Ha pasado década y media entre el "por desgracia" de Abraham Olano después de la recordada machada de Alberto Contador camino de Fuente Dé y los lamentos de Thierry Gouvenou tras el paso por el Tourmalet que puso en bandeja el triunfo para Tadej Pogacar. De 2012 a 2026 ha cambiado el paradigma, tanto que ahora se dice que vivimos el mejor ciclismo de la historia. Sin embargo, los complejos que limitaban entonces siguen vigentes varias generaciones después. El axioma es sencillo: carrera sin decidir hasta el final es sinónimo de mayor interés por saber quién va a ganar. Perogrullo puro y duro. Pues como la mayoría de las cosas en esta vida, depende. Un duelo a tres con gente tan mediática como Contador, Valverde y Purito puede funcionar. Otro con Jai Hindley y Tao Geoghegan Hart, bastante menos.
Hay muchos más factores bajo la batidora que influyen en que la ecuación acabe funcionando o no. La competencia de otros deportes, el nivel de publicidad que se le dé a un evento, la motivación al público para asistir o apoyar una carrera, que los ciclistas implicados transmitan y lleguen al aficionado, etc. Conseguir un escenario de clasificación general por decidir en el último instante es el ideal, la ballena blanca que persiguen los organizadores en cada edición de las tres grandes vueltas. Que los corredores no se espanten, favorecer el "sí, quiero" de los más renombrados y que la opinión general a la vez que la mayoría de los corredores me aplauda.
¿Lo consiguen?
No. Uno de los casos de grandes vueltas decididas al final más recientes es la victoria de Primoz Roglic en el Giro de Italia de 2023, sentenciada en la contrarreloj del penúltimo día al Monte Lussari después de tres semanas de un espectáculo más tedioso que divertido. Otros casos pueden ser el Tour de Francia que Tadej Pogacar le arrebata en la última contrarreloj precisamente a Primoz Roglic o la Vuelta de Fabio Aru y Tom Dumoulin. Hay desenlaces muy divertidos como los que tuvieron lugar en la Vuelta 2019, el Tour 2022 o el Giro 2016 que no necesitaron decidirse en las últimas etapas para tener atractivo. Con meter en la batidora un recorrido que posea intención, un ramillete de corredores que no se conformen y que no haya un corredor que sobresalga sobre el resto, tienes elementos para un buen cóctel.
Las diferencias las marcan las fuerzas
¿Recuerdan la edición 2007 de la Vuelta? Cuatro etapas con llegada en alto (Cerler, Arcalís y Abantos eran tres de esas metas) en etapas unipuerto de facto. Setenta y dos kilómetros contra el crono fueron el contrapeso. Denis Menchov sentenció la prueba en la contrarreloj de Zaragoza y la conclusión a la que llegó la organización es que les fue la mano con los kilómetros cronometrados. No que incluso en un recorrido tan poco defendible lo que marcan la diferencia es la diferencia, valga la redundancia, de fuerzas entre unos corredores y otros. Si Tadej Pogacar no disputa la Vuelta 2026, seguro que la etapa de Andorra no decide la carrera. Ni el Tour 2026 el Tourmalet. Es de cajón de madera de pino.
Vade retro, contrarreloj
Son la especialidad señalada. Los duelos a contraestilo eran espectaculares y los hemos perdido. Que un rodador coja ventaja en la crono y después la defienda en montaña frente a los escaladores daba mucha vidilla. No siempre, porque los hay conformistas, pero ante gigantes de los que el propio ciclismo actual presume, las etapas de montaña iban a resultar mucho más entretenidas. ¿Que en contrarreloj gana el mismo que en la montaña? Bien, ¿y? ¿No va a ganar igualmente? Vivimos presuntamente un ciclismo excepcional donde se llevan la batalla a varios puertos de meta. ¿Por qué no potenciarlo? Una mayor dosis de contrarreloj, dado el contexto actual, tal vez equilibraba las fuerzas en estos días y permitía que hubiese carrera durante más tiempo.
Cuantos más días de montaña, mejor
Pero que no parezca un recorrido excesivamente duro, no sea que uno o dos nombres se caigan de la lista de participantes. Si en algún caso nos pasamos, aplanamos los perfiles para que las etapas parezcan menos duras de lo que son (ver etapa 20 del Tour de Francia). Al revés también se da, tan fácil como manipular el sistema cartesiano. Lo ideal, días menos duros (y cortos) para distribuir la comentada dureza entre más días. Como la montaña es la que da más audiencia, abusamos de este elemento. El problema es, de nuevo, el tedio. Si nuestro postre favorito es el pudding y lo comemos a diario, corremos el riesgo de empezar a apreciar el flan o la tarta de queso.
Ideas al aire
Si quieres mejor audiencia, empieza por vender mejor el producto. Establecer un solo canal de emisión en abierto suele ayudar a encandilar a más aficionados. También una mejor realización que nos permita ver en directo las cosas cuando pasan. Si se pudiera elegir ciclismo sin comentarios, mejorarían las audiencias, no me cabe duda. Estos aspectos tienen tanto relevancia como el atractivo del recorrido. Hablando de trazados, ¿por qué no diseñar uno variado, con etapas de todo tipo que reserve elementos para las tres semanas y que así todos los ciclistas tengan que dar el do de pecho durante veintiún días? Porque actualmente parece que el interés es que uno de los buenos coja el liderato y lo luzca durante toda la carrera sin más alternativa.
Foto © Cxcling
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