Lo inesperado pasó. Tadej Pogacar reconoce haberse quedado "atónito" cuando Enric Mas le cogió rueda en el ascenso al esperado Monte Bartolo. Coronando, le pegó una pasada para arrebatarle el paso por la cima. En ese momento, lo teníamos todo: el maillot rojo seguía de recital, había enemigo y descendiendo el esloveno casi vuelca en una curva. Nadie podrá acusar al balear de traidor porque avisó con la mano del peligro de la bajada, conocedor él de lo que esperaba. El líder se lanzó a tumba abierta y acabó en el pasto, por suerte para él sin siquiera bajarse de la bicicleta. Un aviso o una premonición, puesto que los dichos ciclistas de que hasta la última línea... El refranero español, muy rico y útil para todos los contextos, tiene reservado para esta ocasión eso de "hasta el rabo, todo es toro".
En meta no hubo ni partido. El líder es más líder, pero ojo que el saldo de la etapa no es tan positivo para él. En la salida de Alcossebre el pelotón partía con el convencimiento de que el rey tenía una espada inigualable. Sin embargo, al llegar a Castellón, había rival, alguien le aguantó la mirada. Enric Mas viene de dos temporadas desastrosas. Le han dado hasta en el carné de conducir, pero aquí viene otro refrán que aplica: "no hay mal que por bien no venga". Es decir, que el fracaso del Giro de Italia y la escasez de competición le ha venido esta vez de perlas para afrontar la Vuelta a España de menos a Mas (perdón por el juego de palabras). Han pasado seis etapas, todo parece estar sentenciado, aunque en el Monte Bartolo ha habido un cambio de viento. Ya puede el líder dar un golpe de autoridad en Valdelinares porque si la escena se repite, habrá enemigo.
No hay que olvidarse de que el enemigo es el de casa, el Movistar, que en la Vuelta a España, por decirlo de alguna manera, tiene alas, se crece. Lástima que Cian Uijtdebroeks esté en casa, que con el belga en un buen estado, ojo al tándem que podrían formar. Enric ha dado caza a Pogacar, lo que nadie ha podido hacer desde que Remco Evenepoel le aguara la fiesta de la Amstel Gold Race de 2025. Toserle al dominador del ciclismo internacional está al alcance de muy pocos, y Enric Mas, que ya le batió en una clásica italiana de 2022, le ha domado en la ascensión más dura que hasta el momento se ha afrontado en la carrera. Parece baladí y no lo es. El UAE no está respondiendo como se esperaba y desde todos los frentes se esperaba que la carrera estaba sentenciada. Ahora toca ver la ambición de Movistar y si huelen sangre. Porque una vez hecho lo más difícil, todo puede ser. Hasta que el miedo a ganar atenace.
La etapa, un éxito. El Bartolo repleto de gente y luciendo como un símbolo de ese otro ciclismo. Dicen en los mentideros que de haber sitio en la cima, la meta se hubiese ubicado en lo alto del puerto. Nos hubiésemos perdido la salida de Tadej, un incidente que muestra que también comete errores. Él, si sigue un patrón lógico, debería ir a menos con los días. Venir del Tour y de una temporada larga e intensa genera un desgaste inevitable. Ganar, ganará. Pero a lo mejor no se pasea tanto como esperaba. Tiene margen, si bien el único punto flaco es la estrategia cuando las cosas no le van de cara. Así que a ver cómo gestiona el nervio, las noches, el Mundial. Si a Hinault le costó el Tour ganar la Vuelta 1983, vamos a ver cuál es el peaje de Pogacar como la carrera le venga de nalgas. Gana interés la carrera, con un español siendo el acicate del ciclista al que todos dábamos por vencedor sin recibir una mota de polvo. Polvo, por cierto, que la organización defendía que no iba a explorar. Como decía Marce Montero en su columna, "el sterrato no es personalidad Vuelta". Pero la frase no es suya. ¿Piensan ahora lo mismo?
Foto © Cxcling
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