David De la Cruz nació en Sabadell en 1989, un 9 de mayo. Los tauro son gente con el rumbo fijo, capaces de tirar un muro a cabezazos si fuese necesario. Como ciclista, así ha sido él durante los 16 años que ha estado como profesional. Caja-Rural, NetApp, Quick Step, Sky/Ineos, UAE, Astana y Pinarello Q36.5 han sido las pieles que ha vestido para un total de veinte grandes vueltas y catorce monumentos disputados. Seis victorias, entre las que destaca ese 28 de agosto de 2016.
El pelotón procedía de La Camperona, cima que presenció batalla entre Froome, Quintana y Contador, los tres grandes nombres de la Vuelta a España. Estaba cantado que esa primera etapa asturiana iba a ser para una fuga. El típico terreno escarpado, con pequeños puertos hasta llegar a Oviedo hubiese sido una tortura para que cualquier equipo hubiese controlado. El Naranco es casi siempre día para escapadas. David, que llevaba en el cuerpo la mala experiencia de haber perdido repetidas oportunidades en escapadas, supo mantener la calma y leer la carrera a la perfección.
Llega el Naranco
Lucía el azul del Etixx Quick Step y llegaba al pie del mítico monte astur con gente de la calidad de Thomas De Gendt, Alexandre Geniez, Pello Bilbao, Luis León Sánchez y algún otro ilustre. El mejor colocado en la general era el catalán, también el mejor escalador, pero el Naranco es una montaña rara. Sabía que de ir todo normal, podía ser el líder. Por detrás, Movistar controlaba las diferencias, pero en el fondo deseaban cedérselo a alguien que colaborase en asumir responsabilidades. Pronto se dieron cuenta por delante que la etapa se iba a disputar entre ellos y que el maillot rojo iba a estar más justo.
Para De la Cruz ya hubiese sido un premio gordo vestir de líder. En cambio, conforme pasaban las kilómetros, de que tenía boletos para que tocase la lotería. En la penúltima subida, el alto de la Manzaneda, arrancó el belga Dries Devenys. Con él se iba el sabadellense entre las miradas cautas del resto de escapados, que observaba cómo unos se anulaban a otros mientras los dos de cabeza de carrera se alejaban lentamente. Quedaba una subida dura, de cinco kilómetros, en la que todo podía cambiar. Al pie llegó el dúo con 40 segundos de ventaja.
El más fuerte de la escapada
Los escapados contaban con el final en alto para intentarlo a la desesperada, pero no con David De la Cruz, que arrancó a falta de un kilómetro para imponerse en una meta que es historia del ciclismo. No le sobró demasiado para ser líder, apenas 22 segundos. Los favoritos se lo tomaron con calma hasta el sprint final y apenas recortaron. El combativo escalador había conseguido premio doble. Un honor que se completó con haber subido a los Lagos de Covadonga con el maillot rojo y captando todas las miradas y vítores de un público que abarrotó las cunetas.
Le duró apenas un día, pero la victoria de etapa sigue en el palmarés y nunca se irá. La única etapa en vuelta de tres semanas, y no será por no haber llevado el cántaro a la fuente, que en cada carrera en la que se presenta acaba por filtrarse una y otra vez en las clásicas escapadas que acaban resolviendo las victorias de etapa. El contador en grandes vueltas, sin embargo, se paró ahí.
Foto © Álvaro Campo
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