Nadar y guardar la ropa, por lo que pueda pasar. El triatlón, origen de Javier Romo, enseña a cambiar de un deporte a otro en cuestión de segundos. Un ensayo para la vida, que en un instante da un vuelco y gira, como el mundo, que no deja de girar pase lo que te pase. El corredor de Movistar se encontraba junto a los hombres clave en el momento clave de la etapa reina. Por fuerzas, podría haber sido suya. Pero parece que el destino tenía reservado otro plan para él. El manchego quedó descolgado por un detalle que lo cambió todo, un ligero empujón que provocó que su bicicleta hiciera el afilador con la de Lipowitz. Un déjà vu de la pasada Vuelta.

El resultado, el español en el suelo y la dupla antes trío, encabezada por el insaciable Paul Seixas, que se alejaba en la distancia. Pese al disgusto y los esfuerzos en solitario, sobrevivió al grupo posterior y alcanzó la meta tercero. Una buena actuación que le permitió formar parte de los diez primeros de la general, pero que dejó mejor sensación que resultado. Y es que resistir las ruedas del último podio del Tour y de la sensación de la temporada tiene mérito e indica que las piernas de Romo son para ilusionarse.

Él, un regalo de Reyes para sus padres, firmó una sobresaliente actuación en la Tirreno-Adriático, con un recorrido bastante más complicado para él. Con montañita, se ha defendido a las mil maravillas. Vamos, que ha maravillado. El de Movistar aprovecha la ausencia de Enric Mas en esta Vuelta al País Vasco y deja el sello puesto, si bien lo que lanza es una advertencia a navegantes. Ante la falta de liderazgo claro al frente del equipo, Javier se postula, presenta su candidatura. La ruta que Eusebio, Chente y cía han diseñado para él pasa por el Giro de Italia. Sí, esa carrera que será el eje central del calendario de Enric Mas. Pero ahí existe una ventana. El balear ha ofrecido hasta la fecha un rendimiento incierto.

Si el tres veces segundo de la Vuelta flaquea en el intento, estará Romo para demostrar lo sólido y rocoso que es como ciclista. Seguro que Movistar guarda esta baza en la nevera envuelta en papel de aluminio por si acaso. Nunca sabes cuándo vas a tener hambre. De ese modus operandi salió la última victoria grande del equipo, la de Richard Carapaz en 2019. Ojo al parche, que este ciclista es casi un ganador. Tuvo que recorrer 20.000 kilómetros para alzar los brazos (Down Under) y además alzó la voz como una baza a tener en cuenta. 2026 es su confirmación, o todo apunta en esa dirección.

Por el momento, es el ciclista que más ilusiona de la plantilla del Team Movistar. Cian consigue mejores clasificaciones, otros brillan en escapadas o en el podio de las etapas, pero es que Javi es el que más seriedad ha demostrado como baza a las generales. Parece que no estaba, pero estaba. Y está. Y va a estar. Es un muy buen ciclista, muy completo, y con unas piernas bañadas de dulce. Ahora a poder con la mochila añadida de la presión, pues más miradas estarán pendientes de evolución. De momento, parece que la puerta a la locomotora está entreabierta. Quién sabe si Romo, después de esta temporada, no acaba luciendo gorro de maquinista en aras de una nueva guardia.

Fotos © Movistar / Sprint Cycling