Hablamos de uno de los puertos más bonitos de Europa. Las praderas de ensueño decoran una carretera que va serpenteando por las montañas hasta coronar colgada de la ladera a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar, que no se encuentra demasiado lejos. Desde San Roque de Riomera o incluso antes, empieza a ponerse serio este puerto que enamora con una sola visita. Las fotografías son espectaculares, pero in situ gana varios puntos.
No hablamos de una subida con exceso de dureza, lo que añade atractivo para los cicloturistas. Poder degustar cada kilómetro es una suerte y más en este puerto que conecta Cantabria con Burgos. Las combinaciones son interesantes, como el Caracol, Estranguada, Los Machucos, La Sía, Estacas de Trueba, Picón Blanco, etc. También está la posibilidad de subir hasta Picón del Fraile, a los pocos metros de bajar por la vertiente burgalesa y volver a ascender hasta los 1.600 metros en el EVA 12.
Desde Liérganes, en ligero ascenso
La bonita localidad cántabra, surcada por el río Miera, da el pistoletazo de salida a la CA-260. Ascendemos por un falso llano que nos conduce a San Roque, con excepción de tres kilómetros más duros que coronan en la localidad de Ajanedo. A partir de ahí, un descanso largo y empieza lo bueno. Dieciséis kilómetros desde ese punto, con los paisajes mostrando cresteos a mano izquierda que quitan la respiración. Muy bonita la ascensión desde las primeras estribaciones. Pasamos de largo del cruce hacia El Caracol y nos dirigimos hacia La Concha.
Rampas del 8-9% constantes, seguidos de pequeños descansos, y sin porcentajes medios elevados vamos ganando altura. De primeras, el puerto es rectilíneo, la calzada no excede de cuatro metros de anchura. La sensación es que nos estamos metiendo en alta montaña. La carretera empieza a virar hacia la izquierda, a ganar en número de curvas y aparecen los miradores. A lo alto se observa el paso de vehículos y parece imposible que podamos alcanzar ese lugar en tan poco tiempo. Las vistas son espectaculares en este punto, mires donde mires es un ascenso que embruja.

El final, un espectáculo visual
La parte final suele ser un balcón sobre la niebla. Se observa al fondo lo que hemos ido recorriendo. El puerto se empieza a hacer largo porque no da tregua, pese a no ser especialmente duro. De pronto, una herradura colgada de la montaña y afrontamos la recta final. La rampa no afloja y se vislumbra al fondo que la montaña se acaba. Efectivamente, al poco se ve el cartel y allí está la cima. Es coronar y empieza la bajada, no hay más puerto. Un tramo antes de la cima merece la pena detenerse para contemplar lo que hemos conseguido porque una vez se gira a izquierdas y se pierde la perspectiva del valle, las montañas nos lo taparán.
Aquí tenemos la opción de bajar hacia Espinosa de los Monteros y probar la vertiente burgalesa o descender de nuevo hacia Liérganes. Hay forma de enlazar puertos con facilidad. Estacas de Trueba nos permite bajar hacia el valle del Pas y acceder en pocos kilómetros a la nacional y desde ahí regresar a Liérganes por la Vía Verde del Pas. Hagas la ruta que hagas, merecerá la pena. Subidas preciosas, combinables y para todos los gustos. Eso sí, es obligatorio parar a hacer fotografías cada poco tiempo: recarguen la batería del teléfono antes de salir.
Foto © JMatesanz
Artículos relacionados
0 comentarios