Así lo ha anunciado el esloveno. Después de ensoñaciones con verse corriendo antes de final de año, la cordura se impuso y está en lo que tiene que estar, que es en recuperarse por completo de una lesión más compleja de lo que parece y empezar a planificar un año cargado de emociones y objetivos. El Giro soñaba con él y le había diseñado un estreno de la carrera por todo lo alto en Eslovenia.
La puerta abierta del corredor de UAE al doblete Tour-Vuelta descarta cualquier opción de verle disputar una tercera grande en mayo. Por primera vez, la Vuelta goza del sí del astro del ciclismo con antelación, por lo que es momento en el tejado de Unipublic de analizar y construir un tapete adecuado para que se den las premisas que ellos vislumbran para una carrera mediática y atractiva.
La influencia de la decisión en el recorrido
Si la Vuelta diseña el recorrido en función de la presencia de Pogacar, estarán cometiendo un grave error. La lección a aprender de la edición 2026 es que todo puede cambiar en un instante, que depender de la presencia de un ciclista para que todo encaje no parece la mejor de las ideas. La caída que sufrió en la octava etapa de La Vuelta se puede producir en el Tour y quedarse todos con el molde en la mano. En cambio, es inevitable que la organización no modifique la idea original de carrera que tenía entre manos.
Al final, un filón mediático como este va a provocar cambios, tiene que ser así. Por ejemplo, en la elección de ciertos finales para provocar fotos que le harían mucho bien a la prueba. Se me ocurre un final de fiesta en el Angliru a un día de acabar en Madrid las tres semanas de competición. Ver al corredor esloveno coronarse en esta cima sería una foto para la historia. Juntar dos elementos tan mediáticos y hacerlos coincidir podría disparar las audiencias. La elección de las metas de Asturias, los recorridos intermedios de Cantabria o Pirineos o que el inicio de la prueba vea afeitada su dureza pueden ser consecuencias de este anuncio.
El reto inacabado del liderato de principio a fin
El reto que se autoimpuso de lucir el rojo de líder de principio a fin es posible también en 2027. Una posibilidad es que el primer día se ascienda hasta el Mirador de Ézaro, como meta o como paso. En ambos casos, el esloveno es sobradamente capaz de reventar la carrera en dicho muro, con rampas del 30%. Los finales en alto de la primera semana podrían ver afectada la inclusión de gran dureza en sus etapas. Raro sería que esto no se produjese, pues el sueño del organizador es que gane un célebre e histórico corredor como Tadej, pero con lucha, con emoción hasta el final.
Al menos, retrasando al máximo que la clasificación general quede bloqueada como pasó con esos primeros días de 2026 donde el líder de UAE dejó todo hecho un solar ganando tres etapas de seis que pudo disputar. En la cabeza de quienes diseñan, dureza es sinónimo de diferencias y diferencias es sinónimo de poca emoción. El propio Tour se lamentó de la exhibición que dio el propio campeón de cinco ediciones en el Tourmalet, en la sexta etapa.
La gran etapa de los Pirineos franceses será difícil de recortar en cuanto a dureza, pues salvo que decidan incluir una etapa reina light (que todo puede ser, no olvidemos el raquítico trazado de 2025) por los puertos oscenses, no hay posibilidad de esquivar Aubisque o Tourmalet sin dar rodeos absurdos que alargarían en demasía la etapa. En el resto, todo es posible. Ya vimos en 2026 que con un recorrido durísimo, el esloveno eligió correr. A lo mejor, el destino te cuida más cuando eres tú mismo, quién sabe.
Foto © Cxcling
Artículos relacionados
0 comentarios