Alberto Contador ha sido uno de los ciclistas más espectaculares de las últimas décadas. El madrileño se ha batido con grandes corredores y cosechó numerosas victorias, sobre todo en la fase inicial de su carrera profesional, a la vez que muchas derrotas, sobre todo en su época crepuscular. En ambas etapas dejó una impronta que tardará en borrarse y que aún cuando hay días de aburrimiento en las montañas todavía provoca que el nombre del ciclista de Pinto salga a la palestra. Cuando ganaba, pero más aún cuando perdía, que era cuando más espectáculo daba.
Repasamos los mejores días de un ciclista que despertaba expectación allá donde corría y que cambió la forma de enfocar las vueltas de una semana para aquellos que también disputaban grandes vueltas. El español competía todos los días que se ponía un dorsal y buscaba la victoria sin mirar que se encontrara en febrero o en octubre. Con esa mentalidad, sumó cerca de 70 victorias entre las que se encontraban grandes vueltas, carreras de una semana y hasta alguna prueba de un día.
Fuente Dé, el símbolo de una forma de ver el ciclismo
No importó que no fuese el más fuerte de la carrera. Aquella Vuelta a España de 2012 supuso el regreso de Alberto Contador al circuito profesional. 'Purito' Rodríguez tenía mejores piernas en un recorrido explosivo y repleto de llegadas en alto donde, pese a intentarlo de todas las formas posibles, acaba batido por el catalán en línea de meta. Habían pasado las etapas más duras y tan solo restaba el final en la Bola del Mundo, el penúltimo día de Vuelta. Sin embargo, una llegada en alto aparentemente sencilla iba a ser el escenario elegido por el pinteño para poner la carrera patas arriba.
Nadie contaba con que Contador pudiera separarse de Purito en un día así, donde el puerto final apenas superaba el 4% de pendiente media y los aperitivos eran meros puertos de segunda. El ciclista de Saxo Bank saltó con insistencia en el Collado de Hoz y el líder cometió el error de dejarle hacer para esperar a sus compañeros, que estaban algo detrás en la situación de carrera. El aspirante alcanzó a la escapada del día, donde tenía compañeros de equipo y un grupo de ciclistas que le ayudaron desinteresadamente. El resultado, que le arrebató la carrera al de Katusha y ganó por segunda vez la Vuelta a España días después.
Verbier, el día que puso los puntos sobre las íes
El Tour de Francia 2009 llegaba a suelo helvético para disputar la primera llegada en montaña de la historia en el país suizo. La situación en el equipo Astana estaba al límite con el enfrentamiento entre Lance Armstrong, que había regresado al ciclismo, y Alberto Contador, el líder real de cara a la clasificación general. El español había sacado unos segundos en Arcalís para demostrar quién era el más fuerte, pero en la clasificación estaban bastante parejos, con más rivales acechando como los hermanos Schleck.
Cuando restaban seis kilómetros para la meta, arranca Contador con todo. Un ataque terrorífico que en primera instancia solo puede seguir Andy Schleck. Al poco, cede unos metros, después unos segundos y en la llegada más de 40 segundos. Sin ser un puerto duro, había dejado claro quién era el rey del Tour y lo había hecho de una forma espectacular, ante la histeria del gentío que se abría al paso del nuevo maillot amarillo.
Peyresourde, el escenario del ataque más espectacular
El duelo con Michael Rasmussen, después apartado de la carrera, estaba resultando espectacular. Dos escaladores mano a mano buscando el maillot amarillo y con las fuerzas bastante niveladas. Quedaban dos etapas de montaña en los Pirineos, con el temido Aubisque como meta de una jornada durísima de cuatro puertos y otra a la que se prestaba menos atención con Balés y Peyresourde. El final estaba en Loudenvielle, a los pies de este último puerto.
Llegaba la parte final del puerto y el escalador del Discovery Channel lanzaba un durísimo ataque, muy explosivo, para intentar dejar al danés de rueda. El maillot amarillo sufría de lo lindo para coger la rueda de Alberto, pero este seguía insistiendo. Realizó cuatro demarrajes demoledores que el líder pudo resistir. En la cima esperaba George Hincapie, pero no fue posible dejar de rueda al rival. Sin embargo, es de los días más recordados del pinteño.
Passo Lanciano, el día que destrozó a Nairo Quintana
La etapa reina de la Tirreno-Adriático partió con Michal Kwiatkowski como líder. La ronda de los dos mares llegaba a un repecho durísimo con rampas del 20% llamado Guardiagrele. Justo antes se ascendía y descendía el mítico Passo Lanciano, lo que viene a ser el Blockhaus convertido en puerto de paso. Contador no esperó a que el polaco cediese por su propio peso, que era lo previsible, y eligió plantear la batalla desde lejos. Arrancó mediada la subida al gran coloso del día y pronto se vio que la única bicicleta que podía aproximarse a la suya iba a ser la de Nairo Quintana, también en la pelea por la victoria en la general.
Como suele acontecer en este tipo de ataques, primero se interponen unos metros entre los dos rivales, después segundos, más tarde el hueco es insalvable. Fue dando alcance a los escapados y librándose de todos ellos para entrar en meta a lo campeón. Kwiatkowski alcanzó la meta a más de seis minutos. El colombiano a casi dos. El español había dejado claro quién era el mejor ciclista del planeta con permiso de Chris Froome, con el que se iba a ver las caras en el Tour de Francia.
Formigal, la obra maestra de una carrera
No fue un día cualquiera, aunque lo pareciera. Se había celebrado la etapa reina, con meta en el Aubisque y un duelo estelar entre Nairo Quintana, de rojo, y Chris Froome. El británico seguía siendo el gran favorito debido a la contrarreloj de 40 kilómetros del antepenúltimo día en los alrededores de Calpe. Contador pinchó ese día, mermado por las caídas y sin encontrar el golpe de pedal. Precisamente cuando el escalador español era más peligroso. Se le veía nervioso en la salida, ocupando puestos cabeceros en una etapa de diseño bastante mediocre, sin grandes puertos.
En un repecho del kilómetro dos, a más de 110 para la llegada, lanzó un ataque que rompió el pelotón en añicos. En la parte trasera, los Sky de Froome, que perdió contacto y la posibilidad de ganar la Vuelta. El Movistar del líder y el Saxo Bank formaron un buen grupo que hizo camino y el británico tuvo que recurrir al Astana para que le hiciera el trabajo sucio, aunque sin resultado. En meta, el colombiano se encargó de dejar claro quién era el más fuerte y cedió la victoria de etapa a un Brambilla que pasaba por allí. Contador había decidido él solo la Vuelta a España.
Foto © Sirotti
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