El debut de Isaac Del Toro en el Tour de Francia
Quizás Isaac Del Toro, una de las claras sensaciones de 2025, no lo sepa. Pero afronta su temporada más complicada. Frase firmada por aquellos que piensan que lo difícil no es llegar, sino mantenerse y demás topicazos. Después de un magnífico historial de victorias al calor del mejor equipo de la actualidad, es momento de darle continuidad, acompañado por el vértigo propio que da el éxito, hecho carne en 18 victorias que le han tenido en boca de todos. Los retos, por tanto, tienen que aumentar en altura, en intensidad. Es ley de vida.
Pero la encrucijada es mayor. El ojo humano suele fijar su atención en el aquí y ahora, trasladando al futuro esa fotografía. Como el ciclismo, que es la vida, nos enseña en ocasiones, todo cambia en un parpadeo. En esos momentos de cambio, conviene estar en pole position, para que la cinta transportadora que es el paso del tiempo te ubique en primer lugar. Almeida va cumpliendo años con cinco de ventaja, Yates va diez kilómetros por delante. Ayuso, casi coetáneo, se ha marchado.
Del Toro tiene muchísimas opciones de convertirse en el príncipe heredero. Pogacar no es eterno, aunque lo parece, y esa guerra de sucesión tendrá lugar cuando las rodillas del esloveno tintineen y alguna de ellas caiga sobre la lona. Lleva muchos años en el candelero y no sería de extrañar que sucediera antes de lo que los cánones marcan. Cuando pase, si las cuadran las cuentas de 2026, estará esperando un tipo de asta firme, con piernas de fuego y corazón de chile. Alcalá, Cuapio y ahora Del Toro. México también es lindo en ciclismo, por el que esparce sus genios a lo largo del espacio-tiempo.
Isaac, por apellido, nos recuerda más a Benicio. Alguien que proceda del mundo exterior (al ciclismo, se entiende) pensaría que debe encajar tarde o temprano en el Red Bull de Evenepoel y Roglic. Pero aún no es el momento de que ambos toros unifiquen intereses. Todavía queda mucha sombra por comer y sumisión que digerir. El segundo escalón, que es a lo que todo mortal podría aspirar en el equipo de Tadej, ha dibujado para él un camino que circula por el doble filo del Tour de Francia.

El mexicano va a probar suerte a la mejor carrera del mundo, lo que garantiza todo menos indiferencia. Del Toro ya va tarde para saltar del amarillo del Avenir al de París con dos temporadas de distancia, justo el registro de Tadej Pogacar. El riesgo tiene que ver con las futuras expectativas, listones que en próximos años deben superarse. El problema de brillar en el Tour es que es imposible salir de él. Si los dioses de julio te sonríen, renunciar no será en adelante una posibilidad. Y Del Toro es claro candidato a seguir de cerca la estela de Vingegaard, que además procederá del Giro. ¿Podio? ¿Quién es más candidato que él?
En esa ambigüedad de trabajar y ser trabajado, el reto también reside en ampliar palmarés a base de vueltas cortas. Con el golpe de pedal de 2025, Tirreno, Itzulia y Dauphiné (o como se llame ahora) pintan a izar la bandera mexicana. Si conquista territorios y finaliza su formación en Grandes Vueltas, el año se puede dar por bueno. Eso sí, conviene que la imagen de killer perdure. Que el halo de mini-Tadej siga respirando y que él siga creyendo en sí mismo como heredero del imperio. Aunque en estos días toque sacrificarse, es un videojuego que le acabará teniendo a él en portada. Pero la trayectoria debe ser ascendente, ojo.
Un toro que tendrá que coger por los cuernos y que no va a ser fácil. La segunda parte de la temporada ofrece al mexicano muchas oportunidades, si bien estarán todas supeditadas. En cualquiera de los calendarios que le elijan acabará por estar entre los candidatos. El mexicano está para meter miedo a los demás en Lombardía, también en el Mundial de Canadá. El problema en todas ellas será que la pólvora estará mojada, las cartas muy marcadas y la maniobra contará con escaso margen.
Parece harto improbable que sea él precisamente quien ponga el cascabel al gato, por mucho que el arcoíris lo disputen con equipos diferentes. Las casas comerciales siempre tuvieron peso por encima de las nacionalidades en esta prueba y, vista la edición de 2025 del Mundial, parece más verosímil encontrarse a un Del Toro colaborador que a la contra. De nuevo, el doble filo de convivir en los mejores hoteles con los mejores nombres del momento. Pero no debe caer en el argumento del tiempo, de la juventud y todas esas excusas que acaban por retrasar lo inevitable.
El momento es ahora, esta es su ventana al éxito, que puede cerrarse tan de pronto como se ha abierto. Cuando regaló el Giro en Finestre, se escuchó alguna voz autorizada diciendo aquello de «tiene mucho tiempo por delante». Por el momento, la próxima intentona por la maglia rosa debe esperar a 2027. Mínimo. Si destaca en julio, algo bastante factible, es probable que Del Toro tarde en regresar a otra grande que no sea el Tour durante un tiempo. Porque pinta a next best thing del UAE. ¿O no?

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