El Rosellón ha sido una región histórica en disputa entre España y Francia. Una parte de ella, la Cerdanya, dividió sus tierras entre ambos países en el siglo XVII. Actualmente territorio galo, con la salvedad de Llivia y su entorno, ofrece un terreno minado de puertos que merecen la pena. No son grandes subidas, y eso es lo que más atrae, puesto que es asequible para todo cicloturista que se precie. La dificultad está en la acumulación de desnivel, si bien cuesta porque son zonas bastante altas que tampoco alcanzan una altitud extrema.
No nos vamos a alejar más allá del Mont Louis, ni vamos a alcanzar el Mantet, subida de mayor entidad de la zona. Aunque la región se extiende más allá. En ese entorno de Puigcerdá, Llivia y las estaciones de esquí que rodean a la carretera que procede de Perpignan (D66). La Cerdanya francesa tiene para echarle imaginación y diseñarse rutas cicloturistas de nivel. Puertos cortos, de poco desnivel y que ofrece muchas alternativas si las piernas dicen basta. Muy recomendable. Eso sí, con temperaturas extremas y olas de calor, un infierno porque la protección de los árboles escasea.

Poca dureza, muchas alternativas
Cerca de la frontera nos encontramos con el ligero ascenso a Valcebollère, un pueblo con casas de pizarra bastante bonito. Para calentar las piernas, pas mal. Bajamos y sin apenas llano tenemos el ascenso al Puigmal, una pequeña estación de esquí que en MTB permite llegar casi hasta el pico. En bici de carretera, con mucho cuidado, también. Bajamos y tenemos en nada el comienzo de la subida a Eyne, localidad que da nombre a otra estación de esquí, y que tiene alguna rampa de importancia.

Desde ahí, nos dirigimos ya hacia Mont Louis. Altimétricamente, no es un puerto interesante, puesto que solo tiene longitud, buena carretera (y transitada) y paisajes. Lo más recomendable es utilizarlo como bajada hacia Olette, donde giraremos a la izquierda para regresar a las alturas por una carretera más propicia para el cicloturismo. Nos espera el Col de Llause, que no es excesivamente duro, pero ofrece buenos paisajes y un trazado muy entretenido. Por momentos parecerá que nos hemos ausentado de la civilización.
Si queremos añadirle un poco de dureza y nos sobran piernas, podemos añadir un atajo a este largo ascenso a través del Col de Jouël, en dirección a Railleu, en un desvío hacia la derecha que viene con cartel de puerto de montaña a 2,1 kilómetros. Carretera estrecha y ni un árbol hasta la zona alta, donde se atraviesa un precioso bosque que en días de calor es un auténtico oasis. En el cruce, nos desviamos hacia Caudiès de Conflent, punto de inicio de rutas a pie de mucho interés, y recuperaremos la carretera que habíamos abandonado, que también merece la pena.

La preciosa subida a Boulliouse
Coronamos Llose cerca de los 1.900 metros de altitud. La carretera nos hace descender brevemente hacia el cruce al Col de la Quillane, donde se encuentra el aeródromo más importante de la zona. Regresamos a las inmediaciones de la localidad de Mont-Louis, donde iniciamos el ascenso a Boulliouse, un lago en altitud. Esta ruta es una maravilla, porque fuera de épocas vacacionales no te encuentras un alma y disfrutas del ciclismo con el ruido del río que nos va acompañando durante la subida y el sonido de nuestros pedales.
Bajamos de allí por la misma carretera y afrontamos Font Romeu. No es duro, pero después de todo lo ascendido, apuntala. Desde ahí, podemos bajar por el Col d'Egat hacia Llivia y dirigirnos de vuelta a Puigcerdá, donde terminamos la ruta. Habrá sido un periplo intenso, duro, pero entretenido, con muchos cambios de carretera y de escenarios. Adaptable a todos los estados de forma y a la improvisación. Eso sí, con la ruta estudiada y posibilidad de acceder a mapas en nuestro móvil, que la cobertura a veces juega malas pasadas en la alta montaña.

Foto © 1001puertos
Artículos relacionados
0 comentarios