Todo es opinable, cada uno tiene sus preferencias y sus recuerdos. Más de una y de dos personas confiesan que de no mediar este duelo, la siesta ganaría la batalla al Tour en sus tardes de verano. No le falta base a ese razonamiento, siendo muy fácil imaginarse cómo serían estas tres semanas sin uno de los dos. De una competición impredecible, sin un patrón claro, a un deporte previsible, sabiendo de antemano que sin rayos, truenos y relámpagos en su camino, quien resista en pie es el vencedor del Tour.
Ciclistas muy diferentes
Vingegaard es más un escalador a la vieja usanza. Pogačar es más ciclista total, capaz de derrotar a su rival por aburrimiento. Dos modelos, dos formas de vivir el ciclismo y la vida. El duelo surgió en la Itzulia de 2021, pero a nivel de Tour de Francia todo sucedió ese mismo mes de julio. Como de los Alpes siempre sale una clasificación que se da por provisional y en la que había ya insertado algún polizón (después de un buen palizón) entre los mejores, todavía no se distinguía al danés de ellos. Se le daba por provisional y ahí sigue, portando el estandarte de uno de los mejores vueltómanos de su generación.
Son seis las ediciones tiranizadas por ambos, ocupando las dos primeras posiciones durante cinco ediciones consecutivas. Es un duelo de leyenda que se estudiará dentro de veinte y cuarenta años en todas las universidades del buen gusto ciclista. No digamos si el logro prolonga su permanencia más allá del accidente de Vingegaard mediado el Tour de 2026. Sólo una ausencia programada o la irrupción de algún justiciero libertario capaz de antagonizar puede quebrar el pronóstico. O el paso del tiempo, o de la estadística.
El Tour, principal campo de batalla
En el Tour es fácil observarlo porque se han medido en la carrera más mediática que existe. Desde que Jonas Vingegaard se atrevió a cambiarle el paso al maillot amarillo en el Mont Ventoux, los únicos rivales que han tenido ha sido el otro. En alguna París-Niza se ha visto un duelo directo, cuando que coincidieran en una misma prueba significaba que el prólogo del mes de julio estaba aquí. Porque son duelos sobre los que se habla durante meses. Y se hablará durante años.
No ha sido fácil verles coincidir. Esa Guerra Fría a veces era vencer en la carrera de al lado para meter presión al gran rival. Los diarios encantados con la rivalidad, corriendo ríos de tinta en la espera. Durante dos años pareció que Vingegaard le tenía la medida cogida a Pogacar, pero con la perspectiva del tiempo, ha sido justo al revés. Los Tours de 2022 y 2023 se decidieron por detalles concretos, pero incluso en ellos hubo carrera. El problema ha venido en todas las demás ediciones, donde el esloveno ha literalmente barrido a Vingegaard.
Otros duelos similares
Ha habido duelos muy interesantes que han pasado a la historia. El de Armstrong y Ullrich llegó a mucha gente antes de ser enviado a la papelera de reciclaje desde el pincho USB. En el de Poulidor y Anquetil realmente sólo hubo partido en 1964. Entre Ocaña y Merckx en dos ocasiones no consecutivas, entre Induráin y la dupla Bugno y Chiapucci, ídem, aunque consecutivas. Algún ejemplo hay en las clásicas, como aquel mítico Boonen vs Cancellara, o las peleas entre Bettini y Valverde.
Grandes rivalidades y puede que tan o más espectaculares. Tan prolongadas, sólo ésta que funciona entre Pogačar y Vingegaard, quienes además compiten desde la sanidad deportiva, con gestos y etapas que ya de por sí han pasado a los anales de la historia. Lo mejor es que todavía restan páginas por escribir, aunque seguro que pronto comienzan a verse empujados por las nuevas generaciones.
Foto © ASO / Ballet
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