Había expectación y acabó por reinar la confusión: ¿estábamos ante la presentación de un recorrido del Giro de Italia o de la Vuelta a España? Siete finales en alto, ocho si contamos la obra maestra de Aprica, lo único digno de ser salvado de la quema. Primera edición bajo el radar de Luca Guercilena y ni rastro de media montaña, de puertos de montaña imposibles, de perfiles que asustan al miedo. La presentación del mes de noviembre garantiza alguna sorpresa que llevarse a la boca. Esta vez, ni eso. Lo más potable del recorrido masculino es el femenino. Cuánto se echarán de menos colosos como San Marco y San Carlo en el mes de mayo...
Etapas al sprint por doquier (¿he podido contar una decena?), una única contrarreloj llana, la cronoescalada y, si exceptuamos la reina, el resto son jornadas de último puerto. El trofeo, la gran victoria histórica de la corsa rosa, por fin reúne su significado con la carrera: giros de 360º para no llegar a ninguna parte. Si exceptuamos Aprica, Madonna di Campiglio y Zoncolan, las subidas elegidas transmiten lo mismo que un palo en medio del campo. Sassotetto es un habitual de la Tirreno-Adriático. Y ya. Los demás huelen a las típicas llegadas en alto que acabaremos olvidando al cabo de un par de días.
El Mortirolo, ¿Cima Coppi?
El pánico a las suspensiones es patente. Si uno recaba los nombres y las altitudes de las subidas que han poblado gran parte de las 110 ediciones previas, costará encontrar una Cima Coppi que no supere los 2.000 metros. Sé que el Passo di Gavia supera los 2.600 metros sobre el nivel del mar. Pero, si tuviéramos que apostar, ¿cuánto te jugarías a que se sube con normalidad? Si se suspendiese el paso por la Cima Coppi (para despistados, condecoración a la cima más alta del Giro de Italia), el título pasaría a manos de uno de los dos pasos por el Mortirolo, compañero de viaje en esa etapa de Aprica, el único gran día señalado en rojo para los aficionados al ciclismo.
Es un bagaje paupérrimo. La versión más optimista de las etapas presentadas incluía el gigante San Marco camino de Piani di Bobbio (14ª etapa, conste), Daone como penúltimo puerto y ascendido por la cara opuesta, la más dura, en la 18ª. Si es que ni siquiera Madonna di Campiglio se asciende hasta la cota más alta. Quieren que el recorrido no asuste, que las estrellas deseen combinar el Giro con el Tour, al que no van a renunciar pase lo que pase. El problema es que Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard ya tienen la carrera en el palmarés y, a no ser que medie una prima espectacular, no parece que vayan a jugarse llegar a la batalla de julio y el Mundial con menos plumas que los demás.
El descaro de haber elegido Eslovenia
La obsesión por la participación ha llevado a la carrera a empezar en suelo italiano de forma nominal. Porque el paso por Italia en esa primera jornada es testimonial, únicamente para tomar la salida y celebrar la llegada. La travesía por el país balcánico de esos dos primeros días se ha concebido como un reclamo para convencer a Tadej Pogacar para que luche por la que sería su segunda maglia rosa. Es un pegote de cuidado. Recuerda orográficamente al inicio en Bulgaria que tanto dio que hablar por la peligrosidad y las caídas. Con tanto nervio en el pelotón, la segunda tiene papeletas para que pasen cosas.
Como se había anunciado, Nápoles será el punto más alejado. Junto a Roma y Milán, la única gran ciudad que verá al pelotón por sus calles. Si reseño esto es porque no hay mucho más. Se pasa por Madonna di Ghisallo, mito del ciclismo lombardo, pero incluyendo la vertiente habitual de bajada y al inicio de la etapa. Se vuelve a Culmine San Pietro, donde Pedro Horrillo casi pierde la vida. Y la etapa del Monte Zoncolan es un despropósito. Ni primer paso por Priola ni salida desde Lienz. Últimos 50 kilómetros con sube y baja hasta estrellarse contra la pared. El resto, llano como la palma de una mano.
Valiente cronoescalada a Campo di Giove
No todo es negativo. El recorrido se presentó en noviembre, algo que no hace tanto tiempo hubiese supuesto una heroicidad. Y la cronoescalada. Que nadie se espere ver a los escaladores retorcer a los rodadores, idea que todos los medios difunden. Se trata de un puerto que ofrece un 4% de pendiente media y que va a favorecer aún más a aquellos especialistas que se adapten bien a terrenos de montaña. En esas rampas se necesita todavía más potencia y los más ligeros podrían sufrir más de lo que esperan. El problema es que el ciclismo de hoy se afronta de forma muy distinta a cuando las contrarrelojes eran tenidas en cuenta.
No es un buen comienzo. La primera ventana de atención mediática del Giro de Italia 2027 ha sido un fiasco. Las redes sociales aplauden el etapón, desconfían de que pase de papel a realidad y bucean entre la decepción y lo hueco de las palabras de quienes han perpetrado un atentado contra la historia del Giro de Italia en términos de "equilibrio". Es que no hay por dónde cogerlo, seamos honestos. No es cuestión de mayor dureza, sino de disposición de la existente. De intención, de complejo, de mostrar un plato gigante con contenido minúsculo. Será que la cocina moderna se indigesta...
Foto © RCS
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