Si la Bonette es el puerto (de paso) asfaltado más alto de Europa, el col de l'Iseran lo es de forma natural. El primero establece su victoria por el ascenso hasta la lazada del Restefond, pero el segundo lugar no es un mal lugar y en todo caso roza los 2800 metros de altitud, que es lo importante. Vamos a explorar en este caso el lado sur, el que comienza en la localidad de Bonneval sur Arc. Desde allí son 13 kilómetros de subida con una pendiente media sobre el 7,5% y pese a dos descansillos claramente marcados, con zonas de gran dureza y constancia en la rampa.
Es un puerto del que es imposible escapar, ya que el comienzo se encuentra a unos 1800 metros de altitud. Se puede considerar el arranque mucho antes, incluyendo el Col de la Madeleine (mucho más leve, no es el famoso col alpino) en lo que supone la subida. Para llegar al pie de l'Iseran no hay otra opción, es necesario pasar por esta pequeña e intensa tachuela. Una vez coronada, terreno cómodo donde el viento soplará hasta que se aproxima el gigante alpino que vamos a atacar en breve.

Recorremos el corazón de Bonneval (recomendable una parada) y nos lanzamos a por las primeras curvas de herradura. Estos primeros kilómetros nos permitirán observar cómo ganamos altura sobre el valle, entre rampas que no superan el 10%, pero que en ningún caso bajan del 8. De pronto, tras cuatro kilómetros de un buen recibimiento por parte de la montaña, encontramos un falso llano que reduce mucho la pendiente. Ese descanso, en un terreno más rectilíneo será plácido si el tiempo no es excesivamente caluroso, porque es una de las características fundamentales: no encontraremos ni una sombra.
Cuando la pendiente recobra entidad, empezamos a ver cascadas en la lejanía, y las primeras instalaciones de la estación de esquí. El piso no está mal, aunque conserva ese aspecto antiguo y salvaje, sin señalización lateral y apenas central. Eso le da un toque entrañable y de gran alta montaña. Pasamos junto a la capilla de Notre Dame de Toute Prudence, que no será mala consejera a la hora de administrar las fuerzas en la subida y después la trazada en la bajada. Estamos a más de 2770 metros de altitud y la nieve suele aparecer en los picos. A partir de aquí ya todo son postales.

El paisaje es cada vez más rocoso y menos vegetal en esa parte final. Seguimos alternando tramos algo más rectilíneos con zonas de herraduras combinadas y continuadas, pasando varios puentes en esta segunda mitad para superar las constantes corrientes de agua con las que nos iremos cruzando. Cuando llegamos a la explanada en la que se asienta la capilla y vemos el cartelón del puerto, sentiremos alivio por un lado y pena por otro, porque el Iseran estará brillando en ese momento en todo su esplendor.
La bajada no debería revestir mayor dificultad. Sólo en épocas estivales, ya que el puerto está incluida en las famosas rutas de los cols alpinos, y en época de esquí tendremos tráfico. En invierno suele limpiarse de nieve para favorecer la comunicación entre las pistas de esquí, pero no sería raro verlo cerrado. Debido a su gran altitud es de los primeros que son afectados por el blanco elemento. Por la zona hay más montañas con las que combinar el precioso ascenso hasta aquí. Por el lado norte tenemos Tignes o la pista a La Sassiere, en sterrato ciclable. Por el sur, no es el Tourmalet, con pistas de esquí por doquier. Aquí solo alguna ruta para MTB, pero en carretera es un puerto muy solitario.
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