Se dice de las comparaciones que son odiosas. Y es cierto, porque no hay dos ciclistas iguales, por mucho que a unos se les cuelgue del cuello el cartel de herederos de otros o protagonicen una biografía similar. Paul Seixas no es Bernard Hinault. Paul Seixas no es Eddy Merckx. Paul Seixas no es Tadej Pogacar, ni lo va a ser nunca. La tiranía que ejerció sobre el Giro de Lombardía conlleva lecturas en mi opinión equivocadas y que le pueden pasar factura en el largo plazo. Que el francés se encuentra en ese ramillete de aspirantes a ganar toda carrera que se les ponga entre ceja y ceja es evidente. Que tenga que convertirse en el relevo de Tadej Pogacar lo cuestiono más.
El esloveno es una sombra alargada sobre sus rivales. Aún lesionado les marca el paso. No hay más que ver cómo durante los últimos años Jonas Vingegaard cambió la forma de correr para igualarle en esa particular Guerra Fría entre ambos de camino al mes de julio. Es legítimo para Paul Seixas querer medirse y desafiar los límites de lo conocido. El problema viene cuando se comprueba el carné de identidad y se observa que el corredor de Decathlon acaba de alcanzar la veintena hace apenas unas fechas. Una cuestión es enfrentarse a tres semanas de gran tensión como un Tour de Francia. Otra muy distinta estirar el chicle a toda la temporada. No hay que obviar que el francés de Lyon lleva en la pelea desde febrero.
¿Cuestión de ambición o de producción?
Paul Seixas es un ciclista extraordinario, sería inútil negarlo. Pero debe ser construir una carrera para Paul Seixas, no intentar seguir los pasos de Tadej Pogacar. Sí, ha ganado un monumento, clásicas, vueltas de una semana, se ha llevado medalla en el Mundial y un cuarto puesto en el Tour de Francia, caída en Dauphiné mediante. Para una temporada de debut en la élite, no está nada mal. El ciclista ha declarado en más de una ocasión que no quiere heredar a Pogacar, sino que quiere derrotarle en la carretera, lo cual es de admirar para un ciclista tan joven.
Sin embargo, da la sensación de que hay interés en convertirle en una especie de heredero, en un ciclista total capaz de dominar el panorama ciclista internacional a todos los niveles. Es ahí donde creo que viene el error. Hay corredores especializados en grandes vueltas, en carreras de una semana o de un día. Concentrar los tres poderes en un mismo corredor es un hecho extraordinario, lo mismo que hasta no hace tanto tiempo lo era la capacidad para estar en forma y disputando de febrero a octubre. Para un corredor tan joven, que el listón se encuentre tan alto tan pronto puede generar consecuencias, y no positivas.
Es un cuerpo todavía en construcción, el propio Paul no sabrá dónde están los límites de sus capacidades como ciclista. Por ello, pese a la plausible ambición de acumular victorias y prestigio, nadie debe olvidar que se trata de un corredor en fase de hacerse y de conocerse. Sí, los grandes campeones no han tenido barreras a la hora de empezar a dominar el mundo. Pero hablamos de edades muy diferentes a las que antaño se solía destacar. El propio Eddy Merckx ganó el primer Giro de Italia a punto de los 23 años. Bernard Hinault conquistó la Vuelta a la misma edad. El camino entre los 19 y los 23 es muy importante a la hora de estructurar física y mentalmente para una persona joven.
Pogacar conquistó el Tour con 20. Con 19 estaba desafiando a los grandes de la Vuelta y subiéndose al podio. Pero entenderemos que Tadej es un caso excepcional, un rara avis en la historia del ciclismo que se mide directamente con Merckx. Querer volar con Seixas a esas altitudes puede ser un exceso de carga sobre un cuerpo y una mente tan joven. Las consecuencias quizá no se vean nunca, tal vez cuando el foco deje de estar instalado sobre su persona.
El caso de Juan Ayuso
Hay casos actuales que se están observando en vivo y en directo que deben llamar a reflexión. Uno de ellos es el de Juan Ayuso. Empezó a destacar muy joven, queriendo desafiar a Tadej Pogacar desde el mismo equipo, luciendo el mismo maillot. Mucho mérito estar disputando un calendario ambicioso con 19 años, llegando a la élite a edades poco comunes hasta entonces. Hoy día, muy fuera de sitio, de su nivel. El ciclismo no es solamente piernas, sino cabeza, un músculo al que hay que dejar madurar a la velocidad adecuada, la que cada persona necesite.
Sí, ese mantra ha cambiado. Del mismo modo que antaño los corredores alcanzaban su cénit con 27 años, a lo Miguel Induráin y poco a poco se fue adelantando ese prime a los 22-23. Hoy las carreras se adelantan, quién sabe si se alargan en el tiempo o no. El paso de los años nos lo va a relatar. Ahora los grandes talentos explotan antes y es cuestión del tiempo juzgar. No es cuestión de esperar para siempre, de retrasar lo inevitable. Pero una cosa bien distinta es pasar de rumorearse la participación en el Tour de Francia a disputar un calendario que solo Tadej Pogacar podría firmar.
En 2025, el galo estaba disputando el Tour del Porvenir y dejando destellos en carreras de segundo orden. En 2026, ya está compartiendo fotos con Remco Evenepoel y el propio Pogacar. ¿No es demasiado apresurado? Nunca se sabrá cuál es el camino adecuado, ya que los grandes talentos desbordan y construyen solos, a veces mejor sin tanto toqueteo por parte de directores e intereses varios. Esperemos, por el bien del ciclista y del ciclismo francés que la apuesta salga bien, que sea exitosa.
La presión y la duda del cambio de equipo
Claro, es inevitable para un ciclista tan joven renunciar al sueño de liderar un equipo como UAE, el dominador de la década. Lo han ganado todo y sería un salto de calidad en cuanto a rodearse de los mejores del mundo para impulsarle en sus propósitos. No es que Decathlon esté haciendo las cosas peor, que la evolución del conjunto francés está siendo espectacular en los últimos tiempos. Pero entre un emergente y los mejores del momento, surge la duda. Porque en una plantilla así, o rindes o vas al rincón de pensar. O, peor, te degradan a gregario de lujo, tal es la competencia. Cabeza de ratón o cola de león, la eterna duda. Con la ambición de Seixas, no cabe duda que sus deseos giran en torno a ser cabeza de león. El problema, esperar al ocaso del actual Rey de la Selva.
Todo esto son añadidos que pululan en torno a su figura y que, pese a que el entorno trate de aislarle, acaba pasando por la cabeza de una persona tan joven. Dentro de lo que cabe, parece un chico bien amueblado y que en las declaraciones a medios no lanza campanas al vuelo ni parece desubicado. Pero todo ejerce una influencia. Es fácil mantenerse erguido cuando las cosas fluyen de forma correcta. El problema vendrá cuando las ramas de los árboles crezcan torcidas. Será ahí cuando veamos la realidad y podremos medir en proporción.
Foto © La Presse
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