Enric Mas se hace grande

Enric Mas se hace grande

Enric Mas conquista Aitana. Merecido. En primer lugar, por el elegante gesto que tuvo con Tadej Pogacar en el podio. En segundo, porque después de una trayectoria plagada de segundos puestos y críticas despiadadas, necesitaba una foto así. Coger el rojo de rebote es una cosa, otra lucirlo con una victoria tan contundente. No ha sentenciado la Vuelta, es evidente. Mucho menos con Primoz Roglic amenazando. Pero, ¿y si le ha llegado el momento de descubrir que los Reyes Magos son los padres, de creer en sí mismo, de darse cuenta de una vez que en subida son los demás los que tienen que prestar atención a su paso y no al revés? Movistar tiene ante sí una oportunidad única. Llevan diez años de sequía en la grande de casa, siete desde que Richard Carapaz dibujó un teléfono en el trofeo del Giro de Italia. Para un equipo de tanta tradición e historia, demasiado tiempo.

A Enric se le ve colmillo, poderío en el golpe de pedal. Y eso que Aitana no era una subida para escaladores puros. La prueba del algodón de los cinco mil metros de desnivel nos ha ofrecido lecturas varias. Pogacar ha desaparecido, pero la guerra directa es con otro esloveno, un viejo conocido. Hay que recordar un antecedente, que es un escenario que catarán de nuevo en la penúltima etapa. La Vuelta a España 2024 vivió una jornada de alta montaña con meta en Granada donde Enric Mas fue el más fuerte de largo. Por la cima de Hazallanas pasó con un minuto sobre el minigrupo de Roglic, a la postre campeón en Madrid. Era la etapa 9, como la de Aitana. Entonces se lamentó por haber perdido la ventaja bajando, susto mediante. La lectura que hizo de aquello fue el gran error: pensar que no había valido la pena fue nefasto para las aspiraciones del balear. Demostró ser físicamente el más fuerte, como ha pasado en 2026. La renta es lo de menos. Pero la lucha no puede quedar aquí, quedan varios ataques sin mirar atrás por venir si quiere llevarse a casa el maillot rojo.

Entonces Roglic fue de menos a más, y Enric de más a menos. Queda una contrarreloj que se antoja capital, pese a que será las montañas quienes dicten sentencia. Por tanto, si sujeta el presente estado de forma, el de Movistar tendrá la última palabra. Aunque es anticiparse mucho, todavía quedan dos semanas, un mundo cuando basta un segundo para que todo cambie, ¿verdad, Tadej? Hay enemigos que no han dicho la última palabra: Felix Gall, si coordina mejor al Decathlon, tiene etapas para sembrar el pánico. Lo mismo Richard Carapaz. O Sepp Kuss, o Harold Tejada, o Mattias Skjelmose. Movistar tiene que batirse y no cometer el error de dar alas a nadie. Si miran para otro lado, peligro. Roglic esperará paciente, ya conoce el proceso los caminos hacia la victoria y también hacia la derrota. Es mal enemigo. También especialista en vestirse de momia. Si ha ganado cuatro ediciones de esta prueba no es por casualidad.

Se pensaba que el mundo se había acabado tras Pogacar y afortunadamente no fue así. La escapada soñó con jugarse el triunfo, el Decathlon decidió poner sobre la mesa las cartas del personal y marcó un pasodoble que lastró las piernas de los favoritos, sobre todo las su propio jefe de filas. Con una subida tan pajarera, hubo movimientos, estrategia, ataques, contrataques, quedados, renacidos... El ciclismo sin dominadores tiende a ser más entretenido, es un hecho. Después de varias grandes bloqueadas por los grandes nombres del presente, este ramillete de ciclistas tienen una ocasión única de reivindicarse. Y Enric Mas de lograr el sueño, pasar a la posteridad como el ganador de algo importante. Para ello, tiene que seguir comportándose como el más fuerte y añadir a sus piernas un ingrediente esencial: cabeza. Ahora, día de merecido descanso en el recomponer energías y estrategias.

Foto © Sprint Cycling

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