Ion Izagirre, te echaremos de menos
Quien tuvo, retuvo. Ion Izagirre lleva mareando la perdiz de la retirada un par de años. Sin embargo, mitad Cofidis, mitad que le va la marcha, ha decidido quedarse con nosotros hasta el final de esta temporada. Como buen veterano, es un hombre de costumbres, y al guipuzcoano le encanta sorprender. Cuando nadie le espera, aparece. Así impuso su clase en la Joux Plane, en una fuga en la que se relamía un tal Vincenzo Nibali. Sucedió en 2013, con un sorprendente triunfo en el Giro de Italia, la primera gran diana del vasco.
Completó la triple corona en una etapa que nunca debió haber existido. Formigal fue el segundo plato de una Vuelta pandémica que evitó pasar a Francia para coronar la cima del Tourmalet. Aquel perfil no le convenía, pero el que finalmente se celebró se le adaptaba a las mil maravillas. Le añades lluvia, un enorme trabajo de su hermano Gorka y la clase de Ion y tienes lo inevitable: la victoria del menor de los Izagirre.
Son diecinueve las veces en que ha levantado los brazos. Pero son tan selectas que impactan, que hablan tan a las claras de la clase y grandeza de este ciclista que nos deja huérfanos a final de temporada. En el Gran Premio Miguel Induráin, en Estella, firmó un tercer triunfo, tal vez el más espectacular. Y mira que la carrera navarra es casi lo más modesto que tiene en su selecto palmarés. Porque al lado de etapas en Suiza, Romandía, París-Niza o los Nacionales palidece casi cualquier cosa.
Las generales ha sido otro de los ríos de los que se ha nutrido. El Tour de Polonia fue la primera clasificación que se llevó a casa. La de Comunidad Valenciana tuvo también mucho mérito, pues batió a un cualquiera como Alejandro Valverde en un año en el que el murciano anduvo precisamente supersónico. Pero su gran éxito es la Itzulia, la Vuelta al País Vasco. En casa, el rival fue un enemigo declarado del Bala como Dan Martin. En Éibar se calzó la txapela y recogió el fruto para el que tanto había sembrado durante años.
¿Qué le ha quedado por conseguir? Tal vez haber brillado más en las grandes clásicas o haber firmado algún puesto de honor en las grandes vueltas, para lo que está cualificado de más. Porque el noveno puesto en la Vuelta a España de 2018 fue excesivamente barato como para considerarlo un gran logro a la altura de su trayectoria. Pero, si le ha faltado alguna victoria durante las diecisiete temporadas que ha rodado en el pelotón profesional ha sido el reconocimiento que tanto ha merecido.
Ahora, aunque sea tarde, es una de las pocas luces que se muestra entre tanta sombra entre los ciclistas españoles. Pese a la edad, pese al olvido. Una gran París-Niza confirmada con una victoria ante corredores de un nivel excelente. Ilusiona verle en las Ardenas, pese a que la fortuna nunca le ha acompañado en dicha cordillera. El quinto puesto de 2017 es la única alegría. En Lombardía, en cambio, se ha adaptado mejor. En 2024 finalizó en cuarto lugar. Mucho mérito si consideramos que los dos primeros, Pogacar y Evenepoel, corrían fuera de concurso.
Por tanto, Ion Izagirre, te echaremos de menos. Zorionak por tan buenas tardes de ciclismo que nos has regalado y que en algún momento el ciclismo te devuelva todo lo que tú le has aportado. Recordaremos la humildad en la victoria como un legado para las próximas generaciones. Pero quién sabe si de aquí a la próxima Lombardía, cuando hinques rodilla ante tu bicicleta, habrá más días de gloria para Cofidis, tu último equipo, y para ti. Muy merecido sería.
Foto © GP Induráin
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