El drama de la etapa 21 de cada Gran Vuelta

El drama de la etapa 21 de cada Gran Vuelta

Con ocasión de cada gran vuelta, surge la polémica. Desde hace años, esa última etapa, habitual día de celebración y relajo para el pelotón, viene siendo una rémora para las audiencias. Son días intrascendentes, anacrónicos, que cada vez despiertan menos interés. Tras varios años viviendo de la contradicción de escudarse en las bajas audiencias ¿? de las contrarrelojes para maltratarlas, los grandes organizadores se han dado cuenta de que ese último domingo importa #LastSundayMatters y se han dispuesto varias fórmulas para darle un giro a un guion que habitualmente termina con un sprint y un trío de ciclistas echándose champagne por la cabeza. Motivo evidente para que todo hijo de vecino aparque sus vidas para sentarse delante de la televisión un ratito. Sarcasmo.

Los ciclistas han tomado esa jornada como suya, y se creen con derecho a organizar las carreras a capricho. En Granada pasó. El circuito, abarrotado. La Vuelta, con un español despertando expectación después de una década de sequía y el pelotón queriendo suspender tiempos. Lo de siempre, alegan peligros a veces inexistentes para conseguir un día de entrenamiento con público. Los hilos los mueven los que tienen cosas que perder, muchos otros se dejan llevar por la corriente. Pero acaban en el mismo saco. El resultado es ver a unos corredores disputando una carrera y a muchos otros charlando mientras cumplen expediente en lo que podríamos dar a conocer como cicloturismo profesional. Una imagen lamentable.

¿Soluciones?

Es un tema complejo, porque el interés de una parte del pelotón es salirse con la suya en cualquier circunstancia. Como no se trata de un problema, sino de un capricho, las soluciones tienen que pasar por contraprogramar los posibles boicots que se puedan llevar a cabo. Sí, ciclistas profesionales luchando contra los organizadores para no disputar carreras, en eso estamos. El pan nuestro de cada día desde hace algún tiempo. No será porque algunos no advertimos públicamente de que esto iba a suceder.

Ubicar una contrarreloj de corta duración en esa última jornada podría ayudar. No sería la primera etapa celebrada en dicha modalidad cuyos tiempos no cuenten para la clasificación general. El ejemplo más reciente, el de la Volta a la Comunidad Valenciana que ganó Remco Evenepoel. El viento racheado es peligroso solo si disputas la etapa. En caso de lograr que ese último día no hiciera ruido no implica que las protestas no se trasladen a un día previo que por uno u otro motivo quieran suprimir. Vamos, que a lo mejor cambiamos el problema simplemente de lugar.

El Tour de Francia ha previsto la circunstancia con la inclusión de una etapa totalmente llana antes de la llegada del pelotón a París, circuito de Montartre incluido. Hubo amago del organizador de eliminarlo para evitar la decepción de cada año. Si esa etapa gana en atractivo es por imaginarse un último día competitivo, con el maillot amarillo en juego y todo el mundo pegado al televisor. ASO prueba con regalarles la etapa 20 para que disputen la etapa 21. Mi predicción es que será irrelevante. En 2025 vimos un escenario similar, con la intrascendente etapa de Pontarlier como antesala de París.

Pie en pared, critériums...

Una solución podría pasar por finalizar la carrera con quienes estén dispuestos a terminarla. Los tiempos cuentan, quien desee ganar un Tour de Francia, que tome la salida y honre la carrera. El Giro suprimió los cronos en Milán y advirtió días antes de que en Roma no iba a suceder. Es un comienzo. El problema es que puede tener lugar un contrataque letal: los ciclistas toman la salida sin intención competitiva. Porque regular los ataques y la actitud es más complicado. Caeríamos en términos subjetivos que incluso a nivel legal dejan poco margen de acción. Porque demostrar pasividad es difícil.

Es difícil prevenir escenarios que van a tener lugar de un momento a otro, pero un intento de solución puede ser crear un premio de combatividad que el organizador se reserva para quienes sí muestren carácter competitivo. También organizador un critérium posterior donde la participación sea voluntaria y permita dar vueltas de honor al circuito con el público aclamando a sus héroes. Lo que sea con tal de que tengan el momento de celebración y relajo respetando los días de competición establecidos. Porque una gran vuelta, aunque muchos ciclistas parece que no se han dado cuenta, tiene veintiuna etapas.

Una actitud inédita en el deporte

Nadie se imagina a un equipo de fútbol sentado en el césped o caminando por el verde sin luchar por el balón porque dan el partido por perdido. El pretexto puede ser que dentro de tres días hay otro partido y hay que reservar energías. O a una atleta dejar de correr porque la cabeza está muy lejos y tiene cero opciones. O a un golfista lanzar una bola como si fuese la última porque tiene claro que no va a ganar. Eso hace el ciclista de hoy. Ayudan mucho los fueras de control a niveles absurdos, que perjudican al que realmente completa las etapas enfermo y no filtra la ausencia de esfuerzo, el cerrojazo. Antaño se juntaban en pelotones para hacer fuerza en la repesca. Y ganaban el pulso.

Etapas de montaña con corredores desconectando, subiendo piñones y de risas en puertos como el Tourmalet. Contrarrelojes con especialistas consumados clasificándose en las últimas posiciones. Generales con ciclistas a más de una hora del primero en apenas dos o tres días. Si lo hacen en estas primeras etapas y se les permite, ¿por qué no se iban a creer con derecho a hacerlo en la última? Durante mucho tiempo ha existido mucha permisividad con este tema y creo que los organizadores, que tienen un organismo común en su defensa, deberían tomar cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde. Si no lo es ya...

Foto © Cxcling


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