Después de un mes de julio que ha servido para coronar a un nuevo pentacampeón, la maquinaria del Tour de Francia se pone manos a la obra para presentar en octubre un nuevo recorrido sobre el que celebrar la edición de 2027. La nueva victoria de Tadej Pogacar podría traer consecuencias al trazado que Christian Prudhomme, Thierry Gouvenou y compañía diseñen. El dominio con mano de hierro del esloveno condicionará sin duda la elección del modelo de Tour que lleven del papel a la práctica. El miedo a que la lucha por la victoria final quede resuelta demasiado pronto aterra a los organizadores, pensamiento que hacen público con facilidad.
El Tour de Francia 2027 arrancará de Edimburgo. La capital escocesa lucirá las mejores galas para recibir al pelotón durante una semana repleta de actos de presentación. Será la segunda ocasión en la que la Grande Bouclé arranque en suelo británico, después de que la Grand Départ tuviese lugar en el Yorkshire en 2014. Debutará en Escocia y en Gales, eso sí. Tres etapas que ya han sido presentadas y cuyo denominador común es que tomarán dirección sur. Carlisle, Liverpool y Cardiff serán las metas. Esta última ciudad acogerá a la caravana después de una etapa por suelo galés con longitud de 223 kilómetros para ser más exactos y varias cotas que harán las primeras selecciones. Antes, dos etapas para el sprint.
A partir de ahí vendrá un día de descanso y el retorno a Francia. Probablemente sea Cherbourg el destino del pelotón tras el periplo insular. La competición podría afrontar aquí una primera etapa decisiva en forma de contrarreloj, por ver si individual o por escuadras. Es posible que la organización quiera alimentar el duelo entre Tadej Pogacar y Remco Evenepoel y los kilometrajes de las etapas cronometradas aumenten, en contra del criterio y del gusto de la dirección. Es posible que sean dos las etapas en este formato, pero si algo parece claro es que el maillot amarillo se decidirá en las montañas.
Los Pirineos se volverán a superar antes que los Alpes, en sentido antihorario. Desde 2022 no sucede lo contrario. No existen rumores todavía sobre posibles metas, pero atendiendo a las palabras del director técnico, Thierry Gouvenou, es probable que las etapas pirenaicas sean de dureza contenida para evitar que la lucha por el maillot amarillo finalice demasiado pronto. Una obviedad es que las jornadas en la cordillera compartida con España se celebrarán bastante más tarde que en la recién finalizada edición de 2026. Lo normal es que se llegue tras haber atravesado el Macizo Central a modo de aperitivo de montaña.
Todo se decidirá en los Alpes. Suenan con fuerza las metas de Samoens 1600, en el entorno de Morzine. También Sestrieres, veríamos si por la vía francesa de Montgenevre o la italiana de Finestre, paso que el Tour de l'Avenir ya degustó ubicando un final en la cima. Pero sobre todo hay dos nombres que irrumpen con mucha fuerza, que son el Col de la Loze y, sobre todo, el Col du Granon. Las estaciones de Meribel y Courchevel son candidatas a acoger la meta tras el paso por el primero. El segundo tiene opciones de entrar, si bien existe también la opción de que el coloso que vio hincar la rodilla a Bernard Hinault y Tadej Pogacar regrese al circuito en 2028.
El final, como casi siempre, tendrá lugar en la capital francesa. La duda está en saber si París continuará con la apuesta por el exitoso circuito de Montmartre o si regresará el clásico de los Campos Elíseos para una llegada al sprint al uso. Visto el fervor popular que despertó esta jornada en 2026, es posible que se mantenga el plan de subir por el empedrado que llega hasta el Sacré Coeur.
Foto © ASO / Bove
0 comentarios