El ciclismo vs el ciclismo

El ciclismo vs el ciclismo

Decir que el mundo está loco no es, por desgracia, original. Los tiempos se trastabillan cada vez a mayor velocidad, los conceptos, las esencias y los principios pasan por delante de tus ojos al ritmo del giro de un caleidoscopio. Las bondades de la teoría de Heráclito y del movimiento, por algo es mejor el agua corriente que estancada, está claro. Las organizaciones de estructuras etéreas son al final seres vivos que laten, respiran y acaban por tener apetito, tanto como para devorarse a sí mismos. Canibalismo, esa palabra tan belga y tan ciclista, tan de Saturno, aunque los anillos en este caso sean símbolos de otro deporte, aplicado en multidirección, no sólo hacia su filio como en el mito.

Las Pinturas Negras goyescas ofrecen la oscuridad y falta de perspectiva de la pared del túnel que estamos atravesando día a día, al igual que el marco de la ventana añade un color más a la mezcla de tonos que nuestras pupilas están recibiendo. Cada paso influye. Cada palabra queda. E influye en una dirección o la contraria. En ese mundo de influencias e influencers, de canciones de seis segundos y de subida generalizada de la temperatura, el ciclismo viene a ser una gota más en un océano más. Un deporte que es también una forma de vida para muchas personas.

De personas vamos a hablar, de las personas que componen el ciclismo, y que son las que diseñan el armazón que sostiene el presente y el futuro, quienes garantizarán o impedirán de forma voluntaria o involuntaria que esas personas sigan recorriendo el mundo en bicicleta y que el mundo de la bicicleta nos recorra a todos nosotros por dentro. Las decisiones, los pasos, las palabras, activar el intermitente hacia un lado o hacia el otro, hacia perder o ganar un norte. Cuando no existe una estructura robusta, elaborada con contrafuertes, el mínimo viento pone en riesgo la estabilidad de la obra. El triunfo del armazón o el del Armagedón, opuestos en la similitud.

El ciclismo avanza con pocas brújulas y muchos hilos. La dirección del vehículo que lo transporta parece obviar sus revisiones, la reflexión sobre los ajustes y la aplicación de las conclusiones obtenidas. Vamos hacia una escena poblada de intereses y pequeñas telas de poder que arrastran la manta hacia un lado y otro de la cama, desvistiendo lugares en lugar de tejer ampliaciones, nuevos módulos a una casa ya de por sí con demasiados habitantes con voz y sin voto, con voto y sin voz. Esas subdivisiones de poder que han llegado por soltar la soga, por apretar flojo, acabarán por romper el chicle que todos pensaban que daría de sí.

Lo malo de dar por hecho y no regar cada día. El conformismo y el cortoplacismo son malas herramientas para combinar en una misma fórmula. La hipertrofia de fechas que sufrimos, superponiendo unas carreras sobre otras. Abarcar para no apretar, demasiados comensales a la mesa. Mismo caso con el mundo cicloturista, con marchas en cada pueblo y la guerra por su cuenta. Y con más y más aspectos que desunen, en cascada, la fortaleza de los tejidos del ciclismo. Los focos no están muy bien colocados, proyectando sobre áreas que distraen de lo más importante y central. La rapidez o la base, crecer a cualquier costa en lugar de crecer seguro.

Los viajes de tres semanas procurando enamorar a aquellos que no palpitan por la bicicleta, buscando amor fuera sin haber preguntado en casa primero. La aceleración en la evolución simula la trayectoria gravitacional de una piedra dirigiéndose hacia el suelo, cada vez más deprisa, cada vez más segura de su autodestrucción al alcanzar su meta. Más licencias, más cánones, más eventos que antes deambulaban con gracia por el calendario eclipsándose entre sí. El ejemplo, las dos semanas de los Súper Mundiales que han hurtado a esas otras modalidades sus minutos de gloria. La necesidad de tocar lo que funciona, de hacerse un hueco artificial y forzado en la historia. Ahora, turno para las grandes, con la idea encima de la mesa de reducirse a 16 días.

El aficionado de siempre ve pasar su tiempo en toda esta aceleración. Sus elecciones se vuelven más elitistas. Las opciones aumentan, el ciclismo es una más dentro de una montaña de ofertas. Cuando descubres que el deporte que sigues apuesta por valores contrarios a los que te engancharon a él y que el desprecio por tu presencia aumenta de forma inversamente proporcional a las ganas de seguir formando parte de ese círculo. A veces, un acto de fe. Entre los criticados al tiempo que utilizados clickbaits, se construye un relato que ha comenzado a degenerar en GH.

Los tweets decidiendo Vueltas a España, actores y actrices justificando la falta de cuota de pantalla, vertiendo la feroz culpa sobre los opinadores que esta vez fueron críticos, muestra de que al menos compraron el producto y estuvieron allí. Desde el punto de vista liberal de la vida nunca se entendería la crítica pública a la opinión constructiva del cliente, de aquel que no comete faltas de ortografía al hablar. Alardes de desconocimiento del proceso, del modo de financiación, de cómo es la cadena alimenticia que cada día les proporciona alimento. Mucha gente bajándose en cada estación.

Mantras y populismo, un cóctel interesante para desinformar. Para otros, mejor el silencio. El dedo apuntando al cielo, los demás mirando el dedo. Queriendo cambiar un buen regalo porque la caja no funciona. Sin ni siquiera imaginar el camino a recorrer, cómo se llamarán los hijos, qué clase de vida visualizo para los futuros míos. Nada más allá del rato siguiente, un mal método para escuchar problemas futuros cuya solución comenzó a ser aplicable mucho antes de iniciar el trámite. Demasiadas voces, demasiados desvíos de atención. Las revoluciones no siempre son para bien. La creatividad, de existir, no siempre se aplica en la medida ni en la dirección necesaria.

En un mundo tendente a desconcentrarse, el ciclismo concentra talento. Difícil de regular, al menos habrá que poner la mesa antes de la comida y no después. Sucede lo mismo con la venda y con la herida, que sangra y nadie cierra. El negacionismo también ocurre en las mentes de quienes evitan llamar a las cosas por su nombre. El negocionismo sucede en los mismos términos, con la diferencia de no ser casual, sino causal. La memoria nunca gana el pulso al interés, al menos de puertas para afuera. Como tal, sobrevive la madeja de carreteras que confluyen en un punto, la incomparecencia de la voluntad de evolución, que es el cambio a mejor.

La involución acecha, la manera de articular el desprecio hacia lo desconocido vuela hacia cielos nunca alcanzados. Tiempos futuros que uno a uno van apilándose en el pasado y que no por ello deben ser invalidados o descalificados por ninguna actualización. El ciclismo debe planear en ese cielo en un vuelo con demasiados pilotos y nadie a los mandos.

Foto © Sirotti


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