En Quimbaya son típicas la arepa, el sancocho y la bandeja paisa, fuerte como el carácter de sus gentes, con acento montañero. Allí se forjó el último colombiano reclutado por Team Movistar, con nombre de Dios del fútbol y apellido de profesión de forja, de manos rudas y alma irreductible. Diego Pescador está siendo una de las gratas sorpresas de 2026, temporada que supone el segundo escalón para este escalador de 2004.

Con Nairo Quintana a un paso de la retirada y otros como Egan Bernal o Einer Rubio bastante venidos a menos, la figura de este jovencísimo ciclista brota en un camino que han recorrido algunos de los mejores escaladores de los últimos cuarenta años. Los relevos generacionales son de todo menos fáciles y lineales (que se lo digan a España), y Pescador escribirá su historia sin inmiscuirse en ella la herencia del ciclismo colombiano. Pero es una ilusión, una especie de «Noche de las Velitas», una nueva nostalgia por recuperar los grandes días.

Se dice que firmó por los telefónicos deshaciendo la maleta del Tour de l’Avenir. Acabó séptimo, gran actuación en la Finestre italiana mediante, territorio que decide grandes vueltas. Un colombiano compitiendo en una carrera francesa que se disputaba en suelo italiano. Parecía una canción de Jorge Drexler. En cambio, en el becariato que supuso la primera temporada en el conjunto español, descubrió la dureza del ciclismo. La Roubaix entró en su camino y finalizó el debut a los 165 kilómetros.

Averías, caídas, pasos por el adoquín que dolían de uno en uno, y el caos hecho carrera. El coche escoba recogió a un ciclista, pero el ciclista recogió un ramo de realidad. Poco después pudo terminar la también durísima Tro Bro Leon. Son carnés que el ciclista tiene que ir aprobando. Cuando un corredor joven aterriza en estructuras de tanta tradición, toca vivir las caras más duras del ciclismo. La experiencia le gustó. Y le sirvió.

Un año más tarde, en las semanas que sirven de frontera natural entre el invierno y la primavera, Pescador brilla ante una edición de la Strade Bianche de locos, en la que fue de largo el mejor del equipo. La vigesimoprimera posición supo a gloria visto lo visto. De siete participantes que portaban la ‘M’ azul en el pecho, solo tres atravesaron la línea de meta de Siena. Sensaciones magníficas, dentro de los años luz que existe entre la luna y las estrellas más grandes del universo.

El quimbayuno no pasa por ser un hombre especialmente ganador. Triunfó en 2023 en Colombia anotándose trofeos de todo tipo. Pero en Europa es otro cantar, al menos de momento. En Camp de Morvedre, una de las primeras citas del calendario continental, consiguió la medalla de plata por detrás del escurridizo Scaroni. Esa segunda posición le ha dado moral y le ha ubicado en el mapa. Nada de fichajes que después se pierden en la oscuridad de la noche. Más bien un muy buen ciclista cogiendo el pulso a la categoría. Cuando se lo tome, habrá todavía más ciclista.

Fotos © Movistar / El Quindiano