El puerto del León, también conocido como Fuente la Reina, llamada así por una visita de Isabel la Católica en el siglo XV, es el punto de unión entre el mar y los Montes de Málaga. Una zona idílica, tranquila, que dista poco en kilómetros del bullicio de la gran ciudad y, sin embargo, marca un contraste total. En las alturas solo hay silencio, interrumpido por el ruido de los vehículos que suben a las numerosas ventas que encontraremos. Las vistas sobre Málaga y el mar empiezan a sobrecoger conforme pasan los kilómetros de puerto.
Y es que es necesario pisar la urbe para comenzar esta vertiente. Otra fuente, la de las Olletas, nos marca el inicio del puerto. Estamos a escasos mil metros de La Malagueta, la playa más afamada de la ciudad. Aquí empieza subir la carretera de forma sutil, delatado por el nombre de la calle: Camino de Colmenar, que es lo localidad que espera en la otra cara del puerto del León. En la siguiente rotonda, giramos a la derecha y se acabó la sutileza: empieza el puerto con todas las letras. Nos esperan 16 kilómetros sin grandes rampas, pero sin grandes descansos.

Un puerto repleto de ventas
En los fines de semana, es un lugar único para ir a tomar el aperitivo. A lo largo de la subida nos encontramos varias ventas donde poder degustar los manjares de la zona (ojo al plato de los montes) a un precio más que razonable. Pasamos por encima de la A7 y desde ahí nos quedan pocos atisbos de civilización. Al poco, cada mirada atrás será para contemplar Málaga y el mar en un balcón improvisado que de vez en cuando tiene balcones y miradores que merecen una parada. Ganamos altura rápido y el puerto se empieza a poner serio.
Hay pocas curvas de importancia en esta primera mitad. De pronto, llegamos a una gran curva de herradura que nos mete en otra fase del puerto. Las vistas sobre el mar desaparecen y el paisaje empieza a ser la montaña, donde la vegetación aumenta y la subida empieza a enrabietarse. Llegamos a dos curvas helicoidales, la primera con un túnel que en subida no debería dar problemas. La carretera tiene un ancho aceptable y permite el paso de los coches por el carril opuesto. Si siempre es recomendable circular por la derecha de nuestro carril, en este tramo lo es aún más para evitar sustos. Es una fase del puerto que ofrece mayor pendiente y que nos hará sudar.
El final, lo más duro
Nos acompaña el clásico quitamiedos de piedra andaluz, si bien no se tiene la sensación de un gran peligro. Los pinos nos acompañan y nos regalan algunas sombras, que en días calurosos se van a agradecer. Ojo a la humedad, no hay que olvidarse de que nos encontramos junto al mar. Es recomendable llevar mucho líquido y no confiarse en el esfuerzo, pues el final de la subida es lo más exigente. Las curvas empiezan a intensificarse, sin llegar a subir ninguna herradura. El curveo nos ayuda a que el sufrimiento sea menor y que nos marquemos pequeñas metas.
Las rampas aquí llegan al 10%, con una zona final donde vislumbramos la fuente que marca la cima, aunque el puerto continúa por unos centenares de metros. Esa parte, donde desaparece la protección del arbolado y es más rectilínea se atraganta. La fuente tiene competencia con un bar contiguo. En la cima real hay un restaurante y allí empieza el descenso hacia la otra vertiente.

Una zona para perderse
Aparte del valor cicloturista, la zona merece una visita a fondo. La gastronomía es un añadido, pero visitar pueblos como Comares, Moclinejo o disfrutar del camino hacia ellos merece la pena. La cercanía con el mar nos regala instantáneas preciosas desde las alturas. En lo ciclista, también es un viaje interesante, con multitud de subidas que pondrán a prueba nuestro estado de forma. El propio puerto del Léon, con subidas desde Olías y desde Colmenar, tiene para dedicarle un buen rato de esfuerzo. El muro de Almáchar, carretera paralela al puerto de Olías o Totalán, ofrece una carretera preciosa que en la vertiente norte tiene cinco kilómetros realmente difíciles.
La cercanía con La Axarquía permite pasar unos días de cicloturismo por recorridos durísimos, variados y donde podremos disfrutar de carreteras tranquilas y paisajes espectaculares. Eso sí, preparad las piernas para una auténtica paliza, porque los colosos de esta zona tienen su miga: El Sol, La Mina, Boquete de Zafarraya... Casi cada una de estas carreteras contiene un puerto en el que hacerse sufrir. Eso sí, ojo a la caló.
Fotos © JMatesanz
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