Entrevista a Javier Mínguez: «Me hubiese encantado dirigir a Van Aert»

Entrevista a Javier Mínguez: «Me hubiese encantado dirigir a Van Aert»

Conversamos con Javier Mínguez, genio y figura del ciclismo español. Vallisoletano nacido en Valdearcos de la Vega, el 1 de febrero de 1949. "Monglorio" fue ciclista y corrió solo una temporada como profesional, en 1973. Después fue director deportivo de equipos amateur y luego de profesionales: Moliner-Vereco (1979-1980) primero y, después, entre 1981 y 1993, una estructura ligada a los nombres de sus sucesivos patrocinadores, como Zor (1981-1986), BH (1986-1990) y Seguros Amaya (1990-1993), hasta fusionarse con Banesto en 1994 y 1995. Regresaría con Vitalicio Seguros-Grupo Generali entre 1998 y 2000. Tras un parón, fue seleccionador nacional entre 2013 y 2018. Muchos recuerdos los que puede contar.

Como director, ganaste la Vuelta a España con Faustino Rupérez y luego con Álvaro Pino. ¿Qué supuso la primera victoria con Rupérez?

JM: Debutamos con el Moliner-Vereco en la Vuelta a España 1979, el primer año profesional del equipo, y un año después, en 1980, como Zor-Vereco, ganamos. Rupérez ha sido un ciclista muy disciplinado, obediente y sufrido. Tenía también una gran condición física. Era un corredor al que no podías dejar unos metros; tenía un estilo parecido al de Remco Evenepoel ahora, salvando las distancias. Camino de la Seo de Urgell, en la quita etapa, arrancó un ciclista, Faustino continuó el ataque, el otro pinchó... y cuando se quisieron dar cuenta, les clavó más de tres minutos, lo que le sirvió para ponerse líder y tener margen para ganar la Vuelta 1980. Rupérez subía bien sin ser un gran escalador. Tampoco era un gran contrarrelojista, pero tenía mucho poderío físico.

Con esa victoria de 1980, Zor se convirtió en un referente de esos años con el propio Rupérez, Chozas, Pino, Arroyo, Alberto Fernández...

JM: Teníamos muy buen equipo, muy buenos corredores, pero nos faltaba un patrocinador más estable que invirtiera pensando en el futuro. Cada año nos quitaban uno o dos de los mejores ciclistas. Eso nos impedía crecer. Después de Zor vino la época de Seguros Amaya. Finalmente, eso sí, monté también una correduría de seguros yo mismo, que es un negocio que tiene mejores y peores momentos, como el ciclismo.

¿Cómo vivisteis la Vuelta a España 1984 que ganó Éric Caritoux a Alberto Fernández por 6 segundos?

JM: Alberto perdió realmente la Vuelta en Rasos de Peguera, en la séptima etapa. Iba muy fuerte. Teníamos a Chozas delante tirando y se fueron los dos con Caritoux, pero, en lugar de llevarle a tren y pactar con el francés repartirse etapa y liderato, Alberto tuvo una "ceguera" y se puso a atacarle sin parar. Quería ganar la etapa y entrar solo. No esperó a que Chozas hiciera el trabajo. Alberto atacó muy pronto, se volvió loco y se fundió en el último kilómetro. Podría haber entrado con Caritoux y al final perdió un minuto y le pasaron Delgado y los colombianos de Teka (Patrocinio Jiménez y Edgar Corredor). En la habitación ya le dije a Alberto que había perdido la Vuelta. Él reconoció el error. Luego en la antepenúltima etapa, en la crono de Torrejón de Ardoz, le faltaron esos 6 segundos, pero Caritoux salía líder y se supo defender, tenía todo a favor. Si cometes un error, pagas el error. Si en Rasos de Peguera yo hubiese tenido pinganillo o hubiese podido pasar para dar instrucciones a Alberto, habría ganado esa Vuelta con diferencia, pero eran otros tiempos. Alberto ya había sido 3º en el Giro de Italia del año anterior.

Al final de 1984, Alberto Fernández murió en un accidente de tráfico. Debió ser un golpe muy duro. También años después con Antonio Martín.

JM: Yo he tenido dos o tres golpes mortales de cerca, como director. Recuerdo el 14 de diciembre de 1984, el día de la muerte de Alberto Fernández. Alberto era un grandísimo ciclista. No fue el primer golpe. Recuerdo a Blas Domingo Llidó, un chico de Alicante que había fichado, pero iba a correr conmigo... y el 1 de septiembre de 1978 le mató un camión antes de poder hacerlo. A Blas no pude apenas conocerlo. El 11 de febrero de 1994 es una fecha que no olvido: la de la muerte de Antonio Martín. Antonio Martín era el futuro del ciclismo español, por eso Banesto se fusionó con Seguros Amaya; desde Banesto necesitaban más corredores y sabían que Antonio estaba llamado a tener éxito y triunfar. Antonio era de esos ciclistas que, como Indurain, tenían las tres condiciones (cabeza, tronco y extremidades). Los médicos de Banesto, Sabino Padilla y Guillermo Cuesta, ya vieron en las pruebas de esfuerzo que Antonio Martín era el único que podía igualar a Indurain. En su primer Tour, Antonio hizo entre los diez primeros y mejor joven. La ONCE llegó a ofrecerle a finales de la temporada 1993 el doble de lo que cobraba con nosotros, pero su madre le recomendó seguir conmigo, confiaban mucho en mí para que consiguiera llegar a lo más alto. El propio Antonio me contó por teléfono lo de la oferta de la ONCE, algo de quitarse el sombrero. Un par de meses después, en febrero, murió.

Volviendo a los años 80, la Vuelta a España de 1985 fue la de la victoria de Pedro Delgado por delante de Robert Millar. ¿Te hubiese gustado dirigir a Perico en sus mejores años?

JM: Te voy a contar algo de esa Vuelta. El mejor no fue ni Delgado ni Millar, sino el colombiano Pacho Rodríguez, corredor nuestro de Zor, pero en la tercera etapa que acabó en Santiago de Compostela perdió tiempo porque pinchó a kilómetro y medio de meta. En aquellos años la norma era que no se descontaba tiempo si el pinchazo era en el último kilómetro. En la etapa por la sierra de Segovia, cuando se escaparon Delgado y Recio, el director del Peugeot del líder Millar, Roland Berland, se paró y me dijo que tirásemos nosotros, que íbamos segundo con Pacho. Berland se quería reír de mí en la cara. Al final, fue una lotería y ganó Delgado. Son circunstancias de la carrera. Por cierto, Perico creció en la cantera del Moliner-Vereco de Valladolid. Fui yo quien le pasé de juveniles a amateur. Vino a correr con nosotros desde chaval, ya se le veían unas cualidades estupendas. ¡Subía muy bien! Después de irse a hacer la mili. Perico tenía acordado de palabra que firmaría con nosotros para correr en Náquera, una carrera importante en la que había mucho dinero en premios... Perico no apareció. Me la jugó y firmó con Reynolds. Teníamos la mala suerte de no tener patrocinadores que pudieran invertir tanto como otros. Sembrabas, pero cada año nos quitaban muchos corredores. Perico no era de Reynolds como se dice, era nuestro. Años después volví a coincidir con Perico en Banesto, en 1994, pero ya era en su último año.

En 1986, sí lograsteis ganar de nuevo la Vuelta a España con Álvaro Pino. También se recuerda esa edición por "la huelga de las Palomas", porque en la penúltima etapa decidieron subir ese puerto de categoría especial agrupados. ¿Qué recuerdas de esa Vuelta?

JM: Sí, la Vuelta salía de Palma de Mallorca. Recuerdo que Víctor Cordero, que llevaba las cuestiones del equipo Zor-BH años antes de dirigir Unipublic, me preguntó cómo estaba Pacho Rodríguez para la Vuelta. Yo le dije que mal, que el único que estaba bien era Álvaro Pino. Cordero me dijo que entonces como mucho podríamos aspirar con Pino a un 5º puesto en la general final. Los directivos no saben nunca cómo están realmente los ciclistas. Pero yo sabía cómo estaba Pino: Álvaro estaba que se salía. Respecto a lo de las Palomas, fue una "mafia de los corredores", que se calientan la cabeza, cabreados por los traslados o el recorrido. Los ciclistas cabecillas del pelotón deciden que "mañana vamos despacio" y se suman el resto porque les conviene, porque a esas alturas de la Vuelta muchos estaban ya reventados. Fue algo que surgió en carrera sin más.

Otro gran ciclista que pasó por tus manos fue Laudelino Cubino. ¿Crees que, en el ciclismo actual, donde no es tan importante la crono, le hubiese ido mejor a Cubino? ¿Crees que tenía potencial para más?

JM: Lale era el Curro Romero del ciclismo. Cubino tenía una clase espectacular, calidad y una cabeza serena, tranquila. Si ganaba, ganaba. Y si se quedaba, lo aceptaba. No tenía la tensión en la cabeza de otros ciclistas más competitivos como Álvaro Pino, que solo querían ganar. Cubino lo mismo se levantaba una mañana, veía que hacía sol, decía que iba a ganar y ganaba, que se levantaba un día de lluvia y decía que no quería correr. Aun así, Cubino tiene un palmarés de lujo: ha ganado en el Tour del Porvenir, en la Vuelta a Colombia, ha sido campeón de España, tiene victorias de etapa en Vuelta, Giro y Tour.

Después de la experiencia en Banesto, vendría el proyecto de Vitalicio Seguros, entre 1998 y 2000. En esos años, os enfrentasteis a Jan Ullrich con un Igor González de Galdeano que peleó hasta el final. También estuvieron allí otros ciclistas como Casero, Clavero o Freire. ¿Qué recuerdas de esos años?

JM: En la salida de la Vuelta a España 1999 en Murcia, a primeros de septiembre, vi a Ullrich que no parecía ni él mismo: había perdido como mínimo 15 kilos respecto al Ullrich que habíamos visto en marzo en la Setmana Catalana, que se quedaba en todas las subidas y daba hasta pena. Desde la salida en la Vuelta ya pensé que lo teníamos complicado. Efectivamente, Ullrich fue de menos a más y fue muy superior a los demás. Igor ganó el prólogo de Murcia y la etapa de Andorra, y al final fue 2º en la general. En el año 2000, Igor se cayó en la etapa de Asturias y se tuvo que retirar. Vitalicio era un proyecto para 5 años, pero solo pudimos estar tres. Una pena. Ya el segundo año, como no había seguridad en el futuro, se nos fueron ciclistas importantes, como Casero a Festina. Y eso que en 1999 ganamos un Campeonato del Mundo con Óscar Freire, que también se fue, a Mapei-QuickStep. Mantenerlos era imposible porque era un dineral y no teníamos proyecto a largo plazo. El patrocinador principal lo dejó y no tuvimos opción de seguir. Se deshizo el equipo. En mi carrera he tenido mucha suerte con muchas cosas, pero con los patrocinadores no.

Años después, en 2013, volviste al ciclismo como seleccionador nacional. ¿Cómo surgió esa oportunidad y cómo la viviste?

JM: Hubo unas elecciones a presidente de la Federación en 2012. Se presentó un amigo, Paco Antequera, que había sido seleccionador. Paco me llamó por teléfono y me pidió el apoyo, que se lo di sin problemas. Después, tomando un café con José Luis Cerrón, que es de Valladolid y debutó como profesional conmigo como director, me dijo que lo mismo se volvía presentar. Cerrón ya se había presentado en 2008, pero no tenía apoyos. Tomando ese café en 2012 le dije a Cerrón que se presentara con Antequera, José Luis como presidente y Paco como seleccionador. Pero Cerrón me dijo que Antequera le había traicionado en las elecciones de 2008, apoyando en el último momento al que ganó, Juan Carlos Castaño. Y encima le había salido mal a Antequera, porque Castaño le destituyó de seleccionador y puso a José Luis de Santos. Así que en 2008 se habían quedado en pelotas los dos, Antequera y Cerrón. Total, que José Luis Cerrón me dijo tomando ese café en 2012 que, si él ganaba, tenía que ser yo el seleccionador. Yo le pregunté que cuánto iba a cobrar y me dijo que nada, porque no había dinero en la Federación. Cerrón ganó y me insistió en que yo tenía que ser el seleccionador y en que no había dinero. Me pidió que le echara una mano. Cerrón me dijo que no había sueldo, pero sí primas por resultados. Cerrón había sido ciclista conmigo como director, es de Valladolid y yo le pasé a profesionales, también fue mi segundo director deportivo durante muchos años. Al final, te calientas la cabeza por hacer el favor a un amigo y pasa lo que tiene que pasar: ni dinero ni amigo. En el Mundial de Florencia en 2013, conseguimos dos medallas (Purito fue plata y Valverde bronce). Justo después nos reunimos en Benavente con los organizadores del mundial de 2014 de Ponferrada y le pregunté a Cerrón por las primas: me respondió que la Federación las había eliminado para Mundiales y que solo habría primas para los Juegos Olímpicos. Acepté ser el seleccionador en Ponferrada, de nuevo sin contrato ni primas, y logramos una medalla más (Valverde, bronce). Después de dos años, Cerrón por fin me hizo una oferta y me dijo que no me podía ofrecer nada más que 25.000 cada temporada. Lo acepté y firmé dos años, 2015 y 2016. Como volvió a salir presidente al final de 2016, renové por esa misma cantidad en 2017 y 2018. Cuando ganamos el mundial con Valverde en 2018, en Innsbruck, en la cena de después, Cerrón se puso a llorar de la alegría, como si hubiese ganado él, y dio un discurso diciendo a los ciclistas que, si ellos querían, yo seguiría. En plena fiesta los ciclistas se pusieron a cantar: "¡Mínguez, quédate!" Y Cerrón dijo que sin problema, que yo ya tenía ya firmada la renovación, cuando era mentira. Cerrón no había acordado nada conmigo. En el autobús de la selección, un auxiliar, bromeando como estaban todos, le pidió a mi hijo de 5 años que le dijese a Cerrón que me subiese el sueldo. Y Cerrón fue con esa historia a un periodista, Fernando Llamas, que fue tan... como para publicarlo. En ese artículo se decía que Cerrón se había sentido traicionado por mí. ¡Traición la suya! Mi mujer lloró porque en la noticia metieron por medio a nuestro hijo. Después del mundial me tocó ir a dar la cara con Valverde a Telefónica y fui. También me pidió que fuera al Consejo Superior de Deportes, pero ya me negué. Cerrón me insistía en que era el comité de la Junta Directiva el que había decidido no subirme el sueldo porque no había dinero. Pero yo tenía la información. Los estatutos de la Real Federación dicen que solo el presidente puede nombrar, firmar o cesar al seleccionador. Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito... Y claro que había dinero: el seleccionador de pista cobraba el doble que yo, 50.000. Esperé diez días a que Cerrón me dijese algo. Pero al día 11, ya no aguanté más. Mandé a la mierda a Cerrón y a la Federación. Cerrón había estado toda la vida a mi lado y yo creía que era buena gente. Pero cuando le dieron el poder, me acuchilló para poder decir: "Aquí estoy yo, que soy el jefe." Yo me fui con la cabeza bien alta. A otros como Cerrón, cuando se acabe lo suyo en la Federación, no les conocerá nadie. Podrá decir que han sido campeones del mundo con Valverde, pero no es mérito suyo, sino de Valverde, que es muy bueno. Todo en la Federación es un mamoneo político en el que el que manda de verdad no es el presidente, sino alguien a quien no le gusta ni le interesa el ciclismo. Estaba todo mangoneado por detrás. Por ejemplo, antes de Innsbruck tuve muchas peleas, porque no llevé a ningún Movistar, salvo a Valverde. Yo no pintaba nada allí en ese mundo. En realidad, me hicieron un favor no renovándome. Porque para ofrecerme de nuevo la mierda que me estaban pagando, como hizo Cerrón, más vale no ganar nada. Por ese dinero que me ofrecían no merece la pena tener una responsabilidad como la de seleccionador. En aquel momento, te sale el cabreo. Pero, después, estás feliz, contento. No te compensa. Y esa fue mi historia en la selección.

¿Qué diferencias encontrabas entre tu etapa como director deportivo y tu etapa como seleccionador?

JM: Yo veo el ciclismo a mi manera, con mis errores y con mis aciertos. Desde la televisión veo los errores que cometen los demás y si me pongo en el coche, como director, seguro que otros ven los errores que cometo yo. Cuando volví en 2013 como seleccionador, era cien veces mejor director que cuando estuve como director años antes. Como habían pasado esos años, tenía más experiencia, serenidad, temple, otra edad...

Nos gustaría preguntarte por Valverde. ¿Qué es o ha sido para ti Alejandro? ¿Crees que podría haber hecho otras cosas si hubiese corrido en otros equipos? ¿Crees que ha retrasado demasiado su retirada?

JM: Yo he tenido la suerte de tenerle como seleccionador. Valverde es un número 1 del ciclismo mundial. Es un lujo. Alejandro es un niño grande que se divierte compitiendo en bicicleta. Cuando Valverde se baja de la bicicleta, le encanta hacer bromas. Es feliz riéndose con todo. Tiene calidad y espíritu de sacrificio, pero también mucho sentido del humor. Siempre quiere ganar y por eso a veces también se ha equivocado, pero es normal cuando eres uno de los mejores. Creo que a Valverde sí le hubiese venido bien correr en otros equipos, pero él se encontraba muy a gusto en Movistar, con su gente, no porque fuera el único líder o cabecilla. Si Valverde hubiese tenido la ambición de irse a otros equipos o mudarse a Andorra, como otros, para que cuando se jubilara en lugar de cinco, tuviese diez... Pero Alejandro en su momento no vio esa necesidad. Respecto a su retirada, desde fuera puede parecer que tendría que haberse retirado antes. Pero ya lo ves, que en su última temporada ha conseguido acabar entre los mejores y él seguía disfrutando. No se ha arrastrado, que es lo importante. Ha estado hasta el final peleándose con los buenos. Es para aplaudirle. Ha sido una despedida de señor, a la edad que tiene. Ningún ciclista de los de su edad ha podido tener una despedida como la de Alejandro.

Se recuerda mucho el Mundial de Florencia de 2013 que ganó Rui Costa, con Purito 2º y Valverde 3º. ¿Qué recuerdas de ese mundial?

JM: ¡Que te lo cuenten ellos! Fue un desastre. Ese día yo creo que estaba entre los dos, Valverde y Purito, ver quién era campeón del mundo. Atacó Purito porque el propio Valverde se lo dijo. Valverde dice que cuando salió Rui Costa, vio que no tenía piernas para seguirle. Yo no lo sé. Las respuestas de ese mundial las tienen ellos. Todo apunta a un gran error táctico de Valverde. Cuando saltó Rui Costa, Valverde tenía que haber dado todo para seguirle y dejarle claro que, si cogían a Purito, Valverde iba a rematar y, si no, pues Purito era campeón. Seguramente Valverde cometió un error, pero no puedes estar siempre martirizándote con el error. El error de Valverde también le perjudicaba a él mismo, porque se quedó sin opciones. Si Valverde dice que no tenía fuerzas, tendré que creerle porque él es el que va en la bicicleta. Pero lo que pasó en Florencia, en mi pueblo no se hace así.

Fuiste seleccionador en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, pero las cosas no fueron bien...

JM: Esos Juegos Olímpicos son mi gran espina como seleccionador. Lo hicimos bien antes de la carrera, la habíamos preparado mucho. Pero Valverde no se adaptó a la humedad y tuvo su peor día. Teníamos a Purito, que sí estaba muy bien, estaba cañón, espectacular, muy motivado porque ganar en Río podría haber sido un broche de oro en el año que se retiraba. Pero en carrera nos salió todo mal. Hubo una escapada e incluso Valverde le dijo a Purito que él tiraba, porque no se encontraba bien. Se nos complicó la carrera y no pudo ser.

En 2018 finalmente sí se logró el mundial en Innsbruck con Valverde. ¿Cómo fue toda la preparación?

JM: Ese año, recuerdo que fui con Momparler a ver a Valverde, que estaba con Escámez en Sierra Nevada. Le dije a Alejandro que, tal y como estaba corriendo, era imposible que ganase el mundial. Se movía muchas veces para acabar octavo en una prueba. Y así no aprovechaba sus cualidades al máximo. Si se te tuerce la situación de carrera, como por ejemplo le pasó en Lieja ese año cuando ganó Jungels, es mejor sujetar el caballo y quedarse quieto. Porque si él como favorito se movía ya con la carrera en contra, seguro que perdía. Es mejor llevar la pistola cargadita, esperar el mejor momento y disparar: "Un tiro, un muerto." Es una frase mía que me han recordado muchas veces después. Si tienes unas cualidades, debes aprovecharlas y guardarte las balas para cuando toca. Hablando con Alejandro tras el Tour, pensamos que lo mejor era que se tomase la Vuelta a España de ese año con calma y se guardase las balas para el mundial. Había acabado el Tour tocado, le hicimos unos análisis y vimos que lo mejor es que descansase de cara al mundial. También decidimos que antes del mundial nos concentraríamos todo el equipo en Sierra Nevada, aunque me costó que todos fueran. Empezó la Vuelta a España y Valverde se llevó la segunda etapa; también la octava. Estuvo 2º de la general hasta la penúltima etapa en Andorra, que reventó y se llevó la general Simon Yates. En La Covatilla, en Salamanca, ya le dije en su habitación que iba a reventar si seguía así. No me hizo caso: Alejandro es como es y le tienes que querer. Es un ciclista al que no puedes controlar como director. Tiene sus impulsos y no se sujeta. No sabe ir despacio. Después de la Vuelta hicimos la concentración de Sierra Nevada y tuve muchos problemas porque me ponían muchas pegas, muchos no querían ir, por eso decidí no llevar a nadie de Movistar salvo a Valverde. Algunos llegaron fundidos e hicieron lo que pudieron, como Enric Mas. Y las cosas, a pesar de todo, fueron bien y Valverde ganó su mundial. Broche de oro para él.

¿Cómo llegaste al ciclismo, Javier?

Javier Mínguez (JM): Llegué al ciclismo porque no era bueno en el fútbol. Probé en la escuela de fútbol de Valladolid y de ahí salió gente de mi edad como Cardeñosa, que fue internacional, pero yo veía que tenía fuerza física y resistencia, pero no era bueno en la técnica. Les ganaba corriendo a pie y en bicicleta. Junto a otro vecino mío que también llegó a profesional, Tomás Nistal, nos sacamos la licencia como juveniles en 1964. Tuvimos la suerte de que en Valladolid apareció Moncho Moliner y allí estuvimos, primero en el Club Valladolid Ciclista y luego me llevó al equipo profesional. Ya entonces los que me conocían no me llamaban Mínguez, sino Monglorio, el nombre de mi padre. Corrí con el equipo Monteverde la Vuelta al País Vasco, que ganó Ocaña; ese año también ganó el Tour con Bic. Justo en 1973, en una carrera en Segovia que no iba a correr, fui con la idea de ir hasta allí entrenando en bicicleta y luego volverme con mis compañeros. Cuando llegué allí, los jefes del equipo me pidieron que cogiera el coche durante la prueba, un SEAT 1500 ranchera que no sabía ni cómo iban las marchas. Uno del equipo hizo 2º y los jefes quedaron encantados, porque nunca hacíamos buenos resultados en ningún lado. Al cabo del tiempo, vi que había ciclistas mejores que yo y que no ganaban dinero, estaban tiesos como la mojama. ¡Una ruina! Me dije: "Me voy de aquí corriendo." Lo dejé y decidí montar un negocio de ortopedia, porque mi hermana era fisioterapeuta y mi cuñado traumatólogo. No había acabado 1973 y, de repente, un día me llamaron de la tienda de Muebles Novostil, de José Luis Blanco, y allí mismo me dijeron que querían que fuera director deportivo del equipo aficionado, con algunos ciclistas con los que yo había estado corriendo.

En esos años, ¿eras más de Luis Ocaña o de José Manuel Fuente?

JM: Ocaña era más ganador... pero yo era íntimo de Fuente. Tengo muchas noches perdidas de sueño con él. Muchas anécdotas. Fuente hizo la mili en Valladolid. Coincidí con él como amateur, en equipos rivales. En una carrera en La Bañeza, a mí me tocaba vigilar al Tarangu. De repente, meten cuneta y nos salimos los dos por la gravilla fuera de la carretera, a las tierras. Cuando volví a coger la bicicleta para salir, el Tarangu me dijo: "Cagoentumadre, ho. Todo el día vigilándome y ahora me vas a dejar aquí solo." Y nos retiramos los dos juntos ese día. Tarangu era un fuera de serie. ¡Las que hacía en el Giro de Italia! Estando él de ciclista y yo ya de director, quedamos en Madrid para ir desde allí a la feria de bicicletas de Milán. Salimos por Madrid y llegamos al hotel Cuzco ya a las 8 de la mañana, y casi directos, cogimos el avión a Milán. Allí coincidimos con Eddy Merckx, que ya era fabricante de bicicletas. Tarangu quedó para que cenáramos con Merckx y su mujer por la noche. Toda la conversación en italiano. Desde entonces, también soy muy amigo de Eddy; la única pega es que él es del Barça y yo del Madrid. Somos los dos muy futboleros. También coincidimos en un cumpleaños del ciclista Rafa Carrasco, del Kelme, amigo común, y justo vimos el Clásico juntos. Cuando hay un Madrid-Barça la primera llamada o mensaje que tengo siempre es de Eddy Merckx.

¿En qué se diferencia el ciclismo español de tus primeros años con el ciclismo actual?

JM: España siempre ha sido en deporte un país de "genios espontáneos." Siempre hemos tenido gente importante. En fútbol ya tuvimos un balón de oro, Luis Suárez. En ciclismo, tuvimos primero a Bahamontes, luego a Ocaña, después a Delgado, más tarde a Indurain... Y otras generaciones que hemos tenido buenas después. Ahora quizá tenemos un lapsus. Las circunstancias son así, pero mañana te puede nacer un genio, alguien capaz de ganar y que revolucione al país. En ciclismo, cada año tenemos a cuatro o cinco grandes estrellas, pero al final solo uno gana el Tour de Francia. Por ejemplo, en 2022, todo el mundo decía que Pogačar ganaría de nuevo, menos yo, que me aposté y gané varias cenas, por ejemplo, a Purito Rodríguez, porque yo intuía que este año iba a ganar Vingegaard. Uno ve factores que afectan, aunque siempre es complicado acertar, es una quiniela. Pogačar es posiblemente el mejor de su generación, pero eso no le ha garantizado que haya podido ganar tres Tours seguidos. En España siempre hemos tenido buenos ciclistas, pero genios solo unos cuantos, porque es difícil ganar. Lo de Indurain fue espectacular.

¿Y crees que ha cambiado mucho el ciclismo en general desde entonces?

JM: El ciclismo sigue siendo lo mismo: dar pedales. Ahora hay mucha más competencia e igualdad. Todos tienen buena bicicleta y buena alimentación. Pero sigue habiendo ciclistas con 8 cilindros en lugar de 4, como Indurain en su día. Muchas veces te venden que un ciclista es mejor que el resto, pero lo que mide los vatios de cada uno es la carrera. Muchos que decían que iban a triunfar desaparecieron del mapa. Ni siquiera los que estaban con Indurain pensaban que llegaría a lograr lo que logró. En competición hay tres factores importantes que todo ciclista debe tener: cabeza, tronco y extremidades. Hay ciclistas que son un diez físicamente, pero no mentalmente. Con la cabeza de Indurain no ha habido ningún ciclista. Sin olvidar que todos los ciclistas son humanos. En 1994 y 1995, con la fusión de Banesto y Seguros Amaya, fui segundo director de Indurain en el Tour de Francia, con Eusebio Unzúe. Recuerdo que tras la crono de Bergerac de 1994, con 40º de calor, que ganó con más de dos minutos a Rominger, Indurain llegó al hotel, un hotel horrible, y para llegar a la habitación Miguel casi no era capaz de subir por la escalera de caracol, necesitaba apoyarse con las dos manos. Ese día entendí que Indurain era humano, no una locomotora. Le dolían las piernas como a los demás. A todos los campeones alguna vez se les fundieron los plomos, como a Eddy Merckx, que tuvo una pájara y Ocaña le metió 20 minutos. El espectador desde fuera no puede apreciar las cosas que vemos desde dentro del ciclismo. Después de Indurain tuvimos también una generación de oro en España, espectacular. Nos hemos acostumbrado a comer caviar muchos años. Mira a los franceses o a los belgas: ¡dime el último ganador del Tour de Francia que han tenido! También, mira Eslovenia, la suerte que han tenido con solo dos o tres ciclistas buenísimos.

En general, ¿qué corredor tu hubiese gustado dirigir?

JM: Wout Van Aert. Es mi ídolo. Es un espectáculo ese corredor. Es una gozada verlo. Me tiene enamorado verlo por televisión. Precisamente no es el tipo de corredor al que he dirigido. La gente nuestra era más escaladora. Lo de Van Aert es espectacular.

Tú has vivido una época de muchos grandes equipos españoles y ahora solo tenemos un equipo WT, Movistar, y varios ProTeams. ¿Qué crees que ha pasado?

JM: ¡Que no hay dinero! Para el ciclismo español, no es bueno que solo este Movistar como WT y luego los demás. Porque Movistar no tiene competencia. Y el negocio que no tiene competencia, no es negocio. Si hubiese un par de equipos que le hiciesen competencia a Movistar, habría más oportunidades para los chavales y tendrían motivación en las carreras que les tocara correr. Cuando coincidieron Banesto, ONCE, Kelme y Vitalicio en el Tour de Francia, los ciclistas españoles tenían más posibilidades de crecer y ganar. La situación actual no es buena para el ciclismo español. Pero ¿quién pone actualmente el dinero para lo que cuesta un equipo de máximo nivel? Es caro y es difícil. Cuando uno va a una empresa para buscar patrocinador, ya da unos mínimos de varios millones de euros necesarios para sacarlo adelante. La empresa valora el retorno publicitario. El ciclismo da a priori un buen retorno en publicidad, pero hay muchas cosas que pueden pasar. Un ciclista puede caerse, lesionarse, dar mala imagen por dopaje... Falta el dinero y las empresas ahorran y han recortado costes, invierten menos en publicidad. Por eso también han muerto los periódicos impresos, porque no tienen publicidad. En el caso del World Tour, es un club de millonarios sin dinero. La UCI pone unas exigencias mínimas de presupuestos de 15 o 20 millones de euros anuales, por decir una cifra. En España apenas tenemos empresas que puedan permitirse gastar ese dinero. Tienes países que se han lanzado a pagar, como UAE, Bahrain, Astana... Pero empresas que inviertan tanto en publicidad a nivel mundial, también hay muy poquitas. Mira los equipos WT italianos que hay ahora: ni uno. Y en Italia son la cuna del ciclismo. La situación económica es muy crítica.

¿Te planteas volver a dirigir?

JM: Sinceramente, dirigir desde un coche, no me lo planteo. Estar con los ciclistas, estaré toda la vida. Porque lo llevo dentro y me sale. Uno tiene que pensar en la edad que tiene y el sitio que le corresponde. Me siento a ver ciclismo en televisión y siento que el ciclismo es mi vida. No se me puede ir eso porque va dentro de mí.

Foto © Europa Press


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