Se confirma que Richard Carapaz participará en la Vuelta a España 2026. El ecuatoriano alzó los brazos al cielo de París con la montaña en una mano y la montaña en la otra. Días de éxito y flores para un corredor que vivió una temporada complicada hasta el mes de julio. El ciclista de El Carchi no tenía el Tour de Francia en el horizonte, pero la circunstancia le llevó a saltarse el Giro de Italia y recaló en el ocho de Education First para la prueba francesa. Nadie hablaba de él, todo el foco se los llevaban los de siempre, con la eterna duda que cómo se encontraría tras un periodo de inactividad de dos meses largos (entre finales de marzo y principios de junio).
Con las incógnitas disipadas una vez llegaron las dos últimas semanas, la temporada sigue con muchos objetivos por cubrir. La Vuelta a España estaba originalmente en la ruta del jefe de filas del conjunto americano, si bien nadie esperaba una actuación tan brillante, nombrado el más combativo del pelotón, con todo el desgaste que ello conlleva. Pronto se vio que el único rival para la montaña era él mismo. Los demás acabaron por rendirse y cederle al corredor de Jonathan Vaughters la victoria virtual. Carapaz no desperdició el regalo y sentenció rápido, dedicándose a luchar por cada etapa de la última semana.
Acaba octavo en la general final, segundo mejor registro en el Tour para él. La Vuelta, que le ha ido regalando una de cal y otra de arena, es el próximo objetivo, muy por encima del Mundial, donde estará a buen seguro para representar a la tricolor en Canadá. En la grande española ha estado a segundos de vencer, ha ganado etapas y ha gozado de bastante protagonismo. El planteamiento podría ser disputar la general a Tadej Pogacar, duelo que retrotraería a ambos corredores al Tour de Francia de 2021, cuando ambos comenzaron como grandes antagonistas. Lo más lógico ante el corredor esloveno sería aceptar que se encuentra varios escalones por encima. Si el ecuatoriano usa la estrategia, tiene un recorrido que fuera de las llegadas en alto ofrece alternativas para ese otro ciclismo de guerrillas. Ahí Pogacar es menos eficaz.
El problema de esta Vuelta es que el esfuerzo por mantener la forma puede acarrear un exceso de fatiga, y el Campeonato del Mundo está cerca. De esa forma, pueden surgir dudas para un corredor con instinto, punta de velocidad y entidad como para luchar en el Mundial de Montreal. La Vuelta antaño era la mejor ruta para construir el arcoíris. En los últimos tiempos, ni eso. El paradigma instalado en la actualidad es que tres semanas se pueden hacer molto longi. Caso distinto sería si, de haber competido en el Giro de Italia, hubiese tenido tiempo para recuperarse del esfuerzo y no habría discusión sobre qué condición iba a llegar a la cita con el maillot rojo. Con la Vuelta tiene la espina clavada de 2020 y en algún momento tendrá que volver a sacársela. ¿Será 2026?
Foto © EF
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