Sobre el exceso de tráfico en el ciclismo
Un día va a pasar algo. Ah, no, ¡que ya ha pasado! Una, dos, tres, cuatro… La excesiva presencia de motos y coches se está convirtiendo en un grave problema para los ciclistas. Si pensábamos que el peligro del tráfico se circunscribía al cicloturismo, estábamos equivocados. La excusa peregrina de que toda esa parafernalia es necesaria para mantener la seguridad de los corredores, para a una organización eficaz se cae por su propio peso. No solo nos encontramos con escenas de tráfico abierto en el sentido contrario a los corredores en el propio World Tour, sino que es precisamente la caravana del ciclismo la que en algún caso derriba a los corredores que se supone protege.
El tema lo ha vuelto a traer a la actualidad el atropello de Mikel Landa en la Itzulia 2026. El vasco fue arrollado por el coche médico, ¿puede existir algo más irónico? El relato del mánager del Soudal-Quick Step, Jurgen Foré, a Nieuwsblad asusta: «el coche médico sacó a Mikel de la carretera en un descenso estrecho y rápido» presuntamente intentando adelantar al ciclista. Landa tuvo que abandonar tras pasar toda la tarde del martes en consulta médica. La solución a tan grave circunstancia ha sido expulsar al coche de la carrera. Al rincón de pensar y problema solucionado. ¡Hasta la próxima!
Lo cierto es que no es la primera ocasión en la que el tráfico ejerce influencia sobre la carrera. El propio Landa sufrió una caída en una etapa de montaña del Giro con una moto involucrada. Del caos que se generó y las heridas, tuvo que reconducir su papel en la corsa rosa. Veremos a qué nivel le afecta esta vez de cara al mes de mayo. No muy lejos del lugar del incidente, en la Clásica de San Sebastián, la acumulación de motos derribó a Greg Van Avermaet cuando estaba comandando la prueba. Un momento muy icónico en lo referente a toda esta temática.
En el propio Tour de Francia fueron derribados en directo Flecha y Hoogerland, con fatales consecuencias para el holandés. Esta vez fue un coche de la organización. Un mes más tarde, una moto eliminó a Peter Sagan de pelear por una victoria camino de Murcia en la Vuelta a España. El Tour siguiente vivió aquella escena de Froome y cía estampados contra una moto de televisión en pleno ascenso al Mont Ventoux. Podríamos hacer un repaso exhaustivo de los numerosos casos, pero creo que todos los que hemos visto ciclismo en los últimos años hemos podido presenciar más de uno.
El ciclismo pone en su boca la palabra modernidad en multitud de ocasiones. Que si las bicicletas, que si los materiales (menos los impermeables, que deben funcionar mal), que los métodos de entrenamiento y demás mantras. Sin embargo, pese a la existencia de sistemas tan sofisticados como los drones, aplicados hasta por meros cicloturistas en sus salidas de domingo, seguimos transmitiendo a base de estrategias de toda la vida. Incluso hemos perdido, porque antaño al menos los dorsales y los rostros eran más fáciles de distinguir.
Motos de enlace, de prensa, coches de invitados, de organización, de equipo, de patrocinadores, policía, coches médicos, motos de referencia, con bebidas, con ruedas, coches neutros… Parece el tráfico del centro de una gran capital. Echando cuentas, hay casi más ruedas motorizadas que de bicicleta. ¿Tiene realmente algún sentido? Porque si todo este despliegue sirviese para tener carreras más limpias de obstáculos y prevenir accidentes, fantástico.
Pero observando que precisamente estos vehículos en alguna ocasión son los que provocan los accidentes… Y hay más. En muchos casos impiden la visión desde las cámaras (ya que tenemos que transmitir con tecnología del siglo XX). En otros ejercen hasta influencia, pensemos que involuntaria, en la carrera con aquello de la protestada cercanía a los grupos. Por no hablar de los problemas generados de forma indirecta, que a veces afectan a las trazadas de los corredores.
Las carreras ciclistas deberían ser para los ciclistas. Y ese debiera ser el axioma principal que defina el rol de cada vehículo en carrera. ¿Se puede supeditar? ¿Sí? Bien. ¿No? Fuera. Sino, búsquense otras fórmulas de atraer patrocinios, invitados o garantizar la seguridad, la viabilidad de las pruebas o lo que proceda. ¿No es la seguridad del ciclista tan importante? ¿O solo es un término que debe irrumpir cuando hay necesidad de demagogia barata?
El ciclista tiene que ser el centro del ciclismo y deben dejarle ser el protagonista único de este espectáculo. Ir a ver una etapa in situ parece más una de rallies que una ciclismo. Para reflexionar. Pero no lo harán, por muchas veces que el incidente de Landa se repita. ¿Y la UCI? ¿No es este un problema de importancia sobre el que regular? Da la sensación de que cuando hay que actuar, solo se actúa sobre cuestiones superfluas como el grosor de los calcetines. Adam Hansen, mutis. En fin, lo dejaremos aquí, que después nos llaman «keyboard warriors».
Foto © Eurosport

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