Paul Seixas: un proyecto de Tour de Francia
La vida está llena de casualidades que no lo son. Paul Seixas nació el 24 de septiembre de 2006, domingo, día exacto que eligió Paolo Bettini para conquistar todos los colores del arcoíris en Salzburgo, Austria. Eran parte de aquel pelotón los franceses Le Mevel o Geslin, bronce doce meses antes. Pero, sobre todo, destacaba Sylvain Chavanel, entonces la esperanza del ciclismo galo que es hoy el joven ciclista del Decathlon. El mundo hoy es diferente y ha girado en multitud de ocasiones, pero hay algo que no ha cambiado: Bernard Hinault sigue siendo el último ganador francés del Tour de Francia.
Por el medio han pasado varias promesas que iban muy en serio como Pinot, Alaphilippe, Jalabert o Virenque. Todos pasaron por este diván que enfrenta ahora Seixas: ¿será un potencial campeón del Tour? ¿Ha encontrado Francia por fin el tan ansiado mesías? ¿Habrá el mesías encontrado ya Francia? Seixas muestra la intención de batirse con la plenitud de Pogacar. Sin embargo, el esloveno tendrá que esperar, pues el nombre del primer escollo para el último campeón del Tour de l’Avenir es otro, aunque empieza por la misma letra: la ‘p’ de presión.
De cómo digiera ese mar de demonios internos y externos dependerá el nivel de la historia que está por ser escrita. Seixas lo sabe. Decathlon también. Ambos tienen entre manos un proyecto de incalculable envergadura histórica. Las campanas al vuelo entrañan peligro si las cuerdas no están atadas y bien atadas, si no hay certeza de que la piscina contenga agua. Pero es que el ciclista se empeña en ilusionar, en sumar victorias ante corredores de una pantalla que no tardará en pasarse. Algarve y Faun-Ardèche no son Milán-San Remo y Lombardía, pero como en comer y rascar, todo es empezar.
En julio espera el Tour y, pese a que habrá que esperar a las postrimerías de Lieja para tener la confirmación oficial, todo apunta a que Paul Seixas tomará la salida en Barcelona. Las puertas de acceso al Olimpo están abiertas, con Ferrand-Prevot habitando el honor de haber ganado la primera Gran Vuelta para Francia desde Laurent Jalabert. Treinta años más tarde, casi un suspiro. Pero el Tour masculino son palabras mayores, y el nivel de exigencia no está al alcance de cualquiera. Muchos ciclistas cuyos bolsillos del maillot rebosaban clase y piernas han sucumbido ante este reto. Por algo será.

Decathlon está apostando duro por convertirse a medio plazo en un equipo de referencia. Anduvieron cerca de llevarse una Vuelta a España con Ben O’Connor, síntoma de que no se encuentran en un punto tan lejano como se pudiera creer. Seixas es, además de joven, un ciclista muy completo. Firmó una Dauphiné más que interesante en 2025, obteniendo un máster en cómo Pogacar hizo naufragar con apenas un pestañeo a todos sus rivales. En la deliciosa París-Camembert obtuvo la segunda plaza. Si, además de ser muy bueno, va a estar rozando constantemente el palo, prepárese la prensa gala para dosificar titulares a lo largo de la próxima década.
Que Seixas está loquito por escuchar la sintonía del Tour es una evidencia. Medirse consigo mismo y con las estrellas del rock&roll es altamente ilusionante, cómo no. Hoy en día existe menos espera a la hora de exponerse. Los corredores son hoy más precoces y se lanzan al océano con mayor celeridad. Y no es una mala estrategia, pues así más pronto encontrarán un lugar en el pelotón. El problema aquí estará en la dimensión de la esperanza, que será mayor cuanto más tiempo pase. Pase lo que pase, se corre el riesgo de que se magnifique.
Gestionar el futuro es conducir un barco con los ojos vendados, es imposible tener garantías de que una decisión lleve a buen puerto. Induráin debutó en el Tour en 1985 con la única pretensión de degustar, sobre todo, lo amargo de una competición de tal exigencia. Duró apenas unos días antes de ser retirado por el equipo en un proyecto que terminó por dar la razón a sus ideólogos y por poner al navarro al frente del ciclismo internacional durante cinco largos años. Pero, claro, nadie puede garantizar que la estrategia que funcionó cuarenta años atrás vaya a hacerlo hoy.
Otra opción es tirar por la calle de en medio y subirse al tren de alta velocidad que es en estos días el ciclismo. Al más puro estilo negacionista del futuro: que nos quiten lo bailao. Para darse con un muro dentro de un tiempo, mejor saber desde ya lo que hay. Es una idea tan válida como esperar. Por si acaso, Seixas va dando exhibiciones pogacarianas y demostrando que por capacidad no va a ser, y que por arrojo, tampoco.
Foto © Decathlon

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