Sí, hablamos de la Vuelta a España a pesar de que se asciendan los míticos puertos franceses del col d'Aubisque y del col du Tourmalet. La espina dorsal de esta etapa es muy similar a la que el Tour de Francia espera presentar como etapa reina con final en el Col du Portet. En cambio, la salida se tomará en suelo oscense, con posibilidad de repetir la recordada etapa del Tour de Francia de 1991 en la que Miguel Induráin se vistió de amarillo por primera vez , dando comienzo aquel 19 de julio su reinado de cinco años.
Val Louron volverá a acoger el final de una etapa en una vuelta grande 36 años más tarde. La estación de esquí situada en los Altos Pirineos vuelven a una carrera de tres semanas después de varios años de silencio. El col d'Azet, digamos que el puerto de paso que atraviesa el Tour de vez en cuando, se encuentra a kilómetro y medio de la cima. Ese tramo final es favorable hasta llegar al complejo de la estación, a la que se llegará después de 5.500 metros de desnivel.
Homenaje a Miguel Induráin
Si se confirma la salida en Jaca, la etapa constará de más de 230 kilómetros, una distancia atípica en el ciclismo actual. En 1991 la visita a España consistió en una jornada con meta en la localidad jacetana tras escalar el Somport. Los Pirineos consistieron en estas dos etapas con la provincia de Huesca como protagonista. De allí partió el pelotón entre las críticas por la falta de batalla por parte de los escaladores españoles y culminó siete horas más tarde con Claudio Chiapucci levantando los brazos y Miguel Induráin enfundándose un maillot amarillo que no se quitaría durante cinco años.
En la salida, los favoritos eran Greg LeMond, Laurent Fignon y Pedro Delgado, también del Banesto. En cambio, todos ellos sucumbieron ante el intenso calor y la escapada del ganador de la contrarreloj de Alençon, que se destacó con un ataque en el descenso del Tourmalet. Al poco le dio alcance el italiano del Carrera y entre los dos fueron abriendo hueco con el resto de favoritos, repartiendo el botín en meta. Gianni Bugno cruzó la meta en tercer lugar a 1'29" del dúo en cabeza de carrera. La etapa fue tan dura que varios ciclistas llegaron fuera de control. Entre ellos, el maillot arcoíris de Rudy Dhaerens. Los ciclistas cruzaban la línea de meta de uno en uno. Los veinte primeros entraron de esa forma.

Pensada como día de ataques lejanos
La meta estará ubicada en Val Louron, una subida de 7 kilómetros al 7,5%. Es dura, pero no excesivamente larga y estará precedida del col dAspin por su lado fácil. Conclusión: quien desee mover el árbol desde lejos, tendrá que recurrir a los dos puertos fuera de categoría, que se encuentran a 120 y 60 kilómetros de la llegada a Val Louron. Desde esa perspectiva, si los valientes no dan ese paso adelante en los colosos, la etapa tiene visos de decepcionar en cuanto al resultado, porque los dos últimos no tienen la entidad necesaria para abrir grandes diferencias. Salvo que se le meta en la cabeza a uno de los grandes pasar a la historia con una gesta legendaria.
Portalet puede ser un festín de escapadas para entrar ser los protagonistas del día. Lo mismo en el Aubisque. Se conocen pocos detalles del recorrido en el mes de septiembre, aunque la tendencia natural de la Vuelta es incluir más finales en alto que etapas de alta montaña en sí. Si esta jornada por el Pirineo francés no resultase atractiva para buscar premio, seguro que tienen elementos posteriores para intentar encontrarlo. Es seguro que este etapón ajusticiará a quienes no se encuentren en una muy buena condición física. Para eliminar favoritos, la etapa es lo suficientemente dura y permite muchas estrategias. La afrontará un ciclismo muy distinto al de 1991.
Antecedentes en los Pirineos franceses
La Vuelta y Francia han estado muy ligados en ciclismo. Con la compra de la carrera por parte de ASO, es bastante habitual que alguna de las etapas se celebre al otro lado de los Pirineos. Rara es la visita del pelotón a la cordillera sin incluir un paso, normalmente montañoso, a la geografía del país vecino. Multitud de estaciones de esquí y acuerdos en paquete con el Tour de Francia han acercado más montañas francesas a la ronda española. Además, celebrando casi siempre las etapas más importantes en suelo galo, dejando poco espacio y protagonismo a los colosos españoles, aunque ese es otro debate.
En 1992 se celebró la primera etapa de montaña en suelo francés, con salida en Vielha y meta en Luz Ardiden, con Portillón, Peyresourde, Aspin y Tourmalet (de los mejores encadenados del ciclismo), toda una etapa reina que mediatizó toda la edición. En 1995 se repitió la fórmula, con una etapa de salida hacia España y Aubisque y Portalet en el menú de camino hacia Sabiñánigo. En 2003 se llegó a Cauterets y se incluyeron los puertos de Aspin, Peyresourde y Portillón en la etapa de Pla de Beret. En 2013 el pelotón de la Vuelta volvió a entrar en Francia para celebrar la llegada a Peyragudes, una dura jornada de cuatro puertos y 225 kilómetros, en la línea de la que tendrá lugar en 2027. Aubisque fue la meta de otro maratón de puertos en 2016. Y de nuevo en 2023 se estrenó la llegada en el Tourmalet en la Vuelta a España.

¿Qué acortamos?
Hay más posibilidades para esta jornada pirenaica. El kilometraje se puede reducir de forma sensible sin afectar a la naturaleza de la etapa. Si el banderazo de salida se da en Biescas o Formigal, la etapa finalmente contaría con un kilometraje en torno a los 190 kilómetros. No hay muchas más rutas hasta Génos, al pie del Val Louron. La hay por España, atravesando el puerto de Cotefablo, la Foradada y el túnel de Bielsa. No deja de ser una etapa bonita, pero con un encanto muy inferior, y con ninguna posibilidad de considerarlo un homenaje a Miguel Induráin por mucho que finalice en el mismo lugar.
Fotos © 1001puertos | Principal © JMatesanz
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