¿Cómo sería Remco Evenepoel al 100% de su potencial?
Pese a la enésima exhibición de Tadej Pogačar, lo más comentado del pasado Tour de Flandes fue el excelente rendimiento de Remco Evenepoel. Tercero en meta en el día de su debut, impresionó la muestra de clase y poderío que supuso la persecución de los dos ‘bichos’ que abrían carrera. No había carrera, pues era evidente que tanto remar no le iba a llevar a la orilla. Pero había que intentarlo y lo hizo. Podio, el aplauso generalizado y, lo que es más importante, la constatación de que puede con estas carreras, que las tiene en las piernas. Habrá que comprobar si también en la cabeza, lo más difícil a priori de Remco.
Un tipo capaz de domesticar a todos sus rivales en contrarreloj, lo que, compartiendo pelotón con tales bestias, habla muy bien de su nivel. Aparte de una excelente capacidad para rodar en solitario, la conquista de según qué escenarios le aúpan a una posición elevada en el ranking histórico de la lucha contra el cronómetro. Pocos pueden presumir de haber secuestrado el crono en las tres grandes y en los campeonatos específicos de la especialidad (Juegos Olímpicos y Mundial). En montaña rinde, es capaz de luchar con determinación, astucia y estrategia para minimizar pérdidas. Es rápido, se sabe mover en media montaña y a su manera es explosivo. ¿El problema? Principalmente podríamos hablar de dos: Pogačar y su cabeza, la de Evenepoel. Que el esloveno es el dominador absoluto de la década es algo conocido por todos. Es muy difícil plantarle cara en terreno alguno y casi siempre da la sensación de que las carreras duran lo que le apetece a él que duren. Su equipo, además, parece una selección mundial con varios de los mejores gregarios a su vera. Conclusión, que Evenepoel tiene todas las de perder en un duelo directo. El belga y cualquiera, ya sea en clásicas o en vueltas. Aún así, tampoco le buscan las cosquillas. En Flandes le relevaban a sabiendas de que les iba a machacar. En las vueltas parece que sus rivales compiten por la segunda plaza, como si aceptaran que es imposible batirle. Es amable casi siempre con casi todo el mundo y pasea ciclistas sobre el cuadro de la bicicleta en sus ratos libres. Remco tiene una virtud, y es que es el otro gran talento de esta generación. Vingegaard lo es a tiempo parcial, en el hemisferio opuesto a Van der Poel. De Van Aert, por talento, se podría hacer un análisis similar al de su compatriota, pero dejaremos al bueno de Wout para otra ocasión. Evenepoel tiene todo para ser un dominador. Pogačar aparte, no termina de dominar al resto, y eso pasa por su carácter. Que a la vez es una ventaja, pero en esos momentos de debilidad mental pierde muchas carreras. Debería ser más iniciativa y llevarse las batallas a su terreno. Como competir contra Topuria en golf. Porque a puñetazos ya sabemos quién ganaría. Lo mismo, pero aplicado a Pogačar y a los golpes, pero de pedal. En llano es de lo más bestia jamás visto. La forma en la que rueda y salta de un grupo a otro es impresionante. Sin embargo, es una profesión a la que saca nulo rendimiento. Marcharse en solitario en un abanico es más que difícil. Pero utilizar al equipo para ir eliminando peones de la partida o rascar poco a poco lo que no se va a poder hacer de una vez, parece mejor idea que regalar los ojos a los espectadores y las fuerzas a los rivales. Evenepoel ha dado exhibiciones de todo tipo, pero rodando en solitario han sido lecciones de manual. Si aprovechase más sus fuertes, estaría más cerca de alcanzar objetivos de mayor envergadura. Y luego está la sorpresa, ese arma que hoy día nadie utiliza. Ataques de salida, con el equipo, sin él, en subida, en bajada. Hay ciclistas muy buenos en ochenta kilómetros. ¿Y a 120? ¿Y a 160? Por probar… Contador y Nibali demostraron que se podía con Froome, la bestia de su tiempo, a base de hacerle cortocircuitar. Pogačar no destaca por su fantasía táctica. Es más, cuando no le sale la jugada A, se embolica y empieza a cometer errores. Vingegaard lo comprobó en primera persona en los dos Tour que le arrebató. Después está la insensatez de dejar que sean él y UAE quienes propongan siempre. Bora y Remco tienen recursos a su alcance que les permitiría plantar cara y sembrar dudas. Su compañero Roglič le hizo perder un Tour a su compatriota en 2022. Por último, es un ciclista que sabe gestionarse en el esfuerzo. La Vuelta a España que ganó fue a base de acumular ventaja mientras le dejaron y administrar las piernas para no verse superado por corredores que teóricamente eran mejores escaladores que él. Si reta a un ciclista que está acostumbrado a ganar sin respuesta y consigue pequeñas victorias, a lo mejor es capaz de revertir las tendencias y, como Sant Jordi con el dragón, ponerle el cascabel al mayor gato que ha dado el ciclismo en el siglo XX. Porque el resto cuenta poco. Seixas, Del Toro y poco más. Porque Lipowitz viste sus mismos colores. Todo esto está en las manos de Remco. De no conseguirlo, pasaría lo mismo que con el Tour de Flandes: podio, aplauso y más noticia que el propio vencedor.
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