Es increíble la historia que ha vivido Adrien Niyonshuti. En Ruanda, los Hutu contra los Tutsi, grupos étnicos que estaban enfrentados cometían auténticas atrocidades. Matanzas a diestro y siniestro, familias enteras arrasadas. En este caso, en la familia de Adrien Niyonshuti desaparecen todos los niños, a excepción de uno, nuestro protagonista. Una persona que se agarró a la bicicleta para pedalear hacia una vida mejor: «la vida comenzó muy dura para mí. No ha sido fácil desarrollar mi propia vida. El ciclismo me ha ayudado a hacerlo, a seguir adelante».
Una situación que debió ser terrible para un niño que obtuvo su primera bicicleta gracias a un familiar: «mi primera bicicleta no era de gran calidad. La conseguí gracias a mi familia a través de un fundraising». Poco a poco desarrolló sus capacidades y consigue disputar los Juegos de la Commonwealth con su país natal, Ruanda, y los Juegos Olímpicos de Londres. Para una persona con un inicio vital tan complicado, una buena reacción. El ciclismo había ayudado al ruandés a establecerse una meta, a dejar atrás un pasado tan traumático. «Cuando sucedió todo lo de mi familia me sentí muy triste. La vida es muy corta, es una competición al fin y al cabo. Tomé una decisión, que era seguir adelante a través del ciclismo y creo que mucha gente en el ciclismo me conoce ahora. Me gustaría mejorar y progresar. Me gustaría tener más dinero o posibilidades para mejorar la vida de las nuevas generaciones, más cosas».
Reacción ante la adversidad
El dinero lo menciona en referencia a sus muchas actividades, entre las que se encuentra una academia de ciclismo, la Adrien Niyonshuti Cycling Academy. Un sueño para el ruandés: «mi sueño era llegar donde estoy hoy. Siempre he querido crear escuelas, academias para que las personas puedan descubrir lo que yo pude aprender y vivir. Creo que el ciclismo puede ayudar a más vidas como lo hizo con la mía». Una forma de utilizar la superación deportiva que había obtenido resultados en él y que quería compartir con más personas en una situación similar.
Su amor por el ciclismo tuvo un punto de inflexión en el documental que Jacques Boyer colaboró en grabar sobre la forma de vida de Ruanda y cómo se vivía este deporte allí, mostrando muchas partes de la realidad del país y ayudando en el cambio que se ha ido produciendo: «el francés Boyer cambió mi vida». ‘Rising from the ashes’ (en castellano, 'levantándome de las cenizas') contó con la colaboración de ciclistas ruandeses como el propio Adrien Niyonshuti: «el documental fue muy importante. En mi academia hemos crecido gracias a él, nos ha ayudado a recaudar dinero para seguir ayudando a la gente».
Un contrato profesional
Adrien tuvo éxito en las competiciones de su país, ganando el ahora afamado Tour de Ruanda, que gira en torno a Kigali, ciudad donde se organizó un Mundial de ciclismo con victoria para Tadej Pogacar en 2025: «la ciudad permite a la Federación todo lo que necesita para organizar la carrera». Una victoria que le catapultó: «Dios me ayudó y gracias a esta victoria toda África me conoce y me ayuda». Ello le llevó a las filas del equipo MTN sudafricano: «me sentí muy feliz cuando vi el contrato. Viví muchas experiencias, conocí países como Italia, donde ahora vivo».
El ruandés nació el 2 de enero de 1987 en Rwamagana, al este del país. Fueron nueve años en el profesionalismo hasta que a la edad de 32 colgó la bicicleta y se dedicó en cuerpo y alma a empujar desde su academia. Fue nombrado seleccionador de Benin, sin lograr grandes resultados con el país africano. La lástima es que la selección de Ruanda no dé más oportunidades de transmitir conocimientos de ciclismo y experiencias de vida al cuádruple campeón nacional del país. Al menos, las semillas que plantó han germinado en más ciclismo en Ruanda. Sin ir más lejos, su primo Eric Muhoza es ciclista en el Team Amani.
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