La vida duele. Perder, también, más que el asfalto. Más que las lesiones de una caída que sabes que ha terminado con la Vuelta, pero también con el Mundial y con la temporada. Hay algo bueno en la derrota, que es darle el valor justo a la victoria, más aún a ganar siempre. Los campeones lo son por sortear el infortunio casi siempre. Camino de Xeraco, al esloveno le tocó el casi. Hay leyenda en días así, en sobreponerse al peor de los sabores, que es abandonar de líder. Que le pregunten a quien vio correr a Luis Ocaña, marchándose a casa de amarillo cuando tenía a Eddy Merckx contra las cuerdas. A Igor Antón cuando regaló el liderato camino de Peña Cabarga en un accidente muy similar al de 2026. La única fortuna, por buscarle lo positivo, si es que lo hay, es que Tadej Pogacar tendrá que regresar a la Vuelta a España para completar la triple corona. Aunque en estos momentos eso sea lo de menos.
Un pequeño obstáculo de color negro nos enseñó lo débil que es el ciclista, lo maleable que es el destino y lo fugaz que es la vida. Una especie de batería acaba no solo con la Vuelta, sino con el objetivo de lucir el liderato de principio a fin, eso que tan pocos campeones han podido firmar. Para alguien tan centrado en la leyenda, un jarro de agua fría. Pero hay gloria en esa imagen, que le hace humano, que hará que en un futuro valoren los éxitos que quedan por venir y los que van quedando atrás. Hay leyenda en una carrera que sufre un volantazo de 180º. Porque la carrera era una con Pogacar y será sin él una totalmente diferente, de igual a igual, el duelo a tres envenenado que parece se jugará ahora el destino de esta edición de la Vuelta. Porque ahora parece que entre Enric Mas, Felix Gall y Primoz Roglic estará el triunfador en Granada. Pero, cuidado, hay tantos escenarios posibles como incertidumbre.
Enric Mas luce el rojo por primera vez. De aplauso el gesto que tuvo al recoger el liderato en el podio. El balear sujetó el maillot con rostro serio y apesadumbrado, declarando que se trataba de "un mal día" para el ciclismo. No quiso lucir la prenda porque así todo tiene un sabor amargo. Cuestión diferente será a partir de Aitana, donde el rojo sí que tendrá valor y un peso específico. Un gesto que también queda para la leyenda, para la historia, y que honra a un ciclista que consiguió librar las caídas y los cortes de los últimos treinta kilómetros. Cuando el gallo desaparece del corral, cunde la anarquía. Eso mismo pasó en el pelotón cuando estrechamiento tras estrechamiento, la carrera se transformó en un acto de supervivencia. Hubo varias caídas de gran importancia después, todas fruto del nerviosismo, del shock en el que estaba sumido el pelotón. Xabier Mikel Azparren (Pinarello Q36.5) estuvo a dos kilómetros de pescar en río revuelto.
Primoz Roglic tiene ante sí la quinta. No se lo van a poner fácil. Entre los mortales, es el rey. Parece que no está, que no marcha, pero gana. Así ha juntado cinco grandes, en las que de un modo u otro le han perdonado la vida. Gall y Mas deberían tomarse en serio a un aspirante que tiene la crono de Jerez como arma de destrucción masiva y unos nervios a prueba de bomba. El también esloveno no tiene nada que perder; los demás están ante la oportunidad de sus vidas. Y con eso va a jugar el líder del Red Bull. Decathlon ha demostrado que no se conforma, que quiere ensayar con Gall la mentalidad que va a lucir con Paul Seixas. Y ojo a las escapadas bidón. Esas que filtran a un corredor descolgado en la general y del que no se habla hasta que aparece en la lista de ganadores de la Vuelta. Sepp Kuss, que también cuenta, sabe de ello. Ben O'Connor, ex Decathlon, también. Gregor Mühlberger corre en Decathlon. Ojito.
Queda Aitana, adornado con la etapa más dura por desnivel de la Vuelta. Queda Calar Alto con otra tortura desde la línea de salida. Y La Pandera, y la etapa bidonera de Loja, y Peñas Blancas y Alguacil. E incluso la última por las calles de Granada si la cosa llega apretada. Lo que parecía iba a ser un paseo militar se ha convertido en una fuente de oportunidad, en un casting de grandes corredores que lucha por escribir su propia historia. A todos ellos, el destino les ha abierto la puerta de par en par. Pero la sensación es que hoy la ruleta les ha sonreído y que en cualquier momento la moneda da la vuelta y se convierte en cruz. No hemos hablado de Carapaz, ni de Tejada, ni de Skjelmose, ni de Onley. Cualquiera de ellos huele a cena una vez que el león ha caído en la batalla. La Vuelta se pone al rojo vivo. El ciclismo, aunque la rutina a veces nos haga olvidarnos, es así de frágil. Show must go on.
Foto © RTVE
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