La encrucijada de Primož Roglič: entre el último rugido y el adiós

La encrucijada de Primož Roglič: entre el último rugido y el adiós

El ciclismo de máxima exigencia no espera ni siquiera a sus leyendas y rara vez concede prórrogas de cortesía, tampoco a quienes han escrito su historia reciente. En un ecosistema gobernado hoy por la tiranía de los vatios y las estrategias tecnológicas, Primož Roglič protagoniza el mayor enigma del mercado invernal. Su desvinculación definitiva de la estructura del Red Bull al concluir el curso ha dejado al esloveno ante un espejo decisivo a sus 36 años. Las dudas que sobrevuelan el ambiente ciclista no son menores: ¿le queda a este viejo león el combustible necesario para rugir una temporada más en la primera línea o ha llegado el momento de bajarse definitivamente de la bicicleta?

No hace mucho, la balanza parecía inclinarse hacia la nostalgia del retiro. En los compases finales de la temporada, coincidiendo con las clásicas de otoño, los mensajes del propio corredor destilaban cierta fatiga mental, admitiendo lo complejo que resultaba encontrar estímulos renovados para seguir sacrificándose en la carretera. Sin embargo, el gen competitivo de un atleta que cambió los trampolines de esquí por los puertos de montaña no es fácil de apagar. Las últimas informaciones apuntan a un giro de guion: Roglič quiere estirar su biografía deportiva de cara a la campaña 2027. La prórroga está sobre la mesa, ahora falta saber qué colores defenderá en este último baile.

Un último baile, pero... ¿dónde?

El tablero de ajedrez de los despachos echa humo. En el plano emocional, la opción más llamativa es el retorno a las raíces. El Visma-Lease a Bike, la escuadra donde el esloveno alcanzó su madurez deportiva y firmó sus páginas más gloriosas —incluyendo su triplete en la Vuelta a España—, ha movido ficha para explorar una posible reconciliación. Para la formación neerlandesa, la operación tiene una lógica aplastante tras la salida de Simon Yates, recuperar a un veterano de su calibre aportaría un sólido plan de contingencia y un escudero de lujo para blindar las aspiraciones de Jonas Vingegaard.

Pero el romanticismo no siempre gana las carreras, y las ofertas económicas de otros pretendientes son imponentes. Si lo que busca Roglič es un proyecto donde ser el epicentro absoluto sin compartir galones, el equipo suizo Tudor Pro Cycling Team aparece como el rival más fuerte en la puja. La escuadra de segunda división tiene la billetera y el espacio libre tras la jubilación de Julian Alaphilippe y ve en el esloveno la palanca perfecta para dar el salto definitivo al World Tour. A este pulso se añaden estructuras ambiciosas como el Lotto-Intermarché, Pinarello Q36.5 o el capital del XDS-Astana, dibujando una subasta exprés donde el entorno del corredor prevé tomar una resolución inminente.

¿Al nivel para continuar?

Al margen de las finanzas y las marcas de maillots, la gran pregunta que se hace el aficionado es si Roglič mantiene el nivel físico para no ser un mero figurante en el pelotón. Los resultados más recientes, analizados con perspectiva, dictan un veredicto positivo. Pese a un año caótico, lastrado por caídas graves y el tremendo susto de sufrir un atropello mientras entrenaba en verano, su rendimiento sigue siendo notable. El tercer puesto conquistado en la Vuelta a España y su posterior exhibición en el Campeonato de Europa de contrarreloj demuestran que sus piernas aún conservan ese golpe de pedal.

Es evidente que aspirar a destronar a fenómenos generacionales como su compatriota Tadej Pogačar en una ronda de tres semanas pertenece ya al terreno de la utopía. El paso del tiempo es inexorable. Sin embargo, reducir el valor de un ciclista a la pelea por el maillot amarillo del Tour sería un error de bulto. En el ciclismo de cinco estrellas, las carreras de una semana, las etapas de alta montaña y las clásicas de prestigio siguen necesitando de la astucia, la colocación y el instinto rematador que el esloveno maneja como pocos, aunque sea en una versión menos afilada.

La suerte está echada y el reloj de la pretemporada ya descuenta los días. Primož Roglič no es un corredor que vaya a aceptar un papel secundario para pasearse por los kilómetros finales de su carrera. Si sigue, es para ser relevante. Ya sea ejerciendo de tutor experimentado en las filas del Visma, liderando la revolución helvética del Tudor o sorprendiendo al mundo en un nuevo destino, se ha ganado el derecho a decidir el punto final de su epopeya. El pelotón, expectante, aguarda su última palabra.

Foto © Red Bull


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