Cordal, el aperitivo indigesto del Angliru

Cordal, el aperitivo indigesto del Angliru

El Cordal, o La Soterraña, es un paso de montaña que comunica Pola de Lena con la base del Angliru, en Riosa. Por ambos lados es un puerto incómodo, estrecho y con ese halo de protección de la vegetación que nos permitirá una ascensión placentera en meses de verano si las nubes no son parte del clásico paisaje asturiano. El color verde y el retorcimiento de la carretera en su ascender es uno de los grandes atractivos, además de su dureza. Lo más positivo es que esa gran dureza se acumula a lo largo de cinco kilómetros en los que el porcentaje medio asciende al 9%.

Algo que aún así no se puede tomar a la ligera, como se puede apreciar en el gráfico de Cyclingcols. Es un puerto durísimo que se atraganta si vas pasado de revoluciones desde el inicio, donde empieza esta dura ascensión. A las afueras de Pola de Lena comienza el sufrimiento, con un primer kilómetro ya de impresión que nos permite ganar altura muy rápido. De vez en cuando iremos ganando vistas sobre los valles contiguos, pero en general por ambas caras es una subida a media ladera con el embrujo de los árboles y la tupida vegetación, que parece meternos en un túnel del tiempo.

La relación con el Angliru es lo que ha afamado a esta bella subida, eternamente unida al coloso de Riosa. En cada edición que el considerado puerto más duro de la Vuelta a España ha sido incluido en el recorrido, el Cordal ha sido el aperitivo. Enlaza perfectamente con la subida riosana y permite muchos más encadenados por la zona. Por ejemplo, con la cima de La Cobertoria, bien desde Pola de Lena o por la pintoresca carretera que sube hacia Cuchu Puercu (Collado Puerco) y enlaza con la parte alta de la carretera hacia el puerto lenense. Cualquier opción es durísima y merece la pena, aunque si hay piernas ambas son combinables.

Lo que no sucede en este puerto es el tedio. Desde el inicio hay curvas constantes que nos hacen más entretenido el sufrimiento. Eso sí, pese a las rampas que encontramos, que alcanzan el 15% en algún tramo, existe algún tramo más fácil, si es que un 6% lo fuese. Esos pequeños 'descansos' hacen más accesibles estos cinco kilómetros y medio que aún así se hacen largos. También por su vertiente norte, la cual no tiene las rampas de doble dígito de su hermana del sur, si bien sí más longitud y una pendiente constante que si no se miden bien las fuerzas, se acaban por echar de menos.

La carretera tiene en este caso señalización horizontal, siendo siempre línea continua, dado el nivel de curveo del trazado. Es altamente interesante para practicar la constancia en el ritmo, porque es bastante constante esta cara del puerto. Son unos 10 kilómetros con una pendiente que casi siempre oscila entre el 5 y el 6%, si bien hay algún tramo de descanso. Se sube bien con un poco de paciencia si tu nivel no es muy bueno aún. Eso sí, el descenso requiere concentración, más si está mojado o húmedo, porque sus curvas tienden a cerrarse en la trazada.

Es una característica de muchos puertos en la zona, con ese riesgo de agua y el descenso con necesidad de tomárselo con calma para evitar sustos. Si los profesionales tienen problemas bajando esta montaña, cualquiera puede tenerlos. Lo mejor del puerto, además de sus rampas y la variedad que ambos lados ofrecen, es la posibilidad de combinarlos con otros tantos puertos en la zona, lo cual, teniendo tan poca longitud, da margen de maniobra a la hora de elaborar tus rutas.

Foto © 1001puertos

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