Que Daniel Felipe Martínez, a 4’23» y susto mediante, haya sido quien más de cerca haya visto a Jonas Vingegaard en esta París-Niza habla bien a las claras del dominio de la situación que ha ejercido el corredor danés. Visma ha conseguido transformar superioridad en victoria, no siempre fácil. Más aún cuando el líder ha carecido del ropaje que esta escuadra suele tejer alrededor de su capo. Durante la primera mitad de la carrera sí hubo quien lanzase al guante a la cara al teórico segundo mejor ciclista del mundo, al menos en vueltas por etapas: Juan Ayuso. Eso sí, muerto el perro, se acabó la rabia.

Era el momento de Juan Ayuso. El alicantino, de amarillo tras una magnífica crono por equipos (o mixta, o individual, que cada uno le ponga el apellido que considere), era el único que ambicionaba al menos con el intento. Anduvo listo en la primera jornada para rascar segundos en un sprint intermedio, que era toda una declaración de intenciones. Pero el destino trató de recordarle que para ganar no solo basta con querer y que la suerte a veces no pedalea junto a ti. Durísima caída, abandono y veremos en qué grado una hipoteca de los retos que están por venir a lo largo de 2026.

En la crono se impuso Ineos. Desde que no es Sky, les cuesta. Reverdecieron laureles y sacaron puñados de confusión para una París-Niza que la necesitaba. Los ayusers del Lidl-Trek rodaron únicamente dos segundos más lentos. Visma solo pudo ocupar la cuarta plaza, ofreciendo dudas. En ese momento no se sabía a ciencia cierta quién iba un paso por delante de quién. Todo estaba abierto, el duelo estaba servido hasta que Juan besa el suelo y abandona de amarillo, una fotografía poco común que no para de estremecer. El aprendizaje debe rondar algo así como que para ganar no es suficiente con querer. Por eso, cuando se puede, se debe querer.

Esa jornada que allanó el camino a Vingegaard fue dantesca. Mal tiempo, cortes en el pelotón, territorio comanche y un líder ausente. La sensación de caos parecía debilitar al danés, quien aprovechó el exceso de valentía del Red Bull para dejarles en la estacada unos kilómetros más allá. Los energéticos asumieron un rol que no era el suyo y cometieron un error capital. Jonas calculó, arrancó y se marchó. Gestionó la soledad mejor que nadie y sentenció la París-Niza. De ahí en adelante, el gallinero anduvo poco revuelto y él empeñado en aportar pequeñas exhibiciones para mandar mensajes en clave de Tour. Eh, que yo también molo.

Tal fue la superioridad y la incomparecencia de sus rivales que las diferencias hablan por sí solas. Camino de Colombier-le-Vieux, fueron dos los minutos que le endosó al resto. Y eso que no había puertos de gran entidad por el camino. Bastó un terreno de cotas para dejar claro quién iba a levantar el sol en Niza. Como no había ya llegadas en alto por la suspensión de Auron, la alfombra roja de la última etapa sirvió de nuevo al danés para lucir vestido. Esta vez invitó a Lenny Martinez a su fiesta y le dejó pasar primero. El francés le está cogiendo el gustillo a ganar etapas en esta prueba.

Tal fue la superioridad que el top ten habla por sí mismo. Con todos los respetos, unos primeros puestos que reflejan una startlist que se alinea poco con la importancia de esta prueba. En esas primeras plazas se colaron dos veteranos en estas lides como Marc Soler y Ion Izagirre. Entre las noticias que afectan al catalán y el presumible último año del vasco, sus quinta y sexta posición respectivamente en la general final arroja bastante mérito. UAE no ha sido el de otras ocasiones, si bien a última hora se cayó Joao Almeida, supuesto timonel del siete que tomó la salida en Archères.

No se recuerda un top ten de París-Niza que refleje tan poca entidad. Sin Ayuso, era evidente que la carrera se quedaba coja, porque ninguno de los rivales finales partió en la primera etapa con la ambición de ser la cara visible del movimiento. Por tanto, no ha habido pulso desde que Vingegaard se puso serio con los niños. Lo positivo es que la voracidad a este lado del río no es tan elevada y al menos el reparto de victorias de etapa alivia el palmarés de algunos equipos y ciclistas.

Harold Tejada aprovechó las rebajas, lo mismo que Dorian Godon, este último de recorrido. Education First firmó una buena carrera, todo sea dicho. Steinhauser se cuela en el podio y Baudin entre los diez primeros. De hecho, se llevan menos tiempo entre ellos que el alemán perdió con Jonas. El danés bate récords que habían sobrevivido a dos Guerras Mundiales y pone el listón más alto. No es fácil encontrar una clasificación tan desequilibrada en tan solo ocho días. Eso habla bien de Vingegaard y muy mal de la carrera, escasísima en competitividad y emoción.

Con tanto diferencial como existe entre algunos ciclistas y el ramillete de súpercampeones actual, apenas hay carreras, emoción, incertidumbre. Ni siquiera cuando el favorito va perdiendo los duelos a los puntos y la especulación se dispara. Además de las dos victorias en el Tour y la de la Vuelta, suma ya cuatro grandes trofeos en el ciclismo: Itzulia, Dauphiné, Tirreno-Adriático y, desde marzo de 2026, París-Niza. Si gana la Volta Catalunya, le quedarían únicamente las suizas para completar el trébol de siete hojas.

La crítica para unos es que no debieran confirmarse con el premio de consolación nada más tomar la salida. Para otros, que los mundos de distancia en cuanto a nivel entre el ganador y el resto hacen que las carreras sean cada vez más predecibles. Tanto que la noticia por unas horas fue el look ‘globero’ de Vingegaard. Y es que ese fue el nivel de esta París-Niza que será recordada solo por ser el estreno del casillero del corredor de Visma en esta prueba. Y es que Vingegaard sucede, además, a su compañero Jorgenson, rey de Niza por dos años consecutivos.