Los encadenados más famosos del ciclismo

Los encadenados más famosos del ciclismo

Los encadenados han sido la base sobra la que se han escrito muchísimas historias en el ciclismo. Puertos seguidos, sin llano intermedio, con posibilidad de plantear estrategias subiendo (o bajando). Sinónimo de etapa de alta montaña, hay algún encadenado muy recordado por los aficionados y también por algún ciclista que lo ha sufrido. Repasamos varios de los más conocidos:

Tourmalet + Luz Ardiden: los reyes de los Pirineos

En los Pirineos hay puertos más duros, pero ningún encadenado que conecte dos subidas fuera de categoría y ambas de tanta fama. El Tourmalet es el rey de los Pirineos. Hay otras subidas que lo ponen en cuestión, pero la gran historia de este coloso de 2115 metros de altitud desequilibra la balanza en su favor. Luz-Saint-Sauveur, al pie de ambas ascensiones, es un centro neurálgico de vacaciones, tanto en invierno con el esquí como en verano con el cicloturismo y los amantes de la naturaleza. La subida final, un clásico del Tour, viene a ser como una especie de Alpe d'Huez a la pirenaica.

Marmolada + Pordoi/Sella: la magia de los Dolomitas

No hay muchos encadenados puros con más belleza. El Passo Fedaia (La Marmolada) es una auténtica joya como puerto, del mismo modo que el Pordoi y, sobre todo, el Sella son menos duros que el predecesor y poseen un paisaje de categoría especial. Delante de ellos, cabe desde el Giau hasta puertos más modestos como Staulanza. Un clásico del Giro que está entrando en desuso sin entender muy bien el motivo.

Cordal + Angliru: de lo más duro del ciclismo

Sí, hay combinaciones con puertos más equilibrados. Aquí hay uno muy corto y empinado (Cordal) y otro que es una de las subidas más bestias del ciclismo profesional. A su lado, el aperitivo del Angliru parece una hormiga, cuando es un puerto bastante indigesto. Y es que al lado del coloso de Riosa todo palidece. Siempre van de la mano, aunque no tendría por qué ser así.

Mortirolo + Aprica: el dogma del ataque

Como el puerto final no es duro, el anterior se presta a movimientos lejanos. No siempre sucede, el ciclismo no son matemáticas, pero invita a que así sea. El Mortirolo, uno de los pasos montañosos más empinados, ofrece una gran diferencia de dureza con respecto a Aprica, clásico final del Giro de Italia que ha visto multitud de batallas épicas libradas en sus rampas.

Finestre + Sestriere: sterrato e historia

La subida al Colle delle Finestre es una de las más icónicas del ciclismo actual. Todas las carreras que ascienden un puerto de estas características se ven altamente influenciadas por él. Sestriere, lugar habitual para ubicar la meta, es mucho más suave y sigue la lógica Mortirolo + Aprica, pero en un concepto moderno y revolucionario, con el sterrato como gran incorporación al ciclismo de primer nivel desde 2005, año del estreno del coloso de Susa.

Telegraphe + Galibier: el más grande de los Alpes

La fama se la lleva el Galibier, con una altitud extrema y donde suelen sucederse los ataques. Sin embargo, se debe prestar más atención al Telegraphe, con 12 kilómetros cerca del 7%. En conjunto, hablamos de una ascensión de 35 kilómetros, todo un coloso y uno de los encadenados más conocidos del ciclismo profesional.

Morcuera + Cotos: una trampa para osos

La Vuelta tiene un encadenado muy especial en la sierra de Guadarrama. Morcuera, el más rompedor de los puertos de Madrid, unido a Cotos, uno de los más largos y bonitos, han hecho saltar por los aires más de una edición de la carrera. Sin apenas llano y con un tramo intermedio que tiene hasta adoquines, no son los puertos más fieros del mundo. Pero si han hecho daño a tantos ciclistas décadas atrás por algo sería.

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