Toda persona que ha ascendido al santuario de la Peña de Francia se sorprende al ver la altimetría. ¿Cómo puede ser que un puerto que da sensación de gran dureza puede carecer de ella en un gráfico? Pues sucede. Aquí entra en juego lo que Luis Aragonés llamaría "el otro ciclismo", esas otras características de un puerto que hacen de él algo más que números. Es el piso, es el trazado, es la parte final colgada de la ladera y dominando el paisaje. Merece la pena subir, ya sea en bicicleta, en coche, a pie o en burro.
La sierra de Francia esconde un curioso nombre etimológico: cuando en los siglos XI y XII la zona se quedó despoblada después de la Reconquista y la expulsión de los musulmanes, el rey Alfonso VI pidió repoblar la zona con gente de origen galo. De ahí el nombre de la cadena montañosa, de ahí el nombre de esta cima, reconocible desde kilómetros a la redonda. Estamos a más de 1.700 metros, que no es un exceso. Pero al mismo tiempo nos sentimos muy elevados sobre el terreno que divisamos, con las llanuras castellanas como fondo de pantalla.
En los planes de la Vuelta a España
Esta cima lleva tiempo en la agenda de Javier Guillén y colaboradores. Salamanca ha vivido finales de etapa trepidantes en La Covatilla, cima que también sonaba para la edición de 2027. El problema antaño era el estado de la carretera, muy descarnada, sobre todo, en la parte final, la más escénica. Con el inconveniente del asfalto solventado, ha sido cuestión de encajar la agenda. Parece que 2027 será el año del estreno de un final de etapa que va a enamorar, porque la zona es una joya. Presumiblemente con salida en Béjar, la etapa promete. La preciosa subida al Portillo de las Batuecas, de primera, parece garantizada.
Coches de la organización han sido avistados reconociendo el terreno que rodea a La Alberca y Mogarraz. Son viejos conocidos para la Vuelta a España, pues en 1999 y 2000 se celebró una etapa que tenía estas montañas como punto central de un perfil durísimo de media montaña que se cobró la cabeza de Alex Zulle, gran favorito, y que vio ganar a dos célebres como Jan Ullrich y Alexandr Vinokourov. Ciudad Rodrigo acogió la meta y Béjar la salida. La Covatilla asumió después el liderazgo de la provincia y este territorio se dejó en el olvido hasta que en 2020, en plena pandemia del Covid-19, se atravesaron parajes de estas sierras.

Diversos puntos de inicio
El Cabaco, el río Francia, el Maillo o el Casarito pueden ser el arranque de la subida. Tiene una cara ventouxiana que empieza en Monsagro y que dejaremos para mejor ocasión. Desde que la SA-203 toma conciencia de serlo, el puerto se pone serio. Tupidos bosques de robles y castaños colorean ambos márgenes de la calzada. En otoño, una pasada. La carretera es relativamente estrecha y la rampa moda se establece en un 6%. En las zonas de las herraduras se endurece, pero se compensa con algún kilómetro algo más cómodo.
Hablamos de 12 kilómetros largos de subida que estando en forma se disfrutan. La arboleda no nos abandona hasta bien pasadas las herraduras, cuando nos restan apenas cinco kilómetros para la cima y uno para coronar el Paso de los Lobos, el puerto de paso. A la izquierda, un buen cortado; a la derecha, empezamos a vislumbrar la cima. No hay cartel como tal, pero pasado el mirador, giramos a la derecha y empezamos el tramo definitivo. Aquí el viento se deja sentir, el paisaje es más agreste y ascendemos a media ladera.
La carretera va escarbando en la piedra y traza herraduras. Es la zona más escénica del ascenso a la Peña de Francia, donde la carretera cuelga de la ladera y da vértigo asomarse demasiado al balcón. El último kilómetro es el más difícil, con rampas del 10-11% y más continuidad en la dureza. Cuando empezamos a ver edificios del complejo, es señal de que la cima está cerca. Merece la pena llegar hasta aquí. El firme se encuentra en buen estado y, si obviamos el tráfico, es un ascenso que se disfruta.
Foto © JMatesanz / SalamancaHoy
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