisfecho pese al liderato. Espina que se sacó en el Alto de Malhao, cima conquistada por Vingegaard, Contador, Porte, Pidcock… Y desde 2026 también por Ayuso. La ambición nunca fue el debe de este corredor, que habiéndose quitado de encima el dichoso techo de cristal de UAE, muestra galones como tarjeta de visita en su nueva escuadra. Es una forma ideal, sin lugar a dudas, de mear en las esquinas, de marcar territorio.

A unos cientos de kilómetros de distancia, Iván Romeo subía al podio como ganador de la Vuelta a Andalucía. La prueba de la familia Cuevas había preparado un menú ideal para ciclistas de media montaña: Wellens, Pidcock, Christen (Van Gils bien, gracias), Gregoire, Vlasov, Aranburu… o Iván Romeo. Es el elegido para reinar en Movistar y lo hace. Magistral su demostración de poderío camino de Otura. Terreno escarpado donde el vallisoletano, más de secano, se desenvuelve como pez en el agua. Olfato para estar, ataque de clase y a rodar. En meta, campeón virtual a falta de varias etapas en las que capear el temporal. Así hizo.

Dos genios de la bicicleta que aún esperan medirse con rivales de mayor tamaño. Tras llevarse a casa el tridente de los dos mares, Ayuso tratará de aprovechar la deserción de Vingegaard y Pocar en París-Niza. Una ocasión única de hacer palmarés y prestigio. Romeo coincidirá en la carretera con el alicantino, pero el objetivo será estirar las piernas de cara a la inminente Milán-San Remo. No hay grandes puertos ni grandes llegadas en alto, por lo que ambos, crono por escuadras mediante, pueden estirar la cabeza como candidatos. Si cabe, Ayuso es el máximo favorito.

Desde los tiempos de Valverde, Purito y Contador, no se recuerda una presencia tal de los ciclistas españoles en escenarios de este tipo, menos aún ganando en ellos. Porque se debe mencionar la victoria de etapa de Raúl García Pierna en la Comunidad Valenciana. También el dominio de Marc Soler en Murcia. O el ensoñador futuro de Héctor Álvarez en la Challenge. La mayoría de ellos sentirán la sombra alarga del líder en los momentos clave, pero que les quiten lo bailao. La vida va de aprovechar las oportunidades, de coger los trenes que pasan por delante de ti. En ello están.

Queda mucho y muchas carreras en las que sufrir y otras en las que disfrutar, vaya novedad. Al menos habrá ilusión por ver estas carreras, por seguir midiendo a qué nivel brilla un ciclismo español que parece haber entrado, ahora sí, en reconstrucción. Aún solo un impulso, un germen, con Mikel Landa y Enric Mas, los todavía ciclistas más consolidados del pelotón español, en barbecho hasta el Giro de Italia. Romeo y Ayuso estarán remando para el ciclismo español en el Tour de Francia. Veremos si para entonces continúa la tendencia ascendente o si, por el contrario, tenemos que tragarnos las palabras de optimismo. Seguro que lo primero.

Fotos © Vuelta Andalucía, Provence y Volta Algarve