A nivel individual, sí. Visto lo visto y le pese a quien le pese, en la actualidad Van Aert es un ciclista que ha perdido la rueda de estrellas como Van der Poel o Pogacar. Él jugaba en esa liga, comía de esa mesa. Sea por lo que fuere, el belga no vive los mejores días de su carrera. Tampoco el Visma, su equipo vitalicio. No es motivo para descartar ningún escenario en el que él sea protagonista o incluso, quién sabe, ganador. La baza, más allá de resistir los huracanes, puede residir en leer de forma apropiada los marcajes, las situaciones de carrera.

En el cara a cara, cero opciones; en guerra de dudas y nervios, todas. El problema es que en su caso la estrategia nunca fue una fortaleza. Si hubiese algún cambio en los sumandos, el resultado podría variar. Pero el pronóstico del sentido común no apunta en esa dirección. La cabeza de este ciclista deambula entre la indefinición y las dudas, mientras su cuerpo renquea de la lesión con la que estrenó el nuevo año. Argumento defensivo para quienes le defenderán bajo cualquier circunstancia.

Cabe recordar que el último (y único) monumento en sus vitrinas se remonta a 2020, cuando la Milán-San Remo era aún de su tamaño. Hace algunas primaveras, todavía en su prime, Wout no estaba para ir regalando victorias; hoy las echa en falta. Las últimas cinco victorias del belga son etapas en vueltas de tres semanas, un dato lo suficientemente elocuente desde la perspectiva de un presunto clasicómano top. Las fotos más recordadas son la polivalencia merckxiana que le permitió ganar etapa de montaña, crono y sprint en un Tour de Francia, y la injerencia letal en el duelo Vingegaard-Pogacar, con un bonus track que le dio un Giro al jubilado Simon Yates.

El relato le ha expulsado vilmente de esa cabeza de carrera que antes compartía con quienes viven tres metros sobre el suelo. Un cambio de guion sería interesante, un cambio de fórmula. En definitiva, un nuevo reto, una nueva identidad desde la que empezar de cero. Hay varios horizontes que puede explorar. Nunca podrá ganar en un Angliru (o sí), pero semanas ciclistas como París-Niza, Tirreno-Adriático u otras de un nivel semejante están claramente a su alcance. Si hay crono, es mejor que muchos. Si hay cotas, ídem. Y si hay montaña, se ha podido comprobar que sabe gestionarse en ese terreno.

A partir del análisis de la situación, que acumule toda la suerte que le sea posible porque la va a necesitar. El historial reciente aconseja de forma poco subliminal que cambie de santero. Van Aert necesita regresar al menos a un nivel que le permita disputar. Ganar es después un concepto esclavo de mil circunstancias. Pasar de ser el chico para todo a convertirse en uno más no debe ser sencillo de digerir. Solo él sabe los porqués, las teclas que permiten reiniciar Windows, si aún le queda energía para plantearse una salida de la zona de confort. Escenario inédito e inesperado.

Van Aert tiene la opción comprensible y humana de continuar como hasta ahora: estrellándose contra los inviernos de barro a buen precio, disfrutando de magníficos contratos en maillot y casco. Pero tratándose de un ciclista de tanta entidad, es una pena que no se saque más partido a sí mismo. Es un debate que seguro él ha tenido consigo, y que se podría aplicar a tantas y tantas personas de todos los ámbitos… Pero lo de Van Aert llevaba tiempo clamando al cielo y hoy, cuando tal vez es demasiado tarde, todo son más lamentos que argumentos. Nostalgias, hilado fino.

Fotos © Eurosport