Viernes 14 de Mayo 1993. Decimonovena y antepenúltima etapa de la Vuelta a España 1993. Era la última oportunidad para los Amaya si aún querían aspirar al menos al segundo puesto con Cubino. La última oportunidad de victoria de etapa para Delgado, quizás más libre al no ser peligroso en la general (ocupaba el sexto lugar a más de 7 minutos de Rominger). O, quién sabe, a lo mejor Manolo Saiz tenía guardado un as en la manga y Zulle tenía previsto atacar en la etapa.
El que parecía claro que tendría que intentar algo en el Naranco era Rominger, con apenas 33 segundos sobre Zulle con 44 kilómetros de contrarreloj por delante. Y se iban a subir los siguientes puertos: Cobertoria, Padrún, La Manzaneda y, pasado Oviedo, el alto del Naranco, donde el genial e imprevisible escalador asturiano José Manuel Fuente había cimentado su victoria de la Vuelta 1974.
Sin embargo, parecía que todos tenían sus miras puestas en la contrarreloj de Santiago de Compostela del domingo. A la ONCE le valía la desventaja y Juan Fernández, director del CLAS asturiano, apostaba ciegamente por su pupilo, que a su vez decía que quería ganar la etapa del Naranco ante su gente, pero que iba a ser complicado aumentar la ventaja sobre Zulle. Palabras y más palabras, pero los campeones lo son porque escriben páginas de leyenda allá por donde ruedan. Fue una etapa dura y sin imágenes de televisión en el ascenso a la Cobertoria, donde ya el fuerte ritmo hacía que se seleccionara el pelotón.
Curiosamente y tras una mala Vuelta, el primero en coronar era el ídolo español Pedro Delgado, pero en el descenso el segoviano no iba a arriesgar, como por otra parte sí hacían la dupla del CLAS Rominger y Gastón. Rominger se lanzaba a tumba abierta y el vasco se la jugaba a pesar de tener muy fresco su abandono en el Tour del año anterior tras caerse en el descenso del Roselend. Sin embargo, el momento clave de la Vuelta estaba por llegar. Zulle, que veía cómo la dupla del CLAS se marchaba, decidía adelantar posiciones en el grupo, pero cuando se lanzaba a por sus rivales y en una curva a izquierdas, ocurría lo temido en un día de lluvia y con un descenso tan peligroso: el líder de la ONCE se caía.
No tardaba demasiado en levantarse, pero la carrera ya estaba rota. Se acababa el descenso pasados unos kilómetros y la dupla del CLAS estaba por delante con más de medio minuto sobre un grupo con los Amaya y Delgado. Más atrás, a un minuto, Zulle en un grupo con Bruyneel y Breukink, junto a Miguel Ángel Martínez, que había esperado a Zulle tras su caída.
Gastón se desfondaba por su líder, quería dejarlo a pie del Padrún con la máxima diferencia posible, pues después todo sería subir y bajar. Rominger haría el resto. Por detrás, un Breukink irreconocible tiraba haciendo de gregario de lujo. Coronaba Rominger el Padrún con la ONCE tirando por detrás y el Amaya expectante. De forma inmediata se iniciaba el ascenso a la Manzaneda y Zulle decidía que ya era él el que debía responder en primera persona. La etapa se convertía en un mano a mano histórico en la Vuelta. Los suizos estaban protagonizando una de las jornadas más bellas de ciclismo de siempre y todavía quedaban 20 kilómetros para meta.
El líder tiraba con todo, le iba la Vuelta en ello. Su segunda Vuelta, para igualar el récord de la ronda. Rominger perdía algo de diferencia y pasaba con 45" por la cima sobre el grupo de Zulle, que era comandado por Cubino y se lanzaba hacia Oviedo. Los aficionados asturianos que se agolpaban en las rampas del Naranco no daban crédito a lo que estaban viendo, una exhibición a lo Fuente, y de un suizo/asturiano.
Por detrás, Zulle seguía tirando sin colaboración alguna, Cubino se limitaba seguir su rueda y Rincón, Montoya o Delgado mucho hacían con aguantar. La ventaja se había estabilizado en los 45", Zulle dejaba claro que era un digno segundo y que de no ser por la caída podría haber estado cerca de un Rominger que se veía ganador de la etapa y de la Vuelta y entregaba sus últimas fuerzas ante una afición enfervorecida. Finalmente ganaba la etapa con un tiempo de 3h 59' 41".
Los segundos iban cayendo y Cubino ahora sí atacaba a Zulle en los últimos metros entrando segundo a 35". Zulle lo hacía a 44", con Montoya, Rincón y Delgado a 53". Por detrás, un reguero de corredores en el que el 12º en la etapa Arsenio González cedía 4'31", había sido un día grande. La clasificación general quedaba sentenciada, o al menos eso parecía. Un Zulle exhausto comparecía en el set de televisión española para comentar su caída y su todavía imperfecto español hacía que salieran de su boca términos que pasarían a la memoria ciclista:
Foto © Cordon Press
0 comentarios