Jai Hindley, cola de león

Jai Hindley, cola de león

El ciclismo profesional es un deporte que no solo mide los vatios por kilogramo o la capacidad pulmonar; mide, por encima de todo, la resistencia del carácter. Existe un viejo refrán popular que afirma que es mejor ser "cabeza de ratón que cola de león", haciendo referencia a la comodidad de liderar un entorno pequeño en lugar de ser el último en uno de máxima grandeza.

Sin embargo, en la carrera del ciclista australiano Jai Hindley, la perspectiva cambia por completo. Hindley ha demostrado que ser la "cola de león" —mantenerse en la retaguardia de la estructura más poderosa del pelotón, esperando el momento exacto para rugir— es una estrategia de supervivencia y gloria. La trayectoria de Hindley está marcada por la resiliencia.

Nacido en Perth en 1996, su explosión definitiva en el panorama mundial ocurrió en el Giro de Italia de 2020, donde rozó la gloria eterna al quedar segundo tras una batalla agónica con Tao Geoghegan Hart. Aquel año, muchos lo vieron como una sorpresa pasajera, un "ratón" que había aprovechado una oportunidad única en una gran vuelta atípica. Pero el tiempo se encarga de poner a cada corredor en su sitio. Dos años más tarde, en 2022, Hindley regresó a las carreteras italianas vistiendo los colores del Bora-Hansgrohe.

No era el máximo favorito en las apuestas, pero se movió con la astucia de quien sabe resguardarse a la sombra de los grandes depredadores. En la penúltima etapa, en la temible Marmolada, lanzó un ataque fulminante que desbancó a Richard Carapaz, coronándose campeón del Giro. A partir de ese momento, el estatus de Jai Hindley cambió. Dejó de ser un aspirante para convertirse en un líder respetado, un auténtico "león" del asfalto. Sin embargo, el ciclismo actual vive una época de tiranía absoluta impuesta por monstruos insaciables como Tadej Pogačar o Jonas Vingegaard.

En este ecosistema, disputar el Tour de Francia significa, para el resto de los mortales, asumir el papel de perseguidores, de secundarios. Es aquí donde la metáfora de la "cola de león" cobra su máximo significado. En el Tour de 2023, Hindley debutó en la ronda gala con una actuación memorable. Ganó la quinta etapa en Laruns y se vistió con el maillot amarillo, saboreando el liderato de la carrera más importante del mundo. Aunque las fuerzas y la lógica de la carrera le relegaron finalmente a la quinta posición de la clasificación general, su desempeño dejó una lección clara: en un pelotón dominado por superdotados, saber ser la extensión de los más fuertes, aguantar su ritmo asfixiante y golpear cuando se abre una grieta es un arte en sí mismo.

Ser la "cola de león" en el ciclismo moderno implica una mezcla de humildad y ambición extrema. Hindley no posee la explosividad innata de los ciclistas que ganan clásicas al sprint, ni la superioridad aplastante en la contrarreloj. Su terreno es la alta montaña, la acumulación de fatiga y la estrategia de desgaste. Sabe sufrir a rueda de los trenes de los equipos dominantes, manteniéndose oculto en el grupo de favoritos mientras los demás se quedan rezagados. Es la última parte del depredador, la que equilibra el cuerpo antes del zarpazo definitivo.

Jai Hindley encarna al ciclista que no teme medirse contra los gigantes. Sabe que pertenece a la élite y que, en el ciclismo de tres semanas, la regularidad y la inteligencia táctica valen tanto como el talento puro. Puede que el foco mediático no siempre apunte hacia él, pero cuando la carretera se empina y las fuerzas flaquean, la cola del león se agita, demostrando que sigue unida a la fuerza del animal más temible del pelotón.

Sonó para Visma. Tanto que en algún envite del Tour de Francia se le vio dando agua a Jonas Vingegaard y sus compañeros de equipo. Extrañó el gesto, pero algo no debió cuajar y el aussie firmó la renovación por el Red Bull Bora hasta 2028. Un puntal para todo lo que viene, donde van a necesitar toda la capacidad escaladora que les sea posible.

Foto © Red Bull


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